agosto de 2025

‘Otra vez la poesía’, de José Luis López Bretones

Otra vez la poesía
José Luis López Bretones
Sonámbulos Ediciones, 2024
86 págs.

Después de Ayer & Mañana (accésit del Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 2004), José Luis López Bretones se ha consagrado a la edición de valiosos volúmenes, destacando su monumental edición de la poesía completa de Antonio Carvajal, reunida en dos tomos bajo el título Extravagante Jerarquía (Fundación Jorge Guillén, 2018). Un meticuloso trabajo que subraya su compromiso con la difusión de la mejor poesía.

Otra vez la poesía se abre con una cita significativa de Luis Cernuda: «Era otra vez la vida». El conjunto se articula en cinco secciones o capítulos diferenciados: «Otra vez», «El telar», «Cuando llegó la tarde», «Las moradas» y «El indiferente». En total, cuarenta y cinco poemas que se extienden en un espacio textual similar, mostrando una cohesión estructural notable.

La primera sección despliega un marcado carácter metapoético, donde se conjuga la inexorable acción del tiempo y se evalúa el saldo de lo vivido. La conclusión del primer poema resulta esencial para desentrañar el título, pese a la resistencia que implica: «Allá donde la vida nos reclama / un mínimo espacio para el remordimiento / vuelve a plantar de nuevo / sus desastrosas tiendas la poesía». La constatación de que el lenguaje a menudo se revela inefable, incapaz de aprehender la emoción en su totalidad, evoca la memoria y nos remite a «Nocturno en Tamariu»: «El solitario mar de música inaudita, / al final del lenguaje, y al comienzo / de lo que no consigue ser nombrado». Sin embargo, en la sutil disposición de las palabras se vislumbra una poética que emerge de un distanciamiento entre quien asume la historia en el interior del poema y el propio autor, como se manifiesta en «Falls the Shadow»: «Alguien que no soy yo escribe estas palabras / frente a un cristal que me refleja».

La memoria establece un puente entre el presente y el futuro, como se observa en «El telar»: «De la recuperada luz de antaño / emergen unas sombras anteriores: / los restos malvividos o pendientes / de una antigua plenitud». Empero, el sujeto lírico se muestra desconfiado, pues la memoria se presenta como un terreno incierto. El paso del tiempo cumple su implacable cometido, haciéndonos vislumbrar «aquello que se pierde, aquello que a la postre / va muriendo también», tal como se expresa en «Confesiones». Pero, en otra composición, se lee: «No nos deteriora el tiempo, / sino el contacto con los otros». De este modo, nuestra existencia se ve moldeada por la interacción con otras vidas, tomando forma a través del contacto con lo ajeno. Lo escrito, entonces, confiere una nueva vida a lo experimentado. Para concluir, como se explicita al final de «De todo cuanto cae al corazón»: «¿Quién llevará la cuenta? / No sabemos / de qué semilla brotará después / algún provecho inesperado».

El desengaño adquiere un matiz romano y barroco, con un tono más sombrío que en las secciones previas, especialmente en la sección central: «Tuve un sueño y fue verdad un día. / […] Y ahora, al despertar, ando perdido / buscando recobrar aquel sueño que tuve / y sólo hallo ceniza, temor, aire vacío». Los signos de irrealidad se imponen cuando la realidad se desvía de su curso lógico, como se declara en «Mecánica del sueño»: «Hay más verdad en los sueños / que en cualquier otro tramo de la vida». El mundo se torna inhóspito ante la decepción amorosa, y, mediante una analogía marina, se despide de las experiencias sentimentales: «nos despedimos en silencio, contemplando / cómo un barco cargado y sigiloso / vira y deja atrás el espigón y el faro». Aquí, la poesía alcanza cotas de extraordinario lirismo. La cadencia del ritmo se fusiona con los recursos de repetición en «Las gotas»: «Y que tu mano acepta las gotas de una lluvia / que parecen venir de más allá del cielo, / que parecen venir del mar o de tus ojos, / del agua más profunda de la tarde».

«Las moradas» es la única sección que se subdivide en dos partes, «La casa» y «Ciudad del sol». Ambas actúan como referentes del eje entre lo vivido y la experiencia distanciada. Por ejemplo, en «Nuestra casa» se lee: «La casa consistía en nuestra alma, / sus tapias soportaban idéntica intemperie». En «Alguien espera» se afirma: «Es una habitación vacía y blanca». Y en «No quise»: «Hace frío en la casa donde vivo, / tiene paredes belgas y el techo / no es de material seguro». La segunda parte, lejos de proponer una salida, exacerba la situación. El sujeto se convierte en un paseante en una ciudad desolada, expuesto a la intemperie en «Vuelve otra vez la lluvia»: «la que golpea con gotas gruesas y no sacia, / el ruido de una lluvia de septiembre / que sólo trae calor, adversidad y barro». Resignación o, quizá, indiferencia.

Por último, la indiferencia se impone como eco. El desdoblamiento se hace patente en «La piel»: «Sólo luchamos por salvar la piel, / […] que envuelve tenuemente el cuerpo y lo separa / —no siempre con igual fortuna— / del mundo y de otras vidas y otros cuerpos». También en el poema «Estrellas errantes»: «No he venido a vivir ajenas: / mi suerte es sólo mía, y no le incumbe / el rastro de una estrella diferente». Para concluir con un tono de consejo en el último poema: «no te preguntas nunca más allá / de dos o tres sencillas cosas / y cierra el campo el arrepentimiento. / La voluntad de ser tú mismo te sostiene / y el ansia de ser digno ante los tuyos».

En resumen, Otra vez la poesía nos devuelve a un autor que algunos podrían haber creído alejado de la lírica. Pero no es así: José Luis López Bretones regresa con un trabajo sobresaliente, plasmado en versos y poemas que invitan a la relectura y a la reflexión.

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