septiembre 2020 - IV Año

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Guinea Ecuatorial, del colonialismo español a la neo-colonización petrolera

Un congreso reúne en Madrid a especialistas africanos y europeos en descolonización, en el 50 aniversario de la independencia ecuatoguineana

Por Rafael Fraguas.- | Julio 2018

Petroleo-guineaUn Congreso Internacional versado hacia los estudios sobre la descolonización de África se ha desarrollado en Madrid desde el 2 al 13 de julio de 2018. Consta de un ambicioso programa con paneles integrados por científicos y expertos de disciplinas históricas, antropológicas, artísticas y políticas, con especial atención hacia la contribución cultural de la mujer africana. El certamen internacional ha sido convocado por el antropólogo Juan Aranzadi, director del Centro de Estudios Afro-Hispánicos de la Universidad Nacional de Enseñanza a Distancia, UNED, bajo el lema: ‘Revisitando las descolonizaciones africanas. 50 años de la independencia de Guinea Ecuatorial’.

Dos Facultades han acogido en sus sedes como conferenciantes a científicos de la talla del historiador afroamericano Ibrahim K. Sundiata; el activista annobonés, Tutu Alicante León; el diplomático Adolfo Obiang; artistas plásticos como Pocho Guimaraes; la hispanista gabonesa Verónique Solange Okome-Beka; la española Alicia Campos Serrano, autora de una tesis doctoral canónica sobre la ex colonia; el cineasta Pedro Mbá; el periodista y político Donato Ndongo Biyogo; los intelectuales Paz Moreno Feliú; Enrique Okenve; Gonzalo Álvarez-Chillida; Valerie de Wulf o Kerry Kaufman, entre numerosas otras personas expertas.

IdependenciasDel secreto oficial

Guinea Ecuatorial constituye uno de los hitos históricos más desconocidos del pasado colonial español antes, durante y después de su independencia de la metrópolis hispana, el 12 de octubre de 1968. Esta fue seguida de 11 años de régimen monopersonal autoritario del ex funcionario municipal colonial, Francisco Macías Nguema Basogo Ñegue Ndong, de etnia fang, mayoritaria en Guinea continental. Macías sería derrocado por el actual presidente del país ecuatorial africano, su sobrino Teodoro Obiang Nguema, acusado de vulneraciones persistentes, torturas, exilio opositor, victorias electorales aplastantes, de los Derechos Humanos; Obiang acaba de decretar una amnistía cuyo alcance real se desconoce.

A tal desconocimiento, fomentado por el euro-etnocentrismo que solía presidir las aproximaciones al estudio de los asuntos de África y también por la conflictividad interna fomentada por la impostura colonial, contribuyeron numerosos factores, señaladamente: la distancia geográfica entre el país centroafricano y la metrópolis; la indefinición de los límites del ámbito propiamente colonial; la gestión política desplegada desde ésta; el papel de órdenes religiosas enfrascadas en la colonización ideológica de los ecuatoguineanos… más numerosas variables internas, determinadas por la pluralidad y, en ocasiones, el antagonismo de las relaciones interétnicas y la evidente especificidad cultural guineana, tan diferente a la hispánica, pese a la vigencia del español como lengua común; todo ello se desarrollaba dentro de un contexto de inicial colonización, formalmente emprendida como exploración por España desde el siglo XVIII pero vigente desde mediada la centuria siguiente, y de un posterior proceso de descolonización africana, terciado ya el siglo XX; enmarcado todo ello, a su vez, en un ámbito de confrontaciones geopolíticas intra-europeas, unas, y geoestratégicas, otras, propias de la llamada Guerra Fría.

fraga-maciasEl ministro Fraga Iribarne y el presidente Macias firman la idependencia de Guinea EcuatorialDesde todas estas perspectivas es posible, y necesario, abordar el tratamiento informativo y político de la cuestión ecuatoguineana; pero, dada su amplitud, cabe ceñirse a un hecho que, desde España, metaforiza la complejidad y el desconocimiento hasta ahora descritos, para inducir desde ella sucesivos planos de análisis: se trata de la declaración de Guinea Ecuatorial como materia reservada y la aplicación del secreto oficial desde Madrid a todo lo concerniente a la colonia española formalmente durante un lustro, de 1971 a 1976, aunque en realidad se trata de una práctica previa, que abarcó incluso la Conferencia Constitucional pre-independiente de 1968 y prolongada -por sus desalentadores efectos- casi hasta nuestros días.

