marzo de 2026

PASABA POR AQUÍ / Palabrerío de moda

Detalle de la tumba de Urraca López de Haro, cuarta abadesa de la Abadía de Cañas (La Rioja). Talla de Ruy Martínez de Bureba (1272)

Perdonad, pero estamos gilipollas, totalmente gilipollas.

¿Desde cuándo? En el fondo desde siempre, pero como hay que mirar al presente, no nos entretendremos en recordar el pasado en el que la historia de la humanidad ha sido un gazpacho de estupidez cuando no de violencia y ambición, aderezado con algún que otro brillo de buena voluntad, esfuerzo y generosidad.

No hablaré ahora de todo eso que me sobrepasa, sino de algo que me resulta más cercano y que también, a lo largo de los siglos, no ha parado de ocurrir: Eso que llaman «evolución» de la lengua.

Cierto que a veces tienen razón los modernos de cada época cuando dicen que los idiomas evolucionan sobre todo por el contacto con otras lenguas, que eso ha pasado siempre. Pero es cierto también que, últimamente, en el caso de este país de todos los demonios, que diría Gil de Biedma, lo de la evolución suena más a intrusismo foráneo y a estupidez de los hablantes en general y, sobre todo, de los modernitos en particular.

Ahí, sí que sí, ahí sí que estamos gilipollas.

Desde que no tenemos director, ni director ejecutivo sino CEO, es decir: «Chief Executive Officer», estamos tontos del culo.

Desde que no tenemos patrocinador o mecenas y tenemos sponsor, nuestra necedad no para de crecer

Desde que a las personas célebres, famosas o reputadas se les llama celebrity, somos cada día más mentecatos.

Desde que ya no tenemos alguna afición sino algún hobby, estamos echados a perder.

Desde que nuestro público objetivo o nuestra meta empezó a ser nuestro target, es que no damos una.

Desde que nuestro café nos lo pone un barista en vez de un camarero, ya hasta los bares dejan de ser lo que eran.

Desde que no nos ofrecen comida para llevar sino take away, a algunos hasta se nos quita el apetito.

Desde que un pictograma o un dibujo es un emoji o emoyi, la sonrisita se nos pone de majaderos.

Desde que un amigo es un brother o un bro, no para de crecernos el bobo que llevamos dentro.

Desde que en vez de correr hacemos running, no paramos de tropezar en nuestra propia estupidez.

Desde que hacernos una foto a nosotros mismos se ha convertido en selfie, no hacemos más que el idiota ante la cámara.

Desde que el jefe de cocina o cualquier cocinero es un chef, lucimos los galones de memo con chorreras.

Desde que en vez de reírnos a mandíbula batiente, hacemos LOL (Laughing Out Loud), nuestra risa es bastante simplona.

Desde que lo que es agradable, genial, atractivo o está de moda es algo cool, se nos ve el pelo de la dehesa yankee.

Desde que en vez de imagen, apariencia o aspecto tenemos look, la imbecilidad nos sale por las orejas.

Desde que reseteamos en vez de borrar es que hemos olvidado hasta que existen las gomas Milán.

Desde que algo poco común, raro o inesperado es random, es que los raros mequetrefes somos nosotros.

Desde que en vez de darnos vergüenza, estamos cringe es que hemos perdido la poca vergüenza que nos quedaba.

Desde que en vez de estropearnos fastidiarnos o destriparnos en final de una película, nos hacen spoiler, ¡uf!

Viñeta de Eugenio Rivera

Alguno de los que aún utilizan más de 1000 palabras para el habla de diario, podrá decir que este articulillo es una martingala, un subterfugio para llegar a la conclusión de que las palabras nuevas empeoran el idioma;

los que utilizan menos palabras podrán decir lo que quieran —a mí me importa un rábano—, porque están a medio camino de analfabetismo. En el fondo ambos me dan igual.

Yo sigo erre que erre, consciente que desde siempre —ya lo dije al principio—, los idiomas crecieron con los aportes constantes de otras lenguas y eso está bien, es riqueza, pero la invasión actual de términos ingleses, a veces hasta falsos, no es enriquecimiento sino colonialismo facilitado por la ignorancia de muchos y la pretensión de bastantes.

En resumen: que en el país en el que nació una de las lenguas más ricas y eficaces del mundo, el español, repleta de arabismos, anglicismos, galicismos, italianismos, indigenismos y otros ismos bien asimilados durante siglos de buen hablar y excelente literatura, terminaremos, en cuatro días de torpeza, hablando un spanglish chapucero.

Será una batalla perdida, pero voy a seguir dándola en plan gilipollas.

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Archivo Entreletras

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