octubre de 2026

 “Antidisturbios”, así no

Tengo un amigo poeta (Juan Torres), con quien he escrito el libro “Balas de fogueo”, unas memorias de cincuenta años en la policía, que me tiene dicho que en una biblioteca hay que colocar los libros de cualquier forma excepto los de novela negra, que tienen que estar en sitio preferente, ya que son los realmente importantes. La última que me recomendó, además de las de Leonardo Sciascia (su preferido) fue Entre la promesa del verano y el frio del invierno, de Person, una historia de policías que intentan hacer lo correcto en un mundo de corrupción, incompetencia, avaricias y violencias en un planeta en el que el declive del Estado del bienestar es el hilo argumental más sólido. Isaac Montero, al igual que nuestro libro, hace una indagación sobre la Transición, con un buen retrato de la policía de la época donde aparecen los acólitos del régimen franquista con las caretas de demócratas. ¡Que buena novela! Pájaro en una tormenta, y cuantas veces he tenido que sortear los nubarrones.

Escojo las novelas del tándem Wahlöö-Sjówal, que crean al inspector Martín Breck, un poli que prefiere el sentido común a la violencia. Roseanna me encantó. No es bueno seguir siendo pedante, pero lo que quiero manifestar es que con la cantidad de novela negra que ahora se publica, y la infinidad de materiales que ofrece la inseguridad ciudadana y la delincuencia, no he visto a ningún sindicato policial hacer la más mínima crítica, ni el más mínimo comentario, a situaciones, que a todos los ciudadanos demócratas pueden interesarles. Desmentir, por ejemplo, el mantra delincuencia-migración. por ejemplo.

Tuvo que aparecer Antidisturbios, una serie de Rodrigo Sorogoyen, en tiempos del ‘Gobierno ilegítimo’, para que el sindicato mayoritario JUPOL (sindicato policial apoyado por Vox) se convirtiera en la primera en criticar (mejor, poner a parir) un producto audiovisual. En aquella ocasión yo le decía al ministro Marlaska que tenía un problema: no sólo que sea JUPOL el más grande, sino que el que se definía como progresista (SUP) ha devenido en la plaza de Colón. Han salido negacionistas al estilo Trump, gritando ‘¡libertad!’ con la misma intensidad que los diputados contrarios a la Ley de Educación en el Congreso, y utilizando el YouTube con un gran desparpajo. Le pedía, y así queda reflejado en mi libro “Escritos de combate”, que había que dar una vuelta a las enseñanzas en la Escuela de Policía. Aprobar “por el morro” al chofer de Bárcenas nos puede dar una idea de los desaguisados que se han producido en tiempos de La Kitchen, con Universidad Juan Carlos incluida. En lugar de expedientarlos, que también, les pondría como castigo investigar en el Paraíso Perdido, de Milton, de qué bando estaban los ángeles custodios (los patrones de la Policía).

Trabajé como jefe del Gabinete de Seguridad Ciudadana en la Delegación del Gobierno de Madrid, cuando era delegada Ana Tutor, y en aquellos años se produjo una movilización estudiantil, que durante una semana paralizó la enseñanza media en toda España en protesta contra la selectividad universitaria y las tasas académicas.  Con los pocos medios que había en la época, yo me desplazaba a la sala de control del Ayuntamiento de Madrid y aprovechando las imágenes que se producían para el control de tráfico, estaba en comunicación directa con Ana, dándole explicaciones de cómo se desarrollaba la manifestación. A pesar de mi comunicación en tiempo real, que ella transmitía de forma inmediata al jefe Superior de Policía, yo podía constatar que sus órdenes no se cumplían en absoluto, tanto es así, que la manifestación terminó  en batalla campal entre policías y varios centenares de estudiantes, en pleno centro de la capital (confluencia de la Gran Vía y la calle de Alcalá).

María Luisa Prada, de 14 años, estudiante de 2º de BUP, fue alcanzada en el glúteo por un disparo policial. Reunión de urgencia en la sede de la Delegación con Juan Barranco, alcalde Madrid, y Joaquín Leguina de la Comunidad, Ana Tutor y yo mismo. Nadie se explicaba como era posible que ante una orden de la Delegada la policía “fuera por libre”.

Había errores fundamentales:  Agentes motorizados y a caballo y un vehículo lanzador de agua intervenían  de forma contundente contra los manifestantes, empleando en más de una ocasión sus armas de fuego. En resumen, un desastre de planificación policial.

Pasados los años, esto que cuento fue en el año 1986, con la policía uniformada de color “caqui”, luego vinieron los colores “azul” y un intento importante de dotar a las unidades de intervención una mayor autonomía y hacerlas depender de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana. Se hicieron muchos esfuerzos pedagógicos para imbuir de una manera clara en todos sus componentes el artículo 104 de la Constitución esto es: “estáis para defender las libertades”. Y la cosa funcionó relativamente, los denominados “antidisturbios” fueron ganando en profesionalidad.

Pero llegó el denominado “procés” y todo se contaminó. “A POR ELLOS” era el grito de grupos minoritarios (que ahora identificamos con VOX), envueltos con la bandera española, al salir de los centros policiales las unidades de intervención cuando sus miembros eran destacados a Cataluña el día 1 de octubre, de fatal recuerdo para todos.

He visto, con mucho dolor, las imágenes de los policías dando golpazos “sin ton ni son” a manifestantes en la Universidad Complutense de Madrid. Fui jefe de la Comisaria de Universidad, cuyo perímetro de acción incluye la Universidad, y en aquellos años era un Templo al que policialmente había que acceder con el permiso del Rector. Yo conversé mucho con Villapalos como consecuencia de un núcleo de venta de canutos en los aledaños de la facultad de Ciencias de la Información. Nos pidió la intervención, tuvimos mucho tacto, tuve que hacer una entrevista en un periódico universitario explicando que la policía iba a ayudar a resolver un problema que el rector nos demandaba solucionarlo. No me explico quien mandó allí a la policía el otro día. Cuando un policía se sale del grupo de contención y va por libre con la porra en alto es que no se están protegiendo las libertades que demandan nuestra Constitución.

Me parece mentira, que después de cincuenta años de profesión, creador del sindicato USP en los años 70 para luchar por la democracia en la policía, solo vea al Sindicato Reformista de Policías, que defienda la buena imagen que la policía debe proyectar en la sociedad. Hay que apartar a la derecha y a la extrema derecha que se va enquistando cada vez más en esas unidades policiales, y pedir responsabilidad a sus jefes responsables, y acometer el cambio de la Ley de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad.

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