Aquella declaración ocultaba numerosos planos de los distintos intereses económicos, políticos y geopolíticos españoles y foráneos, en abierta contradicción con los de los moradores locales de la colonia. La necesidad de encubrir vergüenzas coloniales, como las prolongadas prácticas esclavistas en la contratación forzosa de mano de obra gratuita o semigratuita, fundamentada sobre la base del arraigo de la práctica las dotes matrimoniales según la cultura autóctona local, operaba en la memoria de la población autóctona. Tal vez era una de las motivaciones ‘morales’, que explicarían posteriormente el recurso al secreto oficial, al igual que rapiñas, contrabando, corruptelas, vejaciones a la población de color y humillaciones por parte de funcionarios coloniales allí destacados. Las llamadas colonias, tanto en el Rif como el África ecuatorial, asumían una especie de corrupción delegada desde la metrópolis, cuando las fuentes del latrocinio público peninsular se habían agotado, por cual se diferían allí las oportunidades para ejercerla. El trato a los ecuatoguineanos destilaba en determinadas estancias oficiales y en casi todas las estancias privadas un racismo clasista objeto incluso de investigaciones sanitarias oficiales bajo tales criterios, con miras a cualificar ‘la principal fuente de riqueza del país: su mano de obra’, según definían funcionarios de la Sanidad de la metrópolis, enviados in situ a indagar ‘medidas craneanas, vigor físico, estructura mental’ y otros ítems.

Otro inmediato nivel de encriptamiento para justificar la declaración de materia reservada aplicada a Guinea Ecuatorial ocultaba la persistencia de dos ópticas enfrentadas dentro del aparato de Estado franquista al respecto del país africano: la continuidad colonial, encarnada por un sector hegemónico del franquismo, cuyo protagonismo asumía el almirante Luis Carrero Blanco, expresión a su vez de la textura castrense y paternal-capitalista del régimen, vinculada a grandes explotaciones madereras, cacaoteras y cafeteras; y, por otro lado, la dinámica descolonizadora, de cuño civil, impuesta por el contexto internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, asumida por el Ministerio de Asuntos Exteriores, encabezado a la sazón por el ministro democristiano Fernando María Castiella.

Militares africanistas españolesMilitares africanistas españolesDel africanismo

Dentro del entramado militar hegemónico del franquismo, todo lo relacionado con África desempeñaba un papel extremadamente sensible, habida cuenta de que la intra-cultura militar española, desde la pérdida de las colonias americanas, se había generado, fogueado y expandido en las guerras coloniales norafricanas, como ha descrito con evidente soltura y rigor la historiadora María Rosa de Madariaga. El imaginario colectivo vigente entre los denominados militares africanistas, una generación que hegemonizaría la persistente irrupción militar en la política española desde el tercer cuarto del siglo XIX, sancionada además por la ley de Jurisdicciones de 1906, había sido troquelado en aquellas guerras; el africanismo, como ideología militarista, colonial y autoritaria, pasó a convertirse en uno de los principales filtros ideológicos e interpretativos de la Razón de Estado de España.

Con la plena independencia de Marruecos en 1956, Ceuta y Melilla se convirtieron en expresión concreta de aquel ideal colonial africanista a conservar a machamartillo. Es preciso recordar que Ceuta, originariamente portuguesa, se vincula a Castilla desde décadas antes de la incorporación de Navarra a los reinos de España en el primer tercio del siglo XVI. Tales ciudades señalaban la importancia geopolítica de la presencia hispana a ambos lados del Estrecho -avalada por la Alemania prebélica para impedir tal misma dualidad a Gran Bretaña-; ambas serían celosamente retenidas por España cuando, alentado por Estados Unidos y la URSS, arreciaba por motivaciones distintas el proceso descolonizador de las metrópolis europeas en plena Guerra Fría; y ello gracias a aventar desde Madrid factores históricos, demográficos y político-legales, como lo sería su definición oficial -‘enclaves de soberanía española en África’-, dentro de la dinámica de provincialización de las colonias promovida desde Madrid para impedir cualquier atisbo descolonizador sobre ambas ciudades, más el Sahara y la ‘provincia ecuatoguineana’ incluidas. Pero ni en Río de Oro ni en Guinea la fórmula resultaría a la postre viable.

