Las piedras poseen una rica tradición simbólica porque se asocian a la imagen de la tierra como morada de Dios. En este sentido, recordemos las palabras de Cristo, «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». La piedra bruta desciende del cielo y se convierte en piedra de construcción, elevándose hacia el templo. La piedra sería como una mediadora entre el cielo y la tierra. Por su parte, la alquimia busca la piedra filosofal, que conseguirá transmutar los metales en oro. Y ese valor transformador es el que le interesa a la masonería, es decir, transformar la piedra bruta en piedra cúbica.
Las piedras preciosas talladas tienen una rica simbología porque simbolizan la revelación del alma después de ser eliminadas las impurezas del cuerpo. Son piedras que lanzan destellos porque reflejan el alma de la luz divina. Como vemos, el trabajo de tallar es fundamental en relación con las piedras, y mucho más en masonería. Pero, además, cada piedra preciosa tiene su propio significado. Así el lapislázuli se asocia al favor divino, al éxito y al talento. En la antigua Mesopotamia era un símbolo del firmamento, y así se empleaba para cubrir los templos. El ágata, por su parte, simboliza el vigor, la longevidad y la espiritualidad. El diamante, como es sabido, es la piedra más dura. Por ello, se vincula a la incorruptibilidad y la permanencia. El jade es la perfección y los poderes mágicos. El zafiro se vincula a las virtudes celestiales. Por fin, la esmeralda es un símbolo de la fertilidad, aunque para los cristianos se asocia con la fe. En masonería las piedras preciosas tendrían importancia si eran talladas bajo la influencia de algún planeta, y así se convertirían en talismanes.
En todo caso, la piedra para los masones representa las obras morales y los materiales de la sabiduría. El masón talla la piedra y eso es un acto mental. La talla y el pulido serían sublimaciones. La maestría en este trabajo, en principio, manual, lleva a la disciplina interior.
La piedra bruta es un símbolo de la edad primitiva, del momento en el que el hombre no posee instrucción. En masonería es el alma del profano antes de ser iniciado e instruido en masonería. Es interesante observar como los judíos consideraban que el paso de la piedra bruta a la tallada para la construcción del Templo de Salomón representaba la «senderización» del pueblo elegido. La piedra bruta sería para los masones operativos la que tenían que tallar y pulir para la construcción, como harían los alquimistas con la «materia prima». El iniciado en masonería debe «desbastar la piedra bruta», en una expresión muy empleada en la orden. Eso significa trabajar sobre las asperezas y aristas de la vida profana, de los egos y distracciones que impiden la evolución espiritual. Para ello hay que emplear el mazo y el cincel. Este trabajo debe ser guiado por la inteligencia y las tradiciones.
Los esfuerzos que se realizan serían medidos por la «regla de las veinticuatro divisiones», es decir, las horas del día que se han aprovechado apropiadamente. Con este trabajo el aprendiz podrá pasar a ser compañero, y la piedra bruta se terminará de pulir con la ayuda de la escuadra, que irá señalando como debe ser el pro ceso de tallar para ir hacia la piedra cúbica.
Pues bien, la piedra cúbica expresaría la noción de equilibrio, estabilidad y terminación. El cubo suele aparecer como un dado con sus caras numeradas. La suma de dos caras opuestas debe sumar siete, un número especial en todas las tradiciones. El cubo es emblema de la estabilidad y por ello la parte inferior que sostendría el fuste de la columna tendría forma de cubo. Es el templo material sobre el que se construye la filosofía, y la terminación en pirámide representaría el alma que aspiraría a alcanzar su fuente. Para trazar la pirámide se necesitan el compás, la escuadra, el nivel y la plomada, herramientas fundamentales en masonería.
En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado la piedra cúbica aparece a la derecha de la columna J, simbolizando al iniciado que es un hombre civilizado, siendo símbolo o emblema de los conocimientos humanos. El compañero prepara y afila las herramientas del maestro sobre ella, ya que encierra todos los conocimientos que preceden a una instrucción perfecta, y sobre ella pueden trazarse todas las figuras de la geometría. Precisamente, la forma del cubo cuando se despliega sobre un plano resulta una cruz latina.
Existe la piedra de la fundación o de los auspicios, que es una piedra consagrada que se pondría en los cimientos de los templos masónicos, como hacían los romanos con sus propios templos. Cuando se coloca se celebra una ceremonia masónica específica. La piedra piramidal es aquella sobre la que se ejercitan los maestros, siendo símbolo de la piedra filosofal. Es el final, la terminación, la perfección. Sería un cubo coronado con una pirámide de cuatro caras. Es la «piedra perfecta». Representa los cuatro elementos, esto es, agua, tierra, fuego y aire, coronados por la Quinta Esencia.
La piedra angular, que es la base fundamental de los edificios, se considera que es uno de los principios sobre los que descansa la masonería. Por otro lado, la piedra angular sería también la clave de la bóveda de piedra que corona o cubre una construcción. En cierta masonería la piedra angular se vincula a la prueba de las aptitudes especiales de un candidato. Ajustando la clave de bóveda demostraba la precisión del resto del edificio, es decir, que podía ser iniciado. En sentido figurado también se emplea, ya que, por ejemplo, se dice que el Venerable Maestro es la piedra angular de una logia.
Por fin, la piedra blanca es el nombre simbólico del pan en las tenidas de banquete. Se puede vincular también con el Maná.












