
El grupo gerundense Carmen 113 regresa con Mañanas de euforia, un disco que busca transmitir luz y vitalidad. Hablamos con su batería, Rafa Gallardo, sobre los orígenes de la banda, su evolución y su particular forma de entender la música. El entusiasmo del músico alienta todas sus intervenciones durante nuestra animada charla en la tranquila cafetería de la Academia de Cine en la madrileña calle de Zurbano.
Rafa, tienes que reconocer que el nombre del grupo, Carmen 113, es cuando menos llamativo.
¿Qué pensabas? ¿Que éramos flamencos o folclóricos? (Risas).
Sí, sí, algo así, sí. ¿Cómo se os ocurrió?
La historia viene de lejos. Con Jaume, el cantante, empezamos en el 98, o sea, casi hará treinta años, cuando teníamos dieciocho añitos, una cosa así. Y empezamos en un piso de estudiantes, que teníamos en Girona, nuestra ciudad, un piso que estaba en la calle del Carmen número 113. Al mismo tiempo nos dimos cuenta de que nuestras cuatro madres se llamaban Carmen. Nos pareció una señal y, para que no fuera solo “Carmen”, le añadimos el número de la calle. Sale de ahí, no tiene más misterio.
Es un nombre que se escapa de lo habitual.
Correcto, no sé si para bien o para mal, pero sí (risas).

Otro aspecto que me ha sorprendido también es la portada del disco: el título aparece con un luminoso, un neón en una gasolinera abandonada…
Ah, claro, todo muy tétrico, muy lúgubre…
Esto no parece conciliarse demasiado con ese optimismo que queréis transmitir.
Yo también lo pienso, pero la portada la hace el cantante. Es como una… como una salida del sol al fondo. O una puesta. Depende por dónde está orientada. Si es este u oeste… Nos pareció bien poner el título así en neón, como en una gasolinera vieja… Tiramos por ahí. Es que te vuelves loco buscando todo, el nombre del álbum, la portada… ¿Qué hacemos? ¿Ponemos esto? ¿Ponemos un pingüino? No sé. ¿Qué hacemos? Y tiramos por ahí. Al final ha quedado limpia, no es muy recargada, es como fácil, bonita.
Tiene un rollo muy Twin Peaks…
Sí, un rollo así, freak, un poco freak (risas). Sí, es como la etiqueta de un vino, ¿no? Que muchos son similares y a veces compras uno por la etiqueta, no porque sea más bueno, sino porque la etiqueta te ha llamado la atención.
Los libros se venden por la cubierta muchas veces.
Yo soy más de vinos que de libros, lo siento (risas).
Y, ¿qué tipo de música hacéis en este disco? El sonido es muy optimista.
Correcto, así es…
Sin embargo, vuestros comienzos fueron muy distintos. Habéis evolucionado mucho desde entonces…
Estábamos llegando a los 2000 y en esa época se llevaba mucho el nu metal. Grupos como Korn, como Deftones, como Hamlet, como Sober. Guitarreo, pero acompañado de melodías bonitas que podían tener algún punto de pop. Y eso duró un tiempo, hasta 2009-2010, unos diez años: once o doce. Y a partir de ahí, ya esta música no nos representaba, al menos a mí y al cantante, que fuimos los que empezamos el grupo. La otra parte de la banda se separó un poquito y cogimos componentes nuevos y a partir de 2012-2013 es cuando nace el Carmen 113 que el público conoce. De más rock, pop, indie, en castellano. Más disco, algunos más guitarreros, pero siempre dentro de un pop-rock, podríamos decir, un pop-rock disco, con toques de funky… Por otra parte, al ser seis también hay mucho collage ahí: lo vamos metiendo todo como podemos e intentamos que quede bien.

¿Cómo gestionáis la creatividad y la convivencia siendo seis?
Es un trabajo colectivo. Alfredo, el guitarrista, y yo solemos proponer canciones más pop-rock, mientras que Jaume y Albert, el teclista, tienen un rollo más moderno. Después lo juntamos un poquito todo y de aquí sale el sonido Carmen. Somos amigos desde hace mucho tiempo y compartimos muchas facetas de nuestra vida fuera del grupo, lo que ayuda a evitar conflictos. Eso sí, a nivel económico, ser seis es un desastre (risas).
