agosto de 2026

Ana Azorín: «El teatro siempre será mi casa»

Cómo nació tu pasión por el teatro, y cuándo.

Nació en mi adolescencia. Mis padres me inculcaron el amor por la cultura. Desde muy pequeña empecé a ir al teatro y me parecía algo mágico. Y, cuando era adolescente, leía muchísimo teatro. Mis dos obras favoritas (“Olvida los tambores” de Ana Diosdado, y “Anillos para una dama” de Antonio Gala) las leí tanto que terminé aprendiéndome escenas, y las representaba yo sola en mi habitación. Y un día pensé que esas frases quería decirlas en un escenario delante del público. Quería hacer lo que veía hacer a otros, y conseguir emocionar al público como muchos artistas me emocionaban a mí. Creo que, en mi caso, la vocación existía desde que nací, pero en ese momento es cuando supe con certeza que quería ser actriz.

Has interpretado personajes de Oscar Wilde, Jardiel Poncela, lecturas dramatizadas, como la última que vimos en la Livrería, sobre una obra de José Carlos Somoza, donde interpretabas a William Shakespeare, etc. ¿Con qué personajes te sientes más cómoda, con la comedia o la tragedia?

Mi género favorito, sin lugar a dudas, es la comedia. Es lo más difícil de hacer (controlar tiempos, ritmos, saber “colocar” bien los chistes, etc.) pero, para mí, también es lo más agradecido. Se crea un diálogo con el público que lo convierte en algo único. Y los personajes que he interpretado que recuerdo con más cariño son todos cómicos.

La relación con la compañía Ramón Paso es fundamental, cuéntanos cómo inició tu relación con Ramón y la compañía.

Nuestra andadura empezó en el año 2012. Un grupo de amigos, amantes del teatro, decidimos montar y producir una obra desde cero. La presentamos en la sala El Montacargas y nos dijeron que sí. Y el 12 del 12 de 2012 se estrenaba “Todo el mundo lo hace”. Íbamos sin expectativas, lo único que sabíamos era que queríamos hacer teatro. Y como la respuesta del público fue tan buena, Ramón y yo decidimos seguir adelante y formar nuestra propia compañía, PasoAzorín Teatro. Muy poco tiempo después se unió Inés, y, al año siguiente, Ángela. Y así llevamos casi catorce años y más de treinta montajes a nuestras espaldas.

Eres una actriz muy completa y expresiva, estás en un momento genial en tu trayectoria, ¿con quién te gustaría trabajar?

Con cualquier persona que tenga talento y sea profesional, disciplinado y amante de su trabajo. Las profesiones artísticas son muy propensas al “intrusismo”, desde mi punto de vista. Mucha gente cree que por estudiar en una escuela de Arte Dramático ya son actores, y también pasa con la escritura. Pero ser artista implica muchas cosas más. El talento es la base, obviamente, pero a eso hay que sumarle sacrificio, compromiso, una disciplina férrea y, a veces, anteponer tu carrera a otras cosas, porque no podrías vivir sin hacer arte. Así que trabajaría encantada con cualquier persona que cumpla esos requisitos.

¿Te gustaría hacer cine o solo teatro? Me imagino que eres una apasionada del cine, qué época te gusta más.

Me gustaría hacer teatro, cine y televisión. ¡Ojalá pueda hacerlo todo! Pero, para mí, el teatro siempre será mi casa. Yo no sería la actriz que soy hoy si no hubiese hecho tantísimo teatro y me hubiese expuesto tanto al “directo”.

Me gusta el cine, pero prefiero el teatro o buenas series de televisión, sobre todo, contemporáneas.

Cuéntanos cuáles son tus planes futuros y si vas a volver a escribir una obra de teatro. ¿Cómo ves la labor del autor en la construcción del personaje desde la actriz que lo interpreta?

Pues mis planes futuros, de momento, son… ¡lo que surja! Y sí, estoy escribiendo ya mi segunda obra de teatro. Con los mismos nervios y los mismos miedos con los que escribí la primera.

En cuanto a la pregunta sobre la labor del autor, cuando escribo una obra, el texto se va representando en mi cabeza como si fuese una función. Es lo que me pasó mientras escribía “Un hilo rojo” y lo que me está pasando con esta nueva obra. Pero lo que me enseñó que pusiéramos en pie “Un hilo rojo”, con la dirección de Ramón, es que escribir un personaje, una obra, no es construirlo totalmente. Es un esqueleto. Tú abres un poquito una puerta, una rendija, pero después el director y los actores terminan de abrirla del todo. Con la representación leída de “Un hilo rojo” me di cuenta de que mi visión del texto no tiene nada que ver con la visión que otros tienen de él, y que no puedo dejar que mi visión del personaje, como autora, limite mi trabajo como actriz en la encarnación del personaje.

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Archivo Entreletras

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