octubre de 2026

‘Lo que está detrás de la palabra o El principio de la Rosa’, de Cristina Arribas González

Lo que está detrás de la palabra o El principio de la Rosa
(Ensayo sobre la memoria, la repetición, la escucha y las esencias)
Cristina Arribas González
Hijos de marzo, Madrid, 2026
75 páginas

La poeta y artista plástica Cristina Arribas González (Madrid, 1986) llega a este “ensayo sobre la memoria, la repetición, la escucha y las esencias”, Lo que está detrás de la palabra o El principio de la Rosa, tras haber completado, entre 2024 y 2025, la suerte de trilogía poética que conformaron De todas Rosas, Amor no. Agua y fe y Me mueve el amor para quererte, y, acto seguido, el singularísimo díptico epistolar integrado por el par de entregas de Ab radice (De estigmas y El día que morimos las dos. Los brotes rojos), aparecido en 2025. Continuando esa senda de radical singularidad, Lo que está detrás de la palabra no sólo sería ese citado “ensayo sobre la memoria, la repetición, la escucha y las esencias”: también estaríamos ante una “obra expandida de escritura, pensamiento y memoria artística”. O ante un “archivo expandido de memoria artística”, según las denominaciones de la propia autora, quien, evidentemente, incide con acierto en el concepto de memoria al hallarse en directa relación con la tesis troncal de estas nuevas páginas: la idea de que la potencialidad comunicativa de la obra de arte –por decirlo de algún modo- se extiende mucho más allá del hecho concreto de su creación.

En cualquier caso, que nadie espere encontrar aquí un texto ensayístico al uso. Es un trabajo de Cristina Arribas lo que el lector tendrá entre sus manos y ante la vista de sus ojos, y si hay algo que caracteriza la producción de esta escritora y artista venturosamente inclasificable es la sorpresa. Así, este ensayo parece participar de la expresión en prosa sólo tangencialmente, pues la práctica totalidad de su itinerario, repartido en una introducción y quince tramos cortos, remite más bien a ese tipo de versificación, a caballo entre la iluminación y el vértigo, que los lectores de Cristina Arribas reconocerán sin demora. Ello imprime a lo escrito tanto el perfil del hecho poético como la sombra ineludible de la revelación lírica.

Otro rasgo curioso de Lo que está detrás de la palabra es su anuncio de ocho pálpitos de “temática viva” y la apuesta ulterior por la referida estructura en una introducción y quince breves secciones que retoman y ahondan en las líneas de fuerza del texto —¿apuesta, decantación, destino?—. Organismo colmado de existencia irrevocable, Lo que está detrás de la palabra atraviesa por distintos estadios evolutivos en su ágil andadura; estadios entre los que destacan el concepto de desposesión (“Es el momento en que la obra deja de pertenecerme para comenzar a existir fuera de mí. // La autoría aparece precisamente en esa tensión: aquello que he creado conserva mi huella, pero ya no obedece enteramente a mi voluntad”), el análisis de la figura del lector (“El lector no es destinatario. // Es acontecimiento. // No existe para recibir una explicación. // Existe para activar aquello que la obra todavía no ha terminado de decir”), la pertinencia de lo interdisciplinar (“La interdisciplinariedad radical no es mezcla: // es colapso de fronteras”) y la conciencia del “archivo expandido vivo” (“No se presenta como un sistema cerrado de respuestas, sino como un cauce sensible por el que circulan la memoria, el lenguaje y la experiencia humana”), además de la valoración de las consecuencias del acto creador (“La memoria artística // no conserva: // transforma”). Igualmente cabe hacer hincapié en la sección titulada “Diálogo interior”: ingenioso paréntesis durante el cual la autora dialoga consigo misma a propósito de los puntos más sensibles del ensayo, sin rehuir las preguntas que, virtualmente, llevan a su límite al conjunto del aparato argumentativo.

Coronación de toda una etapa de fecunda, imparable y se diría que trepidante creación literaria, Lo que está detrás de la palabra o El principio de la Rosa representa un generoso esfuerzo de reflexión estética acerca de lo primigenio, lo potencial y lo definitivamente inefable —¿o no?—. Por eso la “rosa muerta” —que “no desaparece” porque “se transforma en la imposibilidad de recordarla sin deformarla”— conduce a una sutil reinterpretación de las expectativas (“Quizá necesitamos aquello que todavía no sabemos pedir // (…) Quizá pedir sea intentar descubrir qué nos falta para poder recibirlo”), y, en fin, a esa “distancia entre lo que decimos, // lo que queremos decir // y aquello que todavía no sabemos decir, // donde empieza a aparecer // lo que está detrás de la palabra”.

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