agosto de 2026

Escatología metafísica (o metafísica escatológica)

Viñeta de Eugenio Rivera

No puede ser que estemos aquí para no poder ser…
Julio Cortázar.

Pero… ¿Y si realmente fuésemos los primeros? Es una posibilidad que no se puede descartar del todo, pese a la paradoja de Fermi, pese a los miles de millones de años de edad del Universo, y pese a toda evidencia matemática y astrofísica que se quiera. Alguien tiene que haber sido el primero, obligatoriamente. Pues si tuviésemos —lo cual me parece imposible— algún indicio de ser los primeros, la primera especie capaz de controlar su entorno y trascender su planeta nativo, qué responsabilidad no pequeña sentiríamos frente al futuro. Habría que dar ejemplo, desde ahora hasta la eternidad. O al contrario: si nadie se va a enterar, ni ahora ni nunca, por qué no fastidiarla por completo, por qué no arruinarlo todo y extinguirse vergonzosamente, procurando no dejar ni rastro (o dejando rastro tan sólo para servir de ejemplo negativo, una manera muerta y feroz de disuadir del intento a los siguientes…).

Supongamos que el materialismo más rastrero tiene razón. La existencia es fruto del azar, es un fenómeno prácticamente indistinguible de la Nada, una pompa de jabón que tampoco estalla porque ni siquiera para eso alberga entidad suficiente. Los hombres, que hemos llegado a ser semiconscientes de ello a base de desechar otras hipótesis menos probables, seguiríamos, creo yo, igualmente interesados en nosotros mismos, como poco. Habríamos, incluso, inventado para nuestro propio uso el interés deliberado, una auténtica novedad cósmica en ese momento del viejo universo. Los demás seres desarrollan y consuman sus procesos vitales ciegamente, mientras que nosotros, que sabemos que podríamos interrumpirlos voluntariamente sin por ello haber profanado nada (o haber profanado la Nada…), no obstante continuamos, tozudos…

Por eso me parece que si fuésemos los primeros habitantes inteligentes del cosmos, y además supiésemos de la contingencia radical de todo, incluso del mismo Todo en conjunto, podríamos optar por vivir esa experiencia como una fantástica y descomunal oportunidad. Justamente porque nada nos obliga, nada tampoco nos lo impide. Seamos como dioses, como ofreció la serpiente bíblica a Eva. Hagamos de la existencia una obra de arte, tal y como pedían los románticos. No “Arte” en el sentido de cosa inútil, improductiva o meramente decorativa; “arte” en el sentido de construir espejismos duraderos porque sí, que es lo mismo que decir “¿y por qué no?”.

De manera que pienso que se equivocan los que entienden que la más desmitificadora y chafailusiones o matamitos de las cosmovisiones aboca necesariamente al nihilismo. Al contrario: el nihilismo materialista más romo y grosero aboca necesariamente a un aferramiento de la vida tal como nos la hemos encontrado. ¡Más todavía! Aboca a la necesidad de exaltarla, de engrandecerla con mayor motivo si cabe que en ninguna ideología anterior, precisamente porque no hay necesidad ninguna de esto o de lo otro, porque la alternativa está ya dada y es conocida, porque el Ser es un fresco que se pinta en el muro intangible de la Nada…

¿No sería verdadera mala sombra utilizar únicamente para esa pintura el color negro?

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Archivo Entreletras

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