septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

El contagio de la ultraderecha europea no debería darse en España

Por Carlos Carnero*.- / Diciembre 2018

andaluciaLa extrema derecha no ganará las elecciones europeas de 2019 ni tampoco obtendrá un resultado que le permita bloquear el funcionamiento de las instituciones comunitarias desde el Parlamento de Estrasburgo. Así lo afirman todos los estudios y sondeos disponibles.

Pero si crece sustancialmente respecto a su actual presencia en la Eurocámara, el peligro residirá en que sea capaz de influir en algunas de las grandes familias europeístas, condicionando su toma de posición en asuntos esenciales para el futuro de la UE.

Se trataría de una forma de contagio, del que la ultraderecha obtendría al menos dos réditos: romper la unidad de los grandes partidos en temas de calado y conseguir una suerte de salvoconducto para normalizar su presencia política europea.

De ahí que sea fundamental evitar que el Partido Popular Europeo, el más proclive al contagio, caiga en esa tentación a fin de parar la fuga de votos por su derecha. Evitar la contaminación es una tarea que corresponde a sus principales partidos nacionales.

Por eso es preciso que sus líderes se comprometan desde este mismo momento a no caer en las redes de la ultraderecha. Ante todo, porque los precedentes no son halagüeños: Víktor Orbán y su partido son a día de hoy miembros de pleno derecho del PPE y la votación en la Eurocámara sobre la activación del Artículo 7 del Tratado en defensa de los valores de la UE en Hungría acarreó una división interna de la que el PP español fue uno de los principales ejemplos.

De ahí también que sea muy relevante en términos europeos lo que ocurra en Andalucía (con una población superior a la de muchos Estados miembro de la UE) tras las elecciones autonómicas, que han otorgado a la ultraderecha española nada menos que 12 escaños.

Conviene leer el programa de VOX para no llamarse a engaño: es claro y meridiano en sus propuestas identitarias y nítido en su euroescepticismo.

¿Cómo entenderían los dirigentes democristianos europeos que el PP se apoyara en la ultraderecha española para gobernar en Andalucía? De la única manera posible: como un contagio que acreditaría como socios normales a quienes no deberían serlo.

Peor aún sería la recepción en casa de los liberales europeos (sobre los que no cabe duda de su intransigencia frente a la ultraderecha) si Ciudadanos, su partido en España, caminara en esa dirección, utilizando a VOX como muleta activa o pasiva para llegar al poder.

Es fácil imaginar el semblante de Merkel o Macron si el PP y Ciudadanos se abren a colaborar (o a ser apoyados) en Andalucía con una ultraderecha española que sitúa sus referencias en Le Pen y Orbán, entre otras cosas porque imaginarán que tal colaboración regional podría repetirse en el nivel nacional tras unas elecciones generales.

Sería incomprensible que en uno de los principales países de la UE, España, que siempre ha jugado un papel proactivo en los avances de la construcción europea, dos de sus principales partidos, PP y Ciudadanos, pudieran contar con quienes representan ideas que no van en la dirección de los valores europeos.

De hacerlo, su credibilidad a la hora de elegir eurodiputados quedaría lógicamente en entredicho, en primer lugar, para sus Partidos europeos y, sobre todo, entre los europeístas españoles.

Pues hoy más que nunca conviene subrayar que el 26 de mayo los electores tendrán que elegir con su papeleta de color azul entre Europa y autoritarismo. Y cada partido deberá decir con nitidez donde se sitúa.

camero cir

* Carlos Carnero es Director Gerente de la Fundación Alternativas y profesor en el Máster en UE de la Universidad CEU San Pablo. Ha sido Eurodiputado (1994-2009)

 

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