septiembre de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / Radio Clásica celebra 60 años con el libro ‘Músicas para vivir mejor’

¡Mis queridos palomiteros!

Radio Clásica ha celebrado sus sesenta años con una propuesta que resume bien su vocación divulgadora. Músicas para vivir mejor, publicado por Medio Tono junto a Radio Clásica, RNE y RTVE, encarga a veintidós profesionales de la emisora la elección de obras e interpretaciones para situaciones muy concretas de la vida.

El planteamiento resulta sencillo y, precisamente por eso, atractivo. El libro no repasa la historia de la cadena ni acumula recuerdos sobre seis décadas de emisiones. Parte de la experiencia de sus profesionales para recomendar música, explicar cada propuesta y acercar al lector títulos, compositores e intérpretes que quizá no conoce.

Radio Nacional de España puso en marcha el Segundo Programa el 22 de noviembre de 1965, festividad de Santa Cecilia. En 1981 pasó a denominarse Radio 2 y en 1994 adoptó el nombre actual. Durante estas décadas, Radio Clásica amplió además su programación al jazz, el folclore o el flamenco y recibió reconocimientos como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la Antena de Oro y el Premio Ondas.

El volumen dedica sus veintidós capítulos a nacer, la infancia, despertarse feliz, rezar, ponerse en forma, trabajar, tomar decisiones, leer, aprender idiomas, caminar, combatir el estrés, coser, viajar en tren, calmar discusiones familiares, desmelenarse, compartir una cena romántica, bailar, superar una ruptura sentimental, reír, mirar al mar, meditar y afrontar el duelo.

Gustavo Dudamel y Espido Freire firman los prólogos, mientras Roberto Santamaría, director de RNE, se ocupa del epílogo. Dudamel habla de la capacidad de la música para relacionar a las personas. Freire defiende una aproximación alejada del algoritmo, de la rapidez y de la recompensa inmediata. Santamaría devuelve la mirada a Radio Clásica y recuerda la facilidad con la que su programación puede llevar de Bach a Mahler, Falla o Monteverdi.

El título tampoco promete recetas. Una composición que acompaña a una persona durante años puede pasar inadvertida para otra. Los autores justifican sus preferencias y ofrecen argumentos. A partir de ahí, cada lector decidirá qué piezas incorpora a sus propios gustos.

Medio Tono continúa con este trabajo una línea de divulgación musical iniciada en 2024. En su catálogo figuran Entre acordes e ideologías: música, naciones y totalitarismos, de José Luis Conde, y Cantar el infinito: música y palabra en torno al imaginario romántico, de Irene de Juan Bernabéu. La editorial busca relaciones entre la música, la historia, la literatura y otros ámbitos culturales en lugar de limitarse a fechas, autores y obras.

Portada del libro ‘Músicas para vivir mejor’, editado por Medio Tono, con motivo del 60 aniversario de Radio Clásica

Músicas para vivir mejor añade una herramienta especialmente práctica. Al final de cada capítulo, un código QR conduce a las piezas seleccionadas en RNE Audio. Los autores indican además interpretaciones concretas, un detalle nada menor cuando una misma sinfonía, un réquiem o una sonata cuentan con decenas de grabaciones.

Para quien empieza, esa elección ofrece una referencia inmediata. El melómano puede comparar versiones y discutir el criterio del autor. Una misma obra suena de manera muy distinta según la orquesta, el solista o el director.

Clara Corrales ofrece un ejemplo muy claro en el capítulo dedicado a la costura. Parte de Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, y pasa por Wagner, las Siete canciones populares españolas de Falla, Shostakóvich, La rueca de Onfalia de Saint-Saëns, John Adams y Carolina Noguera antes de cerrar con Margarita en la rueca de Schubert.

Entre esas obras aparece el Cuarteto de cuerda núm. 2 «Palenquero», de la colombiana Carolina Noguera, interpretado por el Cuarteto Diotima. Me parece especialmente acertada la presencia de Noguera en una selección que arranca con una zarzuela de Moreno Torroba. El lector puede entrar en el capítulo atraído por una zarzuela y encontrarse pocas páginas después ante una compositora contemporánea que desconocía.

Ana Reina introduce otro registro en el capítulo dedicado a la infancia. Junto a Purcell, Chaikovski, Prokófiev, Montsalvatge o Stravinski aparece Goran Bregović con Cajesukarije-Čoček, perteneciente a la banda sonora de Underground, de Emir Kusturica.

Elena Horta apuesta por el humor. Victoria de los Ángeles y Elisabeth Schwarzkopf, con Gerald Moore al piano, interpretan el Duetto buffo di due gatti, atribuido durante años a Rossini. Dos grandes figuras del canto ponen toda su técnica al servicio de una pieza cómica.

Después aparecen Haydn, Mozart, Satie, Bartók, Shostakóvich, Offenbach y La máquina de escribir, de Leroy Anderson. Horta acierta al recordar que el humor también tiene su lugar en el gran repertorio musical.

