junio de 2026

Richard Quine, a los 37 años de su muerte

Murió el 10 de junio de 1989, se suicidó a los sesenta y ocho años con un arma de fuego. Uno se pregunta: ¿Por qué un director que tuvo gran presencia en los años sesenta acabó su vida trágicamente?

Comenzó con once años como actor infantil en los musicales de Broadway en la década de 1930.

Como actor, rodó 23 películas entre 1934 y 1950. Participó en clásicos musicales y películas de cine negro.

Pero como director, tras acabar la Segunda Guerra Mundial, empezó a rodar con ciertas dificultades, por ejemplo, su debut, Leather Gloves, en 1948.

Pero todos le recordamos por los filmes rodados en los años cincuenta y sesenta, como La senda tenebrosa y La casa número 322, en la que conoció a una desconocida Kim Novak, de la que se enamoró hasta el final de sus días. Tanto fue así que quería casarse con ella y cuando todo estaba preparado, ella le rechazó.

La encumbró en Me enamoré de una bruja, con James Stewart y el inefable Jack Lemmon, que interpretaba al hermano de la protagonista, que tiene poderes de bruja. Kim estaba maravillosa, porque ya empezó a despuntar, como también lo hizo con Hitchcock en Vértigo y con James Stewart también.

Y me gusta especialmente Un extraño en mi vida, película de los sesenta que emparentó a Kim con Kirk Douglas, ambos se enamoran, ya que los dos llevan una aburrida vida matrimonial y el encuentro entre ambos es la chispa que enciende dos corazones heridos para siempre. Aparte del bello título, el glamour de la película es maravilloso, hay que destacar también el trabajo de Ernie Kovacs, malogrado actor que moriría en accidente de tráfico poco después.

Y con Lemmon de nuevo (sin duda, uno de los mejores actores de la historia del cine) en La misteriosa dama de negro, de nuevo con Kim, en una comedia negra muy divertida, le secundaba un excelente Fred Astaire.

Encuentro en París reunió a William Holden con su gran amor, Audrey Hepburn, en una película no tan afortunada, desde el punto de vista de la calidad, pero indudablemente carismática por sus intérpretes. Pocas actrices han superado a Audrey en belleza y ternura.

Y no hay que olvidar la divertida y estupenda Cómo matar a la propia esposa, con Lemmon de nuevo, en el papel de un dibujante de comics, eterno soltero, que en una borrachera, se casa con una estupenda belleza italiana, Virna Lisi, pero decide eliminarla, para recuperar su soltería. El tándem Lemmon-Quine fue importante, aunque el gran actor no rodó tantas películas como con su admiradísimo Billy Wilder.

En 1965 se casó con la cantante Fran Jeffries, con la que permaneció hasta su muerte. Kim Novak ya fue un amor imposible, pero él nunca la olvidaría.

Se dedicó a la televisión en los setenta, pero ya no logró dirigir grandes películas, salvo El estrafalario prisionero de Zenda, con Peter Sellers, pero ya no volvería a brillar como en los divinos sesenta.

Quine se hallaba deprimido, se sintió fracasado, y se suicidó, un grande del cine, malogrado, porque no pudo seguir creando buenas películas, uno de esos directores que declinó y que hoy quiero recordar.

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