enero de 2026

‘Libro del Lejano Occidente’, de Taika Kensaku. Edición y versión bilingüe de Ignacio Vázquez Moliní. Exégesis de Hans-Dieter Strub. 2ª Edición

Libro del Lejano Occidente
Taika Kensaku
Versión bilingüe de Ignacio Vázquez Moliní
Exégesis del profesor doctor Hans-Dieter Strub
2ªEdición
Colección Dark Side
Alud Editorial, 2025
219 páginas

Una nueva edición de los haikus de Taika Kensaku, bajo el sello editorial Alud, en la versión bilingüe del escritor Ignacio Vázquez Moliní, apareció a finales del año pasado con una novedad en relación a la publicada en 2023: la exégesis del profesor doctor Hans-Dieter Strub.

Autor de libros de viaje, ensayo, novela y poesía, Vázquez Moliní atesora una amplia y reconocida trayectoria literaria. Un bagaje en el que, entre otras cuestiones, este escritor ha destacado por su capacidad para componer obras singulares, muy originales y, en algunos casos, provocadoras o transgresoras.

Obras en las que hemos podido disfrutar de su habilidad para entrelazar realidad y ficción, la historia con mayúsculas y la intrahistoria casi siempre poco conocida y, en algún caso, lo legendario o el mito con la creación y recreación de episodios y personajes reales o inventados.

Otros rasgos relevantes desde el inicio de la trayectoria de Vázquez Moliní son el empleo de un humor inteligente y la construcción de heterónimos que cobran vida literaria y personalidad propia, hasta difuminar las fronteras entre el autor y sus creaciones.

De este modo, estamos ante un escritor poliédrico al que le gusta situarnos en no pocas ocasiones ante un juego de espejos. Asimismo, quizás por su estrecha vinculación con Lisboa, donde reside desde hace años, sucumbió hace tiempo a esa tradición del heterónimo que supo cultivar ese espléndido poeta lisboeta que fue Fernando Pessoa.

Así las cosas, en la nueva edición del Libro del Lejano Occidente que contiene los haikus de Taika Kensaku, Vázquez Moliní y ahora el profesor doctor Hans-Dieter Strub adquieren un protagonismo compartido. Todo ello, producto de la inspiración poética y, al mismo tiempo, de la desbordante imaginación o inventiva del autor, para crear un ámbito del cual surgen los poemas (los haikus), y los comentarios que en esta nueva edición completan los versos de Kensaku.

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí en la obra literaria de Ignacio Vázquez Moliní, desde que escribiera su Periplo de un fumador en pipa o Historia de Almonaster, pasando por libros como Lisboas, Elogio de Bruselas o Los memorables de Vázquez Díaz (escritos con Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye bajo el heterónimo Rui Vaz de Cunha), hasta llegar a su novela La Embajada roja en Lisboa o el libro de poemas En los pliegues del olvido, entre otros títulos.

Recurriendo al humor, la respuesta puede encontrarse en aquella advertencia que en el capítulo VI de la primera parte del Quijote ya hizo en su momento la sobrina del ingenioso hidalgo contra el oficio de poeta en el sentido más amplio de la palabra. Y así ha sido, pues en vez de optar por la vida pastoril en las llanuras castellano-manchegas o el ejercicio de la caballería andante para combatir las notorias injusticias existentes en el gran teatro del mundo, hace tiempo que el autor tomó la decisión de hacerse poeta, algo “que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza”.

Regresando de nuevo al libro que hoy nos ocupa, Vázquez Moliní nos sorprendió en 2023 con los 101 haikus del poeta Kensaku y la llamativa introducción a los mismos, donde pudimos conocer diversos aspectos sobre la figura y la obra de este japonés que de la mano del autor ha entrado en la historia de la literatura universal. Entonces como hoy, resulta esencial leer el prólogo para percatarnos de las claves y de quien mueve los hilos en esta obra.

En su momento, ya aporté mis comentarios a la primera edición en una reseña sobre este libro en Entreletras. Por ello, en esta recensión quisiera detenerme tan sólo en los nuevos comentarios que completan la obra de Kensaku realizados por el profesor Hans-Dieter Strub.

Sorprenden gratamente en estas páginas las palabras del profesor alemán por su profundidad de pensamiento y porque nos conducen por un camino muy diferente al seguido hasta ahora por Vázquez Moliní.

En su poemario En los pliegues del olvido pudimos atisbar un avance de algunos elementos que hallamos en este libro, pero en estas “Exégesis” estamos ante una prosa-poética con tintes filosóficos, donde la poesía y la tarea del poeta cobra una relevancia y un protagonismo verdaderamente sugestivo.