La provincialización, como había sucedido a territorios franceses de ultramar caribeño y del Pacífico, solo dio resultados en el norte africano. De esta manera quedó truncada la posibilidad de que ambas ciudades, de población mayoritariamente española, pasaran a disponer de un estatuto de ciudades libres -al modo en que lo tuvo Trieste en la etapa de entreguerras- o de soberanía compartida y que, conservando las pautas demográficas y culturales del pasado español de ceutíes y melillenses, hubiera librado a la política exterior de España de un talón de Aquiles permanente frente a Marruecos, que coincidentemente con crisis políticas internas -en Marruecos o en España-, esgrimía y esgrime aún sobre Ceuta y Melilla intermitentes amenazas o amagos de anexión.

descolonizacionespañolaNi que decir tiene que estas relaciones se habían visto también signadas por las características, señaladamente onerosas, de la presencia militar y civil española en el Protectorado Norte de Marruecos, la zona del Rif, cesión francesa a España a partir de 1912, que duró hasta abril de 1956. Aquella etapa se vio precedida por una serie de sangrientas guerras coloniales que databan de la década de 1850-1860, cuyas matanzas de poblaciones autóctonas y las levas forzosas entre los jóvenes españoles de condición humilde para nutrir las filas del ejército ocupante causaron distintos levantamientos populares, aderezados por continuas denuncias parlamentarias de corrupción –como venta de armas a los rifeños, según ha escrito Madariaga- contra mandos castrenses allí destacados.

La persistencia de la ‘intocabilidad de Ceuta y Melilla’ por parte de Marruecos, obsesión inexpugnable del africanismo castrense, anulaba la reivindicación española de Gibraltar pues, de perpetuarse la españolidad oficial ceutí y melillense, aquella reivindicación resultaba políticamente baladí e inviable. Así pues, la marroquinización de los temas coloniales o poscoloniales hispano-africanos devino en un hecho ineludible. También en lo que concierne a Guinea Ecuatorial. Esa política de ‘contención’ respecto a Marruecos podría explicar gran parte de la indolencia política española respecto del Sahara, ocupado militarmente por Marruecos desde la ominosa Marcha Verde ejecutada durante la agonía del dictador ferrolano en otoño de 1975 y contraviniendo el Derecho Internacional, que demandaba un referéndum de autodeterminación al que Rabat desde entonces se opone tajantemente; a juicio de muchos analistas, aquello fue una calculada concesión al reino alauí para desactivar la reivindicación de Rabat sobre los enclaves de población española en África del Norte, con la vista puesta asimismo sobre las islas Canarias.

chisteEllo también permitiría fundamentar las ambigüedades mostradas por Adolfo Suárez, cuestionado internamente por amplios sectores del generalato cultivado en la tónica africanista, al consentir en la práctica y como mal menor la marroquinización del entorno presidencial de Guinea Ecuatorial, desde el arranque mismo del triunfo del golpe de Estado contra Francisco Macías, protagonizado por su sobrino Teodoro Obiang Nguema. Como dato valga el hecho de la composición, en clave marroquí, de la guardia personal presidencial desde los primeros días tras el golpe de agosto de 1978, así como la posterior penetración alauí, militar, política y económica en la excolonia como vicaria de algunos designios de Francia y de Gabón. París tampoco anduvo lejos, ni entonces ni ahora, de buscar su influencia sobre Malabo, la antigua Santa Isabel, capital insular del país ecuatoguineano, que cuenta con una importante zona continental históricamente denominada Río Muni, con capital en Bata.

Un primer factor crítico-táctico se inscribe aquí, ya que los temores civiles de Madrid a las amenazas sobre Ceuta y Melilla partían de una concepción integral de la política exterior española respecto del continente africano en su conjunto; pero aquel designio de Asuntos Exteriores se observaba y aplicaba, precisamente, cuando Marruecos se alejaba de la Organización de la Unidad Africana, OUA, y emprendía, durante décadas, políticas antagónicas respecto del conjunto continental; éste no necesariamente se hubiera malquistado con España por sus diferendos con Marruecos, Estado por el cual la organización africana se veía abiertamente confrontada.

