
El artista catalán Guillem Roma presenta su sexto disco —Ritual de Expropiación— y su nueva gira con una propuesta ecléctica que une canción de autor, influencias latinoamericanas, jazz clásico y artes escénicas. El próximo 1 de octubre actúa en la Sala El Sol de Madrid.
Hay artistas que consiguen trazar un camino propio a base de naturalidad, esmerada sensibilidad y una inagotable vocación de búsqueda. Guillem Roma es uno de ellos. Con una trayectoria de doce años y seis discos a sus espaldas, el músico catalán se ha consolidado como una de las propuestas más singulares y queridas de la escena actual, acumulando una legión de seguidores que lo sitúan entre los artistas más escuchados en plataformas.
Su música es un puente fluido entre las raíces del Mediterráneo y las ricas tradiciones latinoamericanas, un mapa sonoro donde conviven la energía tropical, el optimismo contagioso y una honestidad desarmante. Lejos de estancarse, Roma ha sabido reinventarse disco tras disco. Con su aclamado trabajo Postureo real —producido por Didak Fernández y Adri González (Trampoline Music)—, el artista dio un salto cualitativo hacia una sonoridad más moderna y electrónica, repleta de atmósferas mágicas, melodías magnéticas y ritmos bailables.
Sin embargo, tras el envoltorio luminoso y bailable late siempre una profunda vocación poética. Sus canciones funcionan como recetas vitales: pequeñas reflexiones sobre el mundo contemporáneo, el individualismo y las contradicciones de la era digital, empapadas de humanidad y agudeza social. Ahora, con una propuesta escénica renovada que incorpora la danza contemporánea y el teatro, Guillem Roma demuestra que se puede evolucionar y sorprender sin perder ni un ápice de la esencia genuina que le define.
Guillem nos recibe en un céntrico hotel madrileño. Acomodados en una mesa del lobby del hotel, con el bullicio de Madrid como telón de fondo, arranca nuestra conversación. Hablamos con él sobre su universo creativo, su permeable forma de entender la música y su próxima cita en Madrid.
Guillem, ¿qué es lo que te singulariza respecto a otros músicos de canción de autor?
Una de mis etiquetas es que no tengo etiqueta. Hay un eclecticismo en mi música que nace de la canción de autor y de esas ganas de comunicar, pero mis influencias van desde la música latinoamericana —viví tres años en México y un año en Cuba—, pasando por el bolero, hasta la música electrónica de mi último trabajo o los arreglos de viento y trompeta de otra época. Hay un mix que a veces cuesta definir, pero al final me considero cantautor, aunque juegue con todos esos géneros.
Llevas seis discos publicados. ¿Cómo ha sido ese periplo y cómo creas tu universo propio?
Mis primeros discos beben mucho de la influencia de las músicas del mundo tras vivir en México. En mi casa también se escuchaba música balcánica y jazz clásico gracias a mi abuelo, y eso deja huella en melodías muy clásicas. Los primeros temas los cantaba sobre todo en catalán y, poco a poco, he ido mutando como la vida misma, conociendo gente, sitios y músicas. Me he permitido ser muy permeable: los músicos no somos cirujanos, si fallas no matas a nadie, así que vamos a jugar. Sí tengo una inquietud por la electrónica o el bolero mezclado con no sé qué, probamos. Si tuviera que buscar un hilo conductor, lo encuentro más en la forma de ver el mundo y de contarlo. Hay un espíritu constante: un optimismo, una luz, una música que llega sin costar de entrar, con un mood muy luminoso y de muy buen rollo que se ve sobre todo en los conciertos.

Presentas tu último trabajo en Madrid el 1 de octubre en la Sala El Sol. ¿Qué novedades traes en el directo?
Sí, mi último disco lleva por título Ritual de Expropiación y lo estoy presentando. Venimos a Madrid con dos músicos y, como gran novedad en esta gira, incorporamos dos bailarinas en directo. Tenía ganas de seguir experimentando más allá de la música en la puesta en escena.
La canción de autor tradicionalmente se ha asociado a un mensaje político muy intenso donde el baile casi se repudiaba o se veía como algo frívolo. ¿Cómo combinas la reflexión profunda con la danza?
Lejos de quitarle profundidad al mensaje, la danza le suma otra capa de significado si está bien hecho. Es una forma de vivenciar en el cuerpo lo que estás contando, conectando más con la danza contemporánea y el teatro que con el pop mainstream.
¿Te sientes identificado con la etiqueta de poeta?
Me cuesta mucho decirlo por el respeto que tengo a los poetas, pero coges la letra de una canción, la lees y ves que hay un poema. Le dedico muchas vueltas a los textos para que tengan mensaje, enganchen, entren fácil pero hablen de cosas profundas.
En esta época de fast food musical, la letra es muy importante. ¿Qué temas abordan tus canciones?
Hay mucha observación social sobre lo que pasa en el mundo para procesarlo y buscar pequeñas recetas que a mí personalmente me sirven para sobrevivir. Mi último disco habla del mundo individualista en el que vivimos, del narcisismo de las redes sociales y de cómo convivir con eso sin caer en el egoísmo, conectando con lo colectivo, la familia, los amigos y la vecindad. La música misma ya es una receta de escucha y conexión. Intento empaquetar estas pequeñas reflexiones en canciones para compartirlas con la voluntad de que sirvan a la gente.
¿Qué lecturas o influencias literarias y musicales alimentan tu proceso?
Leo mucha no ficción, ensayo y filosofía, como Byung-Chul Han, además de sentir debilidad por el pensamiento chino antiguo (taoísmo, confucianismo…). También tengo autores de referencia como Agustín Fernández Mayo o Irene Vallejo con El infinito en un junco. En la música me cuesta más fijar referentes concretos porque escucho de todo, pero me atrae mucho la nueva música mexicana con amigos como David Aguilar o Silvana Estrada, además de artistas catalanes como Judit Neddermann o el joven Silvio. Y mirando hacia atrás, el jazz clásico de los años 20 y 30 o el disco de Buena Vista Social Club, que rayé en su momento.
¿Tiene todo este universo visual y estético una traducción en tu propuesta? ¿Trabajas en formato digital o en vinilo?
Esta vez, por primera vez con mi sexto disco, he editado en vinilo. Me gusta que el universo creativo vaya más allá de la canción: la puesta en escena, el vestuario, la danza, las fotos o las redes van retratando los matices de esa estrella. Por ejemplo, salir en un videoclip con un sombrero mexicano ayuda a entender el origen de unas trompetas que, de otro modo, pasarían desapercibidas.
¿Qué proyectos futuros tienes en mente?
Tengo ganas de seguir explorando esta puesta en escena con un punto teatral. Llevamos medio año girando con este disco y apenas empiezo a entender los elementos. Me interesa mucho cómo gestos que en un concierto normal pasan desapercibidos, al vestirlos con una pátina teatral, adquieren un significado.
Esto conecta también con la tradición de la Cataluña donde figuras como Pau Riba o Jaume Sisa ya flirteaban con lo performático.
Efectivamente.
¿Qué le dirías al público para que se acerque a verte el 1 de octubre en la Sala El Sol de Madrid?
En mis conciertos pasa algo muy especial y es que se genera una conexión inmediata con el público desde la segunda canción, haciendo que cada concierto sea irrepetible. Soy muy natural: a veces bajamos con el público, cantamos o alguien pide una canción de discos anteriores. No son conciertos estáticos de canción y aplauso; son muy variados, con momentos de mucha energía, otros súper íntimos y pasajes donde canta todo el mundo. Además, en el directo vendré acompañado por mi hermana al chelo —una chelista top que toca con Sílvia Pérez Cruz—, mi guitarrista de los últimos trece años y las dos bailarinas. E incluso estamos preparando alguna colaboración sorpresa con amigos músicos de Madrid para hacer la cita aún más única. Tras Madrid, la gira continuará por ciudades como Bilbao y Barcelona.
¿Hay alguna última reflexión o detalle que consideres que se nos haya quedado en el tintero sobre este proyecto?
Quizás solo añadir que este camino lo construimos entre todos. Cada disco, cada ensayo y cada fecha en el calendario es una excusa para seguir compartiendo verdad a través de las canciones. Así que los esperamos con los brazos abiertos en la Sala El Sol para seguir tejiendo esta historia juntos.
¡Muchísimas gracias por tu tiempo y por compartir tu universo creativo con nosotros! Mucho éxito en el concierto del 1 de octubre.
¡A ti por el espacio y la charla! Nos vemos muy pronto en El Sol.
Las entradas para los conciertos de Madrid (Sala El Sol) y Bilbao (Sala Bilborock) se pueden adquirir aquí






