A Ridha Mami, preclaro poeta, traductor, director del Departamento de Filología de la Universidad de la Manouba (Túnez), presidente de la Asociación Tunecina de Hispanistas, y de la Asociación de Hispanistas Árabes.
Le dedico este retrato lírico en blanco y negro:
Hay hombres que nada más mirarlos, son el retrato de una época. El retrato de un tiempo, su físico, su vestir, su seriedad. Son un icono.
Al verlos, no hay que preguntarse nada más. Te dicen todo sin hablar. Este es el caso de Ridha Mami, es el caso de Miguel Torga, es el caso de Miguel Delibes. Así fue mi padre.

Son hombres troquelados con la tierra y el tiempo. Son como imágenes en blanco y negro, de una vieja película. Son como el recuerdo que tengo de aquellos intelectuales de París, de la Nouvelle Vague, que vestían sus clásicas gabardinas, y fumaban sin parar.
Eran hombres que sentían como André Gide, que escribir es rescatar algo a la muerte.
Y un poema:
CON LOS OJOS QUE ME MIRAS, TE MIRO
A Ridha Mami

Como Job, me pregunto: ¿quién soy yo?
Hoy, me veo en tu mirada
de aquella mañana de otoño.
¿Quién eres tú?
Una mirada antigua
de quien ha seducido tantas almas
de quien ha gozado mil amores,
de quien ha saboreado
el amargo gusto del infortunio.
Ecce homo,
he aquí al hombre, dijeron.
Tu mirada es un bumerán de vida,
tu mirada, un bumerán de luz.
Siente el pensamiento / piensa el sentimiento,
dijo el poeta.
Una mirada así, me hace buena.
Es algo que no tiene nombre.
Es vivir el divino ensamblaje:
ser y estar,
el absoluto.
¡Ah, el oro de los días!