Me lo imagino…
Pero es una suerte que seamos amigos desde hace tanto tiempo. Compartimos bastantes cosas: muchos de nosotros somos maestros, nos gusta el fútbol… No llegamos a discutir nunca. Tampoco vivimos de esto y lo hacemos para pasárnoslo bien. Si llega algún día que va la cosa mejor, pues fantástico: sería una experiencia preciosa. Pero de momento es una cosa que nos llena, que nos gusta para salir de nuestra rutina del trabajo, de la familia… Salir de bolo el fin de semana con seis amigos con la furgoneta y que la gente lo goce cuando está escuchando estos temas, es impresionante. Valoramos mucho eso e intentamos no estropearlo.
¿Hacéis material propio o hacéis versiones?
No hacemos nunca versiones. Hacemos nuestros temas.
Cuéntanos quiénes formáis el grupo.
Yo soy Rafa y soy el batería: Rafa Gallardo Gutiérrez. Mi abuelo era de aquí, de Ávila (de Cebreros). También está Jaume Nadal, el cantante, que es gironí, gironí, catalán de pura cepa. Alfredo Moreno, uno de los guitarristas, que es de Blanes, de la Costa Brava. Jordi Martín, que también es otro guitarrista de Girona. Roger, que es el bajista. Y Albert, que se ocupa de los teclados. Los seis componentes: dos guitarras, bajo, teclados, batería y voz.
A pesar de ser catalanoparlantes, cantáis en castellano.
Sí, siempre, cantamos castellano porque nos chirría el catalán en este tipo de música. Es absurdo, pero es así, lo hemos probado y no hay manera.
Vosotros estáis encuadrados bajo la equívoca marca de lo indie. ¿Qué opinión te merece esto?
El indie empezó siendo así, un rollo de poca gente, algo muy purista, muy tal… Luego era cualquier cosa… Arde Bogotá, Izal, Vetusta Morla… que ya es mainstream, que tiene seguidores a punta pala, que genera mucho dinero. A nosotros nos meten dentro del sello indie y yo creo que es una etiqueta más que nada. Pero no tiene nada que ver con la música.
Habéis terminado una gira que se llamaba Diva.
Sí, como el último disco. Estuvimos un año y medio girando por toda España. Funcionó muy bien, la verdad, igual que Hipnótica y discutir desnudos, que es el disco anterior. Nuestros tres últimos trabajos han funcionado muy bien y la gente ha empezado a conocer a Carmen. Hemos conseguido un sonido propio. La gente empezó a decir: “esto ya no se parece a Izal, ya no se parece a no sé qué… Carmen 113 es Carmen 113, no se parece a nadie”. Nos sentimos orgullosos de eso.
Y ahora sacáis nuevo disco y os embarcáis en una nueva gira.
Correcto. El disco Mañanas de euforia salió el 19 de mayo. No lo hemos querido estrenar en festivales con prisas: lo sacaremos tranquilamente en salas, con nuestra propia producción, con los visuales detrás, con calma, con nuestros diálogos para acompañar las canciones y hacerlo con mimo. Nos gusta tratarlo con cariño y hacer las cosas bien.

Una pregunta que siempre hago, una manía personal mía. ¿Beatles o Rolling?
Yo siempre he sido más de Beatles que de Rolling. Encuentro que fueron unos genios que tenían algo especial, que sus melodías enganchaban a la gente, estaban muy bien hechas. No sé cómo se lo hacían. Paul McCartney era un máquina y Lennon también. Los Rolling son muy buenos, pero a mí la voz de Mick Jagger nunca me ha entrado, el timbre ese nunca me gustó. A los Beatles siempre los he encontrado más poperos, un rollo de armonías, con voces muy bonitas. Definitivamente, yo soy del equipo Beatles.
Uno de los puntos fuertes de los Beatles era la producción de George Martin. ¿Cómo os lo montáis vosotros en este aspecto?