GuineaMapa de Guinea EcuatorialAl fondo, Canarias

El problema de la supuesta africanidad de las islas Canarias jugaba asimismo un papel incluso de superior importancia geopolítica, con derivaciones geoestratégicas, que el de Ceuta y Melilla. Ahí aparecían los intereses geopolíticos de Argelia, mediante su necesidad de una salida al Atlántico, concausa, a su vez, del apoyo argelino a la reivindicación saharaui de independencia y autodeterminación, que llevó a Argel a apoyar a su vez al movimiento armado MPAIAC, reivindicador de la independencia y la africanidad de Canarias. El diferendo perpetuo entre Argel y Rabat por la hegemonía norafricana parece haber desdibujado la intensidad de aquella reivindicación. Como ha señalado el embajador José Antonio de Yturriaga, Francisco Macías apoyaba a la República Árabe Saharaui Democrática, otra posible concausa de su derrocamiento y del cambio del apoyo inicial al rechazo de la RASD por parte de Teodoro Obiang una vez en el poder.

Este era, a grandes rasgos, el contexto geopolítico español que determinaba la complejidad del trasunto ecuatoguineano sobre el cual, su entidad sociocultural como único enclave hispano en el corazón de África, pesó menos en la determinación de la razón estatal franquista que aquel africanismo tan enraizado en el mundo castrense que adobaba la ambición por mantener a España a ambos lados de las Columnas de Hércules. Este africanismo generó una concepción sentimental –y patrimonial- asentada en el pasado bélico subjetivo de sus exponentes castrenses, en detrimento de los verdaderos intereses objetivos del Estado español; todo lo cual ha impedido, desde entonces hasta hoy a España, convivir en la arena internacional en pie de igualdad y sin amenazas constantes con sus vecinos del Sur –y también recelos procedentes del Norte europeo, señaladamente de Francia – concernidos en la dinámica colonial y poscolonial.

Explotaciones petroleras en GuineaExplotaciones petroleras en Guinea EcuatorialEllo explicaría una parte sustancial de los factores geopolíticos que determinaron el secreto oficial impuesto desde Madrid a la información relativa a Guinea Ecuatorial. Otra parte, menos conocida de tal secrecía, concierne al dictado aplicado sobre la política exterior española por la superpotencia hegemónica en Europa durante la Guerra Fría, los Estados Unidos de América que, se quiera aceptar o no, ha cristalizado en un neocolonialismo de cuño energético; más precisamente, petrolero, aplicado por empresas de Washington en la excolonia española, cuyos yacimientos ofrecen un crudo de un octanaje mucho mejor que el codiciado libyan light y en unas condiciones de explotación y comercialización envidiables, en pleno Golfo de Biafra, como revelan las cifras macroeconómicas ecuatoguineanas, tan aparentemente distanciadas de la microeconómica cesta de la compra de l@s ecuatoguinean@s de a pie. Quedan dudas sobre qué sucedió para que prospecciones petroleras españolas de Hispanoil decretaran que el petróleo de Guinea ecuatorial era despreciable, cuando la riqueza de hidrocarburos ha convertido a la excolonia española en el sexto productor y en uno de los países de renta per capita –no así igualitariamente repartida- más elevados del continente.

Sobre la escena queda planteada la doble dicotomía según la cual, a la colonización europea de África siguió una descolonización en muchas ocasiones, fallida. Frente a quienes se plantean hoy una recolonización en clave ultraliberal, de imperialismo energético o de otro tipo, la respuesta progresista vendría dada por coadyuvar a una re-descolonización, en clave autóctona afro-africana, sobre la base de una crítica profunda a las élites descolonizadoras que no supieron –o no quisieron- sacudirse el yugo de los efectos del colonialismo sobre sus propias políticas e imitaron grotescamente muchas de aquellas infames prácticas. Hay mimbres para lograrlo, si la superpotencia hegemónica y las potencias adjuntas europeas, dejan de salpicar el continente induciendo guerras atroces que han devastado el Sahel con guerrillas locales teledirigidas, que encubren o pretenden justificar, aún hoy, la rapiña occidental por los minerales preciosos o los hidrocarburos estratégicos que África atesora. En esas guerras se encuentra el origen de las terribles, por inhumanas, migraciones bíblicas hacia el Sur de Europa.

 

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