Martín Llade escoge los idiomas como hilo conductor. Fauré, Grieg, Szymanowski, Hahn, Grainger, Johann Strauss II, Ovalle o Rimski-Kórsakov le sirven para acercar al lector a distintas lenguas a través de sus composiciones. El siguiente paso puede llevar al poema, al compositor o a la cultura de la que procede cada obra.

El cine merece una atención especial. Carlos Hernández Sánchez incluye en su capítulo sobre las decisiones El cigarral, de Alberto Iglesias para La piel que habito, de Pedro Almodóvar, y Escape!, de Philip Glass para Las horas, de Stephen Daldry. Son dos ejemplos directos de música escrita para la pantalla dentro de una selección que también incluye a Mompou, Honegger, John Adams, Barber, Verdi o Piazzolla.

Nacho Arbalejo incorpora The Ewok Battle, de John Williams para El retorno del Jedi, de Richard Marquand. La presencia de Williams resulta especialmente significativa porque sus partituras para Star Wars, Indiana Jones, E.T. o Jurassic Park acercaron la música sinfónica a varias generaciones de espectadores.

La relación entre música clásica y cine va mucho más allá de las bandas sonoras originales. Schubert quedó ligado para muchos espectadores a Barry Lyndon, de Stanley Kubrick; el Adagietto de la Quinta sinfonía de Mahler resulta inseparable de Muerte en Venecia, de Luchino Visconti; Marvin Hamlisch recuperó The Entertainer, de Scott Joplin, para El golpe, de George Roy Hill, y obtuvo el Óscar por su adaptación musical; Francis Ford Coppola utilizó la Cabalgata de las valquirias, de Wagner, en la célebre secuencia del ataque de los helicópteros de Apocalypse Now; y David Lean recurrió al Segundo concierto para piano de Rajmáninov a lo largo de Breve encuentro, especialmente en la despedida de los protagonistas en la estación de tren.

A esa relación se añade Mozart, cuyo Adagio del Concierto para clarinete abre Memorias de África, de Sydney Pollack. En Cadena perpetua, de Frank Darabont, un preso pone el dúo Sull’aria, de Las bodas de Fígaro, por los altavoces de la cárcel, y los reclusos interrumpen sus tareas para escucharlo. Por su parte, Stanley Kubrick utiliza el Vals n.º 2, de Shostakóvich, en los títulos iniciales de Eyes Wide Shut, mientras el matrimonio protagonista se prepara para salir, y recupera la pieza en los créditos finales.

One Hand, One Heart, el célebre dúo amoroso de West Side Story, figura entre las propuestas de Vigor Kuric para su capítulo sobre una cena romántica. En esta composición de Leonard Bernstein, con letra de Stephen Sondheim, Tony y María simulan una ceremonia de boda y se prometen amor eterno. El autor recomienda la grabación de 1984, con Kiri Te Kanawa y José Carreras bajo la dirección del propio Bernstein, publicada al año siguiente. Se trata de una interpretación del musical original, no de la banda sonora de cine.

Eva Sandoval, directora de Radio Clásica, en una imagen de archivo. RTVE

Eva Sandoval firma el último capítulo del ejemplar. Pianista y musicóloga, trabaja en Radio Clásica desde 2008 y dirige la emisora. Su trayectoria incluye programas como Té para tres, Café Zimmermann, Grandes Ciclos o Música viva, además de su presencia habitual en Los conciertos de La 2.

En el capítulo dedicado al duelo, Sandoval selecciona diez piezas. Bach abre la selección, seguido por Beethoven, Victoria, Purcell, Mozart, Brahms, Verdi, Bernat Vivancos y Rebecca Dale. La presencia de estos dos últimos compositores permite recordar otras propuestas actuales, como la ópera Hildegart, de Juan Durán, con libreto de Javier Mateo Hidalgo. El In paradisum del Réquiem de Fauré pone el punto final.

La elección de esta última obra permite cerrar el recorrido con una de las páginas más hermosas de la música religiosa. La plegaria pide a los ángeles que conduzcan al difunto al paraíso y ofrece a quienes han perdido a un ser querido una despedida marcada por la esperanza cristiana en la vida eterna.

Músicas para vivir mejor celebra los sesenta años de Radio Clásica con una invitación a seguir descubriendo la programación de la emisora. Si después de cerrar sus páginas el lector busca otra obra de Carolina Noguera, compara dos interpretaciones de Fauré o quiere conocer mejor a Alberto Iglesias, el libro habrá alcanzado su propósito. Y merece la pena recomendarlo porque sus autores no se quedan en los nombres habituales, justifican sus elecciones y permiten acceder a las grabaciones que comentan. Cada capítulo ofrece motivos para adentrarse en una pieza o volver a otra con nuevas claves. En definitiva, un libro magnífico que invita a leer con los oídos bien abiertos.

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