Mira, hasta ahora éramos como Juan Palomo, lo hacíamos todo. Hacíamos los temas, los producíamos nosotros, decidíamos este trozo va aquí, esta canción dura tanto… Pero esto lleva sus rifirrafes. Al meter un productor por en medio —que es como un árbitro que dirige el partido— se acaban los problemas. Lo que decide el árbitro, aunque tú no estés a favor, se queda ahí. Cogimos a un chico —se llama Joan Borrás— que es un máquina. Forma parte de un grupo muy conocido en Cataluña, que lo está petando ahora, que se llama Oques Grasses: han vendido cuatro estadios olímpicos para despedirse, porque lo dejan. Nosotros somos muy fans de este grupo y contactamos con Joan y le dijimos: “¿Sería posible trabajar contigo, tío?”. “Venid a mi estudio, escuchamos los temas y hablamos”. Nos cambió algunos temas de arriba abajo y le dejamos trabajar tranquilo. No nos enamoremos de nuestras ideas y que él —que lo ve desde fuera, que tiene un enfoque fresco— ponga su granito de arena y a tope.
¿Qué buscáis transmitir con Mañanas de euforia?
El título del disco refleja un mensaje de superación. Aunque hay temas que tratan momentos difíciles —como la pérdida del padre del cantante o rupturas personales—, siempre intentamos que las canciones terminen con un final feliz. En un mundo difícil y lleno de conflictos, queremos que nuestra música sirva como válvula de escape, no como una carga añadida.
¿Consideras que el pop está para alegrar la vida de la gente?
Creo que sí. Hay algunos músicos de pop que lo que hacen es trasladarte una angustia vital, grupos muy oscuros… Vivimos una situación tan dura, conflictos bélicos en todos lados, intereses por todas partes, mentiras… La música debe ser un entretenimiento. Que sea como una válvula de escape, más que meter más mierda de la que hay.
¿Tenéis algún tema social que critique la situación que vivimos?
No. Hablamos mucho de temas personales y de cosas nuestras. Queremos que la gente los escuche y que diga: “Hostia, esta canción me representa”. No nos metemos en temas sociales, la verdad. No hemos sido nunca reivindicativos, ni de izquierdas. Aunque sí que lo somos al ser catalanes y tal. Pero en lo musical no lo reflejamos.
Bueno, empezáis gira nueva. ¿Cómo se llama?
Lleva el nombre de Mañanas de euforia, como el disco. Queremos dar valor a lo cotidiano, a todo aquello que damos por hecho y es un regalo: solo abrir los ojos cada mañana —ver a tu mujer al lado, a tus hijos desayunando, estar con los amigos celebrando una cena— ya es un regalo. Abrir los ojos ya es una manera de euforia que no valoramos realmente. Estamos tan acostumbrados y tan inmersos en este ritmo absurdo…
¿Adónde vais con la gira? ¿Cerráis en Madrid?
No me sé la gira de memoria ni de coña. Sé que en Madrid estamos el 19 de diciembre y que empezamos por León y Valladolid, las primeras fechas que son en octubre, 6 y 7. Es más o menos para conciliar un poco la familia. Al no vivir de esto, intentamos marchar un fin de semana, pero el siguiente nos quedamos en casa. Porque si no, creo que las mujeres al final nos cantarían las cuarenta. Llevan mucho tiempo esperando a que la cosa pete y de momento no ocurre (risas).
Supongo que no os planteáis giras fuera de España, ¿no?
No nos las planteamos porque tampoco sale la opción. Pero al cantar en castellano tenemos una puertecilla abierta desde hace tiempo en el mercado latinoamericano, sobre todo en México: tenemos bastantes seguidores allí, pero la logística de llevar un grupo de seis tíos para allá, no sé quién la puede afrontar. Es imposible. O nos lleva alguien y lo paga o se tendrán que conformar con escucharnos en el Spotify.
¡Mucho éxito con Mañanas de euforia, Rafa!
Muchas gracias. Haremos lo que se pueda. Ganas no faltan.












