julio de 2024 - VIII Año

‘El agua en la mano’, de Félix Recio.

El agua en la mano
Félix Recio
Ediciones Vitruvio, 2024
55 páginas

El agua en la mano es el primer libro de poemas de Félix Recio. Psicoanalista y sociólogo, este libro está irremediablemente atravesado tanto por el discurso psicoanalítico como por el discurso poético.

El agua en la mano nos muestra la gran virtud de una obra que el autor nos regala en su madurez personal, en su madurez como autor, y yo me atrevería a decir, que en una madurez y consolidación creativa que hace que este libro no parezca en ningún momento un primer libro de poemas. El autor, con gran inteligencia, ha sabido cuándo y cómo mostrarnos su saber poético.

Si como psicoanalista Félix sabe que el síntoma es metáfora, como poeta la metáfora se convierte en síntoma de aquello que es al autor y estructura su ser y su experiencia.

Estos versos guardan el enigma que nos muestra, pues la verdad es no toda, nos habla en una resonancia de sentidos, en un eco de percepciones y significaciones casi infinitas.

Algo en este poemario no cesa de escribirse sin estar, no cesa de decirse, sin decir explícitamente la profundidad de lo vivido. Bordeando el sentido de una manera minuciosa.

Unos versos que dejan la huella en el vacío que componen sus hojas, que continuamente evoca al lector y despierta sus propias reflexiones e interpretaciones. Con una exquisita y frágil presencia deja también en sus ausencias la capacidad para cuestionarse y preguntar. Félix tiene el don de estar presente y ausente a la vez en sus versos. Es poesía del silencio e invita al lector a investigar y a la reflexión.

Un libro de poemas breves y exquisitos versos, concisos, directos, minimalistas y a la vez prolijo en sentidos, minucioso en el cuidado, con un lenguaje depurado.

Condensación de percepciones y significaciones que nos ofrecen el esquema florido, sutil, de un bocado suntuoso que hay que saborear despacio dejando que fluyan los efluvios que esconden. Poco a poco, sereno, dejándonos llevar por las sensaciones que evoca, por los símbolos que lo representan y nos hablan. Un libro que no por todo esto deja de ser de fácil y reconfortante lectura. Que nos permite ser conscientes del nacimiento de su voz, de su sonido, de una melodía que se escapa entre los dedos de la mano como la propia agua y como la vida. La música que produce el poema nos acompaña durante todo el libro.

Antonio Gala escribió que la poesía es una manera de creación que estriba en la cristalización del líquido vertido, o en su evaporación. Félix sabe recoger tanto la luz como las sombras de una manera sumamente delicada.

El libro está dividido en dos partes: “Agua fugitiva” y “En desconocida orilla”.

La primera parte: “Agua fugitiva” está compuesta por veinte poemas cortos, algunos muy breves y de gran belleza. Empieza con nueve poemas que bien pudieran ser también uno a los que podríamos otorgarle una cierta continuidad si quisiéramos y que sin embargo a la vez se definen por sí mismos. Les siguen otros tres con títulos y otros ocho de nuevo sin titular.

Es agua ofrecida, inalcanzable, quimérica, como el mismo autor nos dice. Pero el agua es para la sed también canto y ceniza.

El agua no sólo está en la mano, surge en el caudal del poemario, sereno, determinando sin duda su estructura que también es noche, pozo, sombra, símbolo que atraviesa todo el libro. También es muerte.

El agua que fluye por todos lados no solo es caudal también es cauce de la certeza, nos dice el autor: “el agua sabe la dicha secreta y olvidada” de lo que está por descubrir y por decir. “Manantial de lo no dicho”, porque en esta conjunción, este libro y en esta clase de poesía es tan importante lo dicho como lo omitido.

El agua se me antoja antónimo de la sombra, es la clarividencia, la luz, el fuego. Es también espera y esperanza que bordea las voces perdidas, las sombras son “La voz” y la “Carne de los días”.

La voz del autor es profunda en la urdimbre de sus versos, disuelto en la hermosura la sonoridad y el ritmo. Grita y pregunta donde siempre hay espacio para el descubrimiento. Donde puede esconderse la sombra que lo atraviesa.

Los tres poemas con títulos de esta primera parte son: “Zurbaranes de año nuevo”,  “Viaje celeste a Pienza” y “Amanecer en Medinaceli”, donde cobra vida la piedra y la luz, pero también el trigo y la cosecha. Estos poemas nos muestran experiencias del autor de manera más directa.

Termina esta primera parte con otra serie de poemas sin título, donde el sentido se pregunta por la vida o la vida por su sentido.

“Esperar el vuelo del pájaro”, “El abrazo detenido”. La esperanza, la creencia casi de “escuchar la luz” el “canto del pájaro”, “de los árboles erguidos a pesar del hacha”.

Vida, agua, luz a pesar de las sombras y las cenizas que se deslizan por algunos versos y me atrevería a decir que de algún modo atraviesan al autor: “donde mi padre muerto me abraza y llora”

La segunda parte del libro está formado por quince poemas, doce sin títulos y tres con título con referencias mitológicas a Antígona y a Edipo y un último poema que nos lleva a Formentera.

Esta segunda parte la nombra “En desconocida orilla” donde la palabra es “calcinada”, “agujereada,” es “llama líquida”, es sombra. “La palabra es pozo/ rumor de voz”.

Sombra y ceniza son símbolos recurrentes a los que el autor vuelve a lo largo del poemario para mostrar la palabra desconocida, quizás oculta o traumática porque como nos dice: “Lo no dicho palpita”: palpita como una herida abierta. Palpita porque empuja por salir y hacerse palabra porque el libro continuamente rodea aquello que no se puede decir y que sin embargo existe, está sin estar y palpita silencioso y con fortaleza. Luz y oscuridad, noche y día, vida y muerte, agua que se escapa, agua en la mano.

Se pregunta Félix por lo escrito, por el sin saber de ese saber que no deja de escribirse en el verso que sigue siendo fluido y rítmico, desde donde nos escribe: “Las palabras crepitan, son eco y sueño”. Son luz en contraposición a la tristeza y la ceniza.

El libro termina con tres poemas titulados: “El brillo de Antígona”, “Edipo en su sombra” y “Volverás a Formentera”.

Edipo en su sombra esconde versos que van mucho más allá de lo tácito, que trasciende al sentido aparente en ese otro sentido que permanentemente nos abre el autor en sus poemas: “no tiene ojos para contemplar el mar, y sabe que su destino es la noche, que la verdad arde y que sólo será sombra entre las sombras”, sombras que terminan “enamoradas de la luz”.

En el último poema, “Volverás a Formentera”: volverás “a la palabra imposible/ a la palabra que arde sin ser pronunciada, palabra ceniza / que muere sin ser palabra” “Volverás a Formentera a la grieta de la luz”.

Sombra y luz… ceniza que confluye en el agua y se filtra poco a poco, con gran sutileza y belleza por los dedos de la mano que no puede abarcarla ni sostenerla que trasciende al sentido aparente para hacernos ver a través de sus versos. Como dijo Marguerite Duras: “Para abordar la escritura hay que ser más fuerte que uno mismo, hay que ser más fuerte que lo que se escribe”.

Félix Recio crea una resonancia de sentidos donde sin duda el lector disfrutará de lo escrito y de lo sugerido de igual manera. Un libro para saborear artística e intelectualmente. El agua en la mano que no dejaremos escapar.

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