Aquí el humor o los juegos provocadores apenas aparecen o quedan en un segundo plano. Aquí hay una prosa poética delicada, introspectiva, escrita con un lenguaje asequible y a la vez de una gran hondura que en una primera impresión trae a la memoria el estilo de un Herman Hesse o un Khalil Gibran, también ciertas cuestiones que planteó María Zambrano en su ensayo Filosofía y poesía.

En estos nuevos comentarios, el (verdadero) autor trata asuntos como el devenir de la existencia, el paso del tiempo, el amor, la finalidad de la tarea que se autoimpone el poeta, los recuerdos, la añoranza, la soledad, la esperanza…

De esta forma, al adentrarnos en esta flamante versión del libro hallaremos, por un lado, los haikus ya conocidos de Kensaku que a modo de pequeñas joyas poéticas nos hablan, por ejemplo, del valor de la poesía para ponderar el pasado y celebrar el futuro posible, junto a los comentarios del citado profesor alemán, donde tropezaremos con pensamientos sutiles como cuando anota: “La mirada del poeta, -de todos los poetas-, es como el dardo certero que dispara con su arco el cazador oculto tras las ramas y abate sin remedio al despre­venido cervatillo. La mirada de Kensaku a veces se dirige hacia el futuro, describiendo los retos que los días inciertos le deparan. En otras ocasiones, la mirada se vuelve hacia el pasado, recreando las alegrías y las penas ya casi olvidadas”. (haiku 41).

Y si como asevera Hans-Dieter en sus explicaciones, “El tiempo del que disfruta el poeta es lineal. Nada altera la paz y la serenidad con las que el día se dirige hacia su ocaso.” (haiku 17) o “El único tesoro del poeta son los días que le que­dan. Como las monedas que desaparecen de la bol­sa del jugador en una partida aciaga, así también se reduce el tiempo de Kensaku.” (haiku 27). Será porque en estas páginas se adivina aquello que escribió Juan Ramón Jiménez, cuando afirmó en una extensa carta dirigida a Ramón Gómez de la Serna, que los poetas somos esa inmensa minoría que “hacemos una vida dentro de la corriente de la vida universal, tenemos códigos propios, ideales comunes, que están escritos en una lengua única…”, escribiendo en una lengua a veces extraña para la generalidad del público, lo que el poeta de Moguer llamó “la palabra muda, la voz secreta”.

En cualquier caso, en palabras del profesor germano, “La declaración del poeta es certera y definitiva. Sólo el amor. Sólo es amor aparece cuando quiere. Todo lo demás sigue su ritmo, constante y prede­cible”. (haiku 60).

Y da igual a quién se dirija el poeta. “Tal vez a nadie que conozca, sino a un futuro lector.” (haiku 68), pues, como escribió el poeta francés Georges Emanuel Clancier, la poesía es el “canto de un acuerdo del ser humano con el mundo, un acuerdo cósmico”, añadiendo que “la poesía, por su luz única, es esperanza”. A lo cual, Kensaku y Hans-Dieter apostillan: “La vida se sustenta en los pilares, más o menos sólidos, de la esperanza de un futuro mejor.” (haiku 3).

En consecuencia, no debemos perder de vista que este es un libro de poesía. Los haikus de Kensaku son poesía. Y los comentarios en prosa de Hans-Dieter, son poesía. Ya que a veces, como ha escrito con acierto el profesor Luis Quiñones Cervantes, “la prosa vive en la poesía como la poesía en la prosa”. Y esta es una de esas ocasiones.

Por último, en relación a la poesía que podemos leer en este libro reinventado a tres voces (Vázquez Moliní, Kensaku y Hans-Dieter), donde se quiere indagar o explorar cuestiones esenciales relativas a la condición humana, me parece oportuno traer a colación una frase muy ilustrativa que leí hace tiempo, no en un tratado de literatura o filosofía, sino en la obra El collar del neandertal de Juan Luis Arsuaga en la que el célebre codirector de los yacimientos de la sierra de Atapuerca afirma: “A fin de cuentas los poetas y los paleoantropólogos compartimos el mismo objeto de estudio: la naturaleza humana en su dimensión más profunda y misteriosa.”

Por ello, si no leyeron la primera edición de este libro es el momento de hacerlo con la segunda y si la leyeron les diría que este libro, aunque contiene los haikus ya conocidos de Kensaku, con las aportaciones de Hans-Dieter es un libro diferente.

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Archivo Entreletras

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