julio de 2026

PASABA POR AQUÍ / ¿La culpa es de todos? ¿Lo solucionamos?

Detalle de la tumba de Urraca López de Haro, cuarta abadesa de la Abadía de Cañas (La Rioja). Talla de Ruy Martínez de Bureba (1272)

Confieso mi falta de conocimientos en el asunto que voy a tratar. Sólo tengo algún dato leído por ahí, alguna experiencia personal y algo del poco sentido común que me queda tras haberlo gastado continuamente para combatir tanta mentira, noticia falsa y manipulación como circulan por ahí.

Hablo de algo que está tan tristemente de moda como son los incendios forestales.

Estamos a finales de julio de 2026, aún quedan muchos días de verano, y parece que vamos a romper todos los récords de superficie quemada.

Año tras año se siguen repitiendo las mismas historias. Miles de hectáreas arrasadas, daños materiales inmensos, animales muertos e incluso a veces, desgraciadamente, personas fallecidas por el fuego o el humo.

Año tras año se vuelven a escuchar las voces de expertos repitiendo aquello de que «los incendios se apagan en invierno», se suceden los estudios medioambientales, las propuestas de aplicar técnicas de renaturalización (los tontitos de turno dicen rewilding para que suene más importante) y toda una batería de medidas que deberían tomarse para evitar tanta catástrofe.

Pues bien, la repetición no sirve de nada, los incendios veraniegos aumentan. Te la lía parda cualquier colilla de cigarro, cualquier barbacoa más apagada, cualquier trozo de botella rota haciendo de lupa, cualquier cable eléctrico más cuidado, cualquier quema ilegal de rastrojos. Como si no tuviéramos bastante con los rayos y otras causas inevitables.

Junto a todo esto, lo peor, esos canallas que por envidias, enemistad vecinal, venganzas o simplemente locura saca el mechero y monta un cisco.

Tomando un café en el bar, alguien te dice que es que en la zona donde él veranea no limpian el monte en condiciones y cada año aparecen incendios. Y tiene razón.

En la cola de la pescadería se pregunta alguien qué hacen el gobierno, las comunidades autónomas y los ayuntamientos para evitar tanto desastre. Y alguien le contesta que las labores de prevención son costosas y como no salen en las noticias no proporcionan votos a los políticos así que se las ahorran. Y también tiene razón.

Ejemplo de primera mano: Tengo un amigo —y esto es rigurosamente cierto— que tiene una finca grande con mucho, bueno y variado arbolado cerca de Madrid y la cuida con un esmero ejemplar. Pues bien, como quiera que varios incendios amenazaron en su día la finca desde los campos cercanos, aprovechó que estaba de limpieza en lo suyo para eliminar  personalmente hierbajos del camino y los aledaños que circundaban su terreno y que nadie limpiaba. Acudieron los responsables forestales y en vez de darle las gracias por hacer un trabajo que ellos no hacían amenazaron con enormes multas por tocar terrenos públicos que no eran suyos.

Y podríamos poner ejemplos hasta aburrir.

Muchas noticias de los trabajos de extinción, los desalojados, los políticos hablando in situ durante los sucesos, pero casi ninguna de los trabajos que se hacen durante el invierno para prevenir. O no se previene o se hace poco y mal.

Hay un ejemplo en este país de que se podría hacer en el resto de España y no se hace: Soria.

Los bosques sorianos ocupan alrededor de 600.000 hectáreas. Allí no hay incendios o si los hay se controlan y eliminan de inmediato y apenas sin daños.

¿Por qué? Porque allí tienen una gestión forestal acertadísima con un conjunto de propietarios públicos y privados, un sector industrial maderero vigoroso, atento e implicado en la prevención, una vigilancia continua y eficaz, un correcto aprovechamiento de los recursos del bosque y una concienciación ciudadana notable. Todos se preocupan, todos limpian y acondicionan, todos vigilan.

Pregunto desde mi ignorancia: ¿Por qué allí se hace y en el resto de España no? ¿Dónde están las listas de los hijos de puta pirómanos —perdón, pero no tienen otro nombre— que han sido condenados y a qué condena?

¿Cuántos miles de hectáreas más deberán quemarse para que los responsables tomen medidas drásticas, bien asesoradas, contundentes y eficaces? ¿Dónde están los castigos a los responsables de prevención por no hacer bien su trabajo? ¿Dónde están las informaciones que continuamente deben hacerse a los largo del año, para concienciar de verdad y para informar de los trabajos permanentes que se realizan o debieran realizarse? ¿Dónde aquello tan antiguo de «Cuando un bosque se quema, algo tuyo se quema» o lo de «Todos contra el fuego»? ¿Dónde aquel conejo Fidel que en los años 60 ya hacía campaña contra los incendios?

La desidia oficial, de todos un poco, en las tareas de prevención; la despreocupación general y sin conciencia de millones de ciudadanos, sumada a las dificultades geográficas y climatológicas, están logrando desde hace muchos años el avance de un desierto estupendo que cada vez es más difícil de parar.

O hacemos, no algo, mucho y rápido y sin descanso o nuestros descendientes no verán árboles más que en las películas antiguas.

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Archivo Entreletras

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