octubre de 2026

‘La seducción de Venus’, de Laura Redondo y Marisol Santiago

La seducción de Venus
Laura Redondo y Marisol Santiago
Ondina Ediciones, 2025 ‎
124 páginas

Este poemario, firmado por Laura Redondo (flor de lis) y Marisol Santiago (gato), y editado por Ondina Ediciones, construye un diálogo erótico y simbólico donde la identidad autoral se distingue sin enfrentarse. No es un libro de poemas alternos sin más: es un tejido a dos voces que comparten imaginario —Eros, Venus, sombra, fuego, noche, danza— pero lo modulan con matices distintos.

Análisis formal

Sintaxis y morfología

Predomina el verso libre, con escasa puntuación enfática y abundancia de encabalgamientos suaves que favorecen la continuidad sensual del discurso. Sintácticamente, encontramos:

Oraciones simples yuxtapuestas y coordinadas que refuerzan el ritmo corporal (“Danza, mi amor… y juguemos…”).

Uso reiterado del imperativo (“Ven”, “Abrázame”, “Déjame libre”), que intensifica el deseo como acto performativo.

Abundancia de anáforas

(“Amo amarte…”, “He hallado…”, “Ahora que…”) que crean cadencia litánica.

Frecuente presencia del vocativo (“Amado Sol”, “Querida Pornosia”), recurso que dramatiza la interlocución.

Morfológicamente

Destaca el predominio de sustantivos abstractos: deseo, sombra, fuego, alma, silencio, eternidad.

Léxico sensorial y táctil: piel, boca, caricias, labios, sudor.

Adjetivación intensa y simbólica: “ardiente”, “eterna”, “venerada”, “indómita”, “salvaje y tierna”.

Campo semántico mitológico: Eros, Venus, Ares, Psique, Hamartía, Sol.

Todo ello construye una textura verbal elevada, de resonancia clásica, con voluntad de trascendencia simbólica.

Diferencias de voz

Laura Redondo (flor de lis) tiende a una imaginería más luminosa y mitológica. Sus poemas elevan la figura femenina a arquetipo: Venus, Musa, Sol. La sintaxis es más solemne y su tono, más invocativo. Hay una voluntad de consagración del deseo como fuerza casi sagrada.

Marisol Santiago (gato), en cambio, introduce una sensualidad más directa, terrenal y felina. Su voz parece más carnal, más íntima en el cuerpo concreto. Cuando aparece el erotismo, lo hace con mayor fisicidad y menor distancia simbólica. Su tono es ligeramente más narrativo y menos hierático.

No son opuestas: son complementarias. Una sublima; la otra encarna.

Análisis temático y simbólico

El poemario gira en torno al erotismo femenino como afirmación identitaria. No se trata solo de deseo hacia el otro, sino de reconocimiento de la propia potencia: “Venus soy”, “Mi hogar”, “Renacer”. La mujer no es objeto, sino sujeto del fuego.

La presencia constante de mitología clásica no es decorativa: funciona como legitimación cultural del deseo. Eros, Ares o Psique no son citas cultas, sino arquetipos que sostienen la experiencia contemporánea.

También hay un eje de autoconciencia y emancipación: “Libre”, “Soledad deseada”, “Renacer”. El erotismo aparece vinculado a la libertad, no a la dependencia.

El libro transmite intensidad, exaltación y afirmación. Es un canto a la mujer deseante, creadora, mítica y corporal. A veces roza el exceso retórico —la acumulación de imágenes ardientes puede saturar—, pero esa misma abundancia forma parte de su identidad: es un libro que no susurra, grita.

En conjunto, es un poemario coherente, de imaginario fuerte y simbología reconocible, donde dos voces dialogan sin competir. Una aporta verticalidad mítica; la otra, latido inmediato. Y entre ambas sostienen un discurso erótico que busca dignidad, no provocación gratuita.

 Laura Redondo (flor de lis)

Es la voz de la verticalidad mítica.
En sus poemas aparece con fuerza:
La mitología explícita: Venus, Eros, Psique, Ares, Hamartía…
La invocación solemne.
El tono casi litúrgico.
La elevación simbólica del cuerpo hacia arquetipo.

Hay una tendencia a lo ascensional, a lo arquetípico, a la figura femenina como entidad casi divina o alegórica. La sintaxis suele ser más ceremonial, más enfática, con declarativas rotundas y una construcción que busca altura.

Marisol Santiago (gato)

Es la voz de la latitud inmediata.
En ella predomina:
El cuerpo en presente.
El tacto, la piel, el roce concreto.
La intimidad directa.

Una sensualidad más terrenal, más cercana al pulso cotidiano.

Aunque también hay simbolismo, la emoción nace más del contacto que del mito. Su sintaxis es algo más fluida, más conversacional en ciertos momentos, menos invocativa y más vivencial.

Dicho de manera clara:

Laura eleva el deseo al plano mítico; Marisol lo respira en la piel.

Una sube; la otra late.

Y juntas construyen un erotismo que no se queda en lo carnal ni se pierde en lo simbólico: se sostienen.

LAURA REDONDO — Verticalidad mítica

Poemas:

“Davina, Venus libre”

Análisis formal y sintáctico.

Predomina la oración enunciativa afirmativa con estructura declarativa rotunda:

“Alma soy…”

“Venus soy…”

Hay anáfora estructural en la afirmación identitaria. El verbo copulativo (“soy”) actúa como eje ontológico. No describe: proclama.

La sintaxis es clara, casi escultórica. No hay subordinación compleja; la fuerza está en la afirmación categórica.

Campo semántico.

Mitología clásica: Venus

Elevación: ascendiste, escapar del cuadro

Belleza marmórea: nácar, pliegues

Aquí el cuerpo no es solo cuerpo: es arquetipo. La mujer se despoja del manto social (“ningún manto cubre…”) y se erige como estatua viva.

No transmite erotismo inmediato. Es erotismo sacralizado.

La mujer se nombra diosa. No suplica deseo: lo encarna.

Hay verticalidad porque el deseo asciende hacia lo simbólico. El yo poético no se ofrece: se revela.

“Hamartía”

Aquí la cosa cambia y se vuelve más compleja.

Análisis morfosintáctico

El poema abre con una fórmula casi teatral:

“Permitidme presentarme…”

Uso del imperativo plural y apelación directa. Hay tono dramático, casi trágico.

El léxico incorpora conceptos abstractos: pecado, infierno, averno, fuego.

Sustantivos con fuerte carga simbólica.

La sintaxis alterna subordinadas explicativas y afirmaciones tajantes. Se percibe más elaboración que en “Davina”.

Dimensión semántica

“Hamartía” es el error trágico en la tradición griega.

Aquí el yo se presenta como figura demonizada, pero reapropiada:

“Mi silueta es de fuego mi mirada, un desafío.”

Es un poema de reapropiación del estigma.

Lo que Laura transmite aquí no erotiza el cuerpo: erotiza la rebeldía.

La mujer es fuego, pecado, desafío.

Es vertical porque se inscribe en tradición trágica, en mito, en arquetipo de mujer prohibida.

MARISOL SANTIAGO — Latitud inmediata

Poemas:

“Ojos de gata”

Este poema es paradigmático de su voz.

Sintaxis

Predominan oraciones más fluidas, con subordinadas suaves.

Hay un tono menos proclamativo y más descriptivo.

“El erotismo despierta en tus ojos de gata…”

El verbo “despierta” marca proceso, no declaración.

Campo semántico

Naturaleza: verdes campos

Sensualidad táctil: alabastro, cuarzo rosa

Animalidad femenina: gata, felina

Aquí el erotismo no es mitológico sino sensorial. Se mueve por imágenes táctiles y cromáticas.

Transmite deseo en presente.

Hay cercanía, respiración.

El cuerpo es paisaje y mirada.

No hay invocación solemne; hay observación íntima.

“La musa y el deseo”

Este texto es especialmente interesante porque introduce tensión.

Estructura

Empieza con tono descriptivo:

“Bebe estas lágrimas…”

Uso del imperativo, pero no solemne: íntimo.

Luego aparece contraste semántico:

Musa, deseo, seda.

La sintaxis es menos rígida que en Laura; hay más cadencia conversacional.

Nivel simbólico

Aquí el deseo no es mito; es conflicto entre inspiración y carne.

La musa no es diosa abstracta, es figura encarnada.

Lo que transmite: Marisol trabaja el erotismo como experiencia emocional.

Hay vulnerabilidad.

Hay anhelo.

No se eleva hacia el Olimpo; se queda en la habitación.

Conclusión comparativa

Laura Redondo construye un erotismo arquetípico, mitológico, simbólicamente vertical. Su sintaxis tiende a la proclamación y la afirmación identitaria.

Marisol Santiago desarrolla un erotismo sensorial, táctil, inmediato. Su sintaxis fluye más hacia la experiencia que hacia la declaración.

Una escribe desde la estatua que cobra vida. La otra desde la piel que late.

Y juntas generan un diálogo interesante: mito y carne, altura y cercanía, fuego simbólico y calor humano.

Este poemario no es solo un ejercicio erótico a dos voces; es una reapropiación del deseo femenino desde dos estrategias distintas. Y eso es lo que realmente le da interés.

Laura Redondo (flor de lis) eleva el deseo a categoría simbólica. Su apuesta es la dignificación por vía del mito: la mujer no es objeto del relato amoroso, sino encarnación de arquetipo. Reescribe el imaginario clásico desde la voz femenina. Es un gesto de poder simbólico.

Marisol Santiago (gato), en cambio, dignifica el deseo desde la experiencia inmediata. No necesita invocar a Venus para legitimarlo. Lo legitima en la piel, en la mirada, en la intimidad consciente. Es un gesto de autenticidad corporal.

Ahí está la riqueza real del libro:

ofrecen fuerzas distintas, pero ambas reivindican la autonomía del deseo femenino.

Si hubiera que señalar un riesgo, sería el de la intensidad sostenida: la acumulación de fuego, pasión y metáfora puede generar cierta saturación retórica. Sin embargo, esa misma abundancia es coherente con la temática: el exceso es parte del eros.

Y si hubiera que señalar un mérito claro, sería este: el libro evita que la mujer aparezca como objeto pasivo. En ambos casos es sujeto que desea, que nombra, que define, que elige.

En conjunto, el poemario funciona como un díptico erótico donde una voz representa la trascendencia del deseo y la otra, su inmediatez consciente.

Ambas, la soberanía femenina. Y eso, más allá de estilos, es su núcleo más sólido.

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