En su origen (1600) fue una de las pocas comedias puras de Shakespeare, aunque esto es relativo porque la obra tiene muchas lecturas. Llevada a la escena por grandes nombres, a partir de principios del XX aparece en el cine desde muy temprano, por las posibilidades fantásticas que ofrece. La versión sonora de Wiliam Dieterle y el prestigioso Max Reinhardt, hecha en Hollywood (1935) incide en un barroquismo escénico, con posteriores versiones, las penúltimas de 2006 y 2014 que repiten el acercamiento a un mundo casi mitológico donde humanos se codean con hadas, elfos y animales idealizados.
Este punto de partida está en la ópera estrenada en 1960 por Benjamin Britten para la reapertura de un auditorio en Aldeburgh, y compuesta en seis meses, donde comparte el libreto con su pareja sentimental, el tenor Peter Pears. Britten (1914-1976) no solo fue un brillante autor de óperas en un clasicismo renovado de gran intensidad sino un personaje cultural de primer nivel en el periodo de entreguerras, relacionado con grandes figuras de la cultura anglosajona. Considerado hoy una figura musical emblemática, y no solo en Reino Unido, en España se ha representado con cierta frecuencia, especialmente en el Teatro Real donde ya se estrenó ‘El sueño…’ en otra versión a poco de su reinauguración.
Pero sobre todo a través de las producciones dirigidas por la carismática, enérgica y poderosa Deborah Warner, que ya estuvo al frente de ‘Billy Bud’ (2017) y ‘Peter Grimes’ (2021). Historias de gran intensidad y rigor escénico resueltas teatralmente con fortaleza y decisión sin la oportunidad para el menor aspaviento o capricho personal. En ambas Warner contó con el imaginativo Kim Brandstrup como autor del movimiento escénico, que no de la coreografía como tal porque lo que también hay en este ‘Sueño…’ es un riquísimo tratamiento del desplazamiento del que participan todos los que suben a escena.
Britten y Pears trataron de conservar los máximos elementos posibles de la obra original, aunque eliminaron el principio que sucede en la Atenas clásica. También están suavizados los personajes: Teseo no es un tirano sino un veleidoso que aspira a casarse con Hipólita, la reina prisionera, en un juego del que participan cuatro amantes. Antes de derivar hacia el bosque donde transcurre en su integridad la obra de Britten.
Han sido diversas las estéticas con las que se ha abordado una ópera que ofrece tantas posibilidades. En esta coproducción del Teatro Real con el Ballet y la Ópera de Londres, y el Maggio Musicale Fiorentino se evita la imaginería tradicional, y no hay animales humanizados ni estéticas que recuerden a ‘Peter Pan’. Una decisión importante es la de la escenografía y el espacio escénico de Cristof Hetzer donde sobre un gran frente donde el negro predomina se evita buena parte del atrezzo tradicional; con la fenomenal aportación de una iluminación de primer nivel a cargo de Urs Schönebaum que gracias a una luz tibia proporciona composiciones escénicas que parecen verdaderos cuadros, bajo el concepto de elegancia formal que predomina en el montaje.
Pero quizás una de las novedades más rotundas de esta producción afecta al vestuario semi-contemporáneo donde hadas y elfos apenas llevan otro elemento distintivo que una breve faldilla iluminada, los atenienses no renuncian a un diseño elegante, e incluso aparecen de etiqueta como si acudieran a una fiesta de lujo en nuestros días. Y especialmente a los rústicos del original que no son los enanitos de Blancanieves, sino obreros de la construcción que parecen escapados de ‘Full Monty’.
A lo que hay que añadir la buena idea de desdoblar el personaje de ‘Puck’ interpretado por dos artistas miméticos: de voz, Daniel Abelson, y de danza vertical, Juan Leiba, que desciende desde el techo del escenario y ‘vuela’ literalmente con la ayuda de un arnés casi invisible; dentro del tono casi coreográfico que encierra la totalidad del montaje.
Ivor Bolton no es solo un imaginativo director musical de obras barrocas. Está perfecto al frente de la Orquesta Titular sacando todo el partido a una partitura llena de belleza, con unas orquestaciones de estilo muy clásico renovado de innegable presencia. El reparto vocal es de primer nivel dentro de un amplísimo conjunto, al que se incorpora el Coro infantil de la ORCAM dirigido por Ana González, además de un dilatado conjunto de actores niños y niñas, y bailarines y bailarinas jóvenes.
La producción que está llamada a ser un montaje referencial de ‘El sueño…’ combina con brillantez una paleta de elementos: magia, fábula, mitología, amor romántico, deseo, el mundo de lo oscuro con la fusión del reino animal con la identidad humana. Además hay un frío humor inglés basado en la gestualidad. Necesario entender el elevado coste y las dificultades de esta producción donde participan muchos menores de edad con necesidades escolares; pero no por ello hay que señalar la escasez de representaciones, solo seis hasta el día 22 de marzo, de este montaje que se convierte en uno de los mejores de la temporada.











