abril de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / ‘Panorama desde el puente’: Molina revienta también el Fernán Gómez

¡Mis queridos palomiteros!

Por fortuna, acudí al Teatro Calderón el pasado 23 de enero donde se celebró el estreno absoluto de esta versión de Panorama desde el puente, escrita por el neoyorquino Arthur Miller a los cuarenta años, estrenada en 1955 y considerada para muchos como una de las grandes obras del teatro del siglo XX, que además le supuso su segundo Premio Pulitzer. El pasado jueves, al sentarme de nuevo en el patio de butacas del Teatro Fernán Gómez —del que a menudo informamos— la sensación fue muy distinta y muy positiva, puesto que la obra ha crecido y ha tomado muy buen cuerpo.

Se aprecia la buena cosecha resultante del trabajo bien hecho función a función: el montaje está más afinado, más seguro en su definición escenográfica, diseño escénico y más claro en su desarrollo argumental. En este sentido, es fácil constatar que el equipo al completo ha ido puliendo detalles y ahora en Madrid sirve una propuesta más compacta y eficaz a todos los niveles.

Recordamos de qué va la historia. Eddie Carbone, estibador en el puerto de Brooklyn, vive con su mujer Beatrice y su sobrina Catherine. La llegada de dos primos italianos en situación irregular —Marco y Rodolfo, a quien Eddie acoge en su casa— rompe ese equilibrio familiar y empiezan a saltar las primeras chispas. Lo que en sí es un acto de heroicidad absoluta, discurre después por otros derroteros. A partir de ese momento, la convivencia se enrarece, los celos se desatan y las decisiones del propio Eddie empujan la historia hacia un desenlace inevitable.

Pablo Béjar, María Adánez,Rodrigo Poison, José Luis García Pérez y Ana Garcés

Javier Molina, máximo responsable del espectáculo y con la experiencia que le da su paso por el Actor’s Studio, donde es codirector, plantea una puesta en escena de corte naturalista donde exhibe sus buenas dotes como director de actores. De esta manera consigue que los intérpretes hagan de sus personajes unos seres sólidos y solventes, con buena armonía y química, y que, entre otras cosas, convivan con el uso de cámaras en directo sin corromper el conjunto.

Es más, ese toque audiovisual —qué bien funciona este tratamiento inmersivo, recