Caos II, la templanza del emperador
Gregorio Muelas
Editorial Olé Libros, 2025
510 pp.
Después de Caos, Gregorio Muelas se adentra en el mundo romano de nuevo, con la precisión del amanuense que descifra un código, en cada página su alto sentido del rigor funciona para contarnos guerras, intrigas, etc. Ha titulado esta segunda parte: Caos II. La templanza del emperador.
Constantino y Fausta son dos personajes fundamentales de este universo. Otros personajes son Constancio, padre de Constantino, Cayo Flavio Julio Crispo, primogénito de Constantino, y otros muchos seres que crea Gregorio Muelas en el esfuerzo de dar vida a todo un mundo de intriga y poder.
Pero no se trata de contar la historia, que es amplia y surge llena de meandros, donde desfilan muchos personajes, sino de fijarse en el estilo del narrador, para adentrarnos en los personajes. En el primer capítulo, podemos ver a Flavia dar a luz a un hijo de Constantino:
“Y Fausta empujaba, empujaba con todas sus fuerzas, mientras emitía verdaderos aullidos de dolor. Pero en el interior se imponía la satisfacción por engendrar, por fin, a un heredero, alguien que le disputase a Crispo, el hijo de Minervina, “esa concubina”, como la tildaba, la preminencia en el corazón de su padre, Constantino”.
La rivalidad entre Crispo, el primogénito y Constantino hijo, cobra resonancias, porque el poder está siempre presente en este laberinto de hombres y mujeres en la batalla por el poder. Y este inmenso mundo de rivalidad afecta a todos, Fausta que da de mamar a su hijo, pero que puede contemplar como su marido, Constantino, ha vencido a su rival, Licinio.
Pero en este capítulo la extrema sensibilidad de Gregorio Muelas nos va describiendo cómo mira el pergamino, cómo piensa Fausta, parece que asistimos a la filmación de una película, porque la pericia del autor cobra dinamismo, imprime a los gestos y a las acciones todo su peso:
“Sí, viajaría hasta Sirmium para reunirse con su esposo y aprovecharía el reencuentro para yacer amorosamente con él, un emperador debía gobernar también en el lecho, solo que aquella guerra la tenía ganada de antemano”.
Y, además, Gregorio Muelas es un detenido estudioso de los seres humanos, de su psicología, que va imprimiendo en las acciones, porque los personajes actúan en el frente de guerra, mientras piensan en la victoria. Cuando Vitalo llega a la ciudad, ve como “las nubes se mostraban petrificadas en un cielo que amenazaba una tormenta inminente”.
Y la lucha del hombre con los animales, como en la escena, y digo escena, porque la novela está conformada de secuencias, tan descriptiva en todo momento que vamos siguiendo la historia y a sus personajes, como si fuéramos los espectadores de una película épica, con el lobo. Cuando Constantino lo mira y ambas miradas, la del animal y del hombre se encuentran y saben que no han de agredirse, la lucha del hombre es contra el rival y no con los seres vivos de la naturaleza.
Gregorio Muelas ha sabido crear una novela apasionante que crece, que va emergiendo en descripciones únicas y que están siempre guiadas por los dioses, ya que Constantino, en el fragor de la batalla, o en los intervalos entre las guerras, oye a sus dioses, a Jupiter y a Mitra, como si el destino estuviera marcado por los deseos de los seres superiores.
Toda esta constelación de universos consigue que nos hallemos ante una de las mejores novelas sobre la épica romana. Por ello, al final, Crispo se convierte en un hombre poderoso, que cabalga junto a su padre. Crispo es ya el césar, el honor que compartirá con el hermanastro. Y se cumplen los presagios de crear una gran epopeya romana. Gregorio Muelas nos conduce a un mundo de héroes, donde aún podemos vivir que el hombre no es solo polvo, sino un gigante en medio de las ruinas de nuestro tiempo. Una novela deslumbrante, sin duda alguna.
Al libro le acompañan un glosario de términos latinos y mapas, con una bellísima encuadernación que ha sido posible gracias a la editorial valenciana Olé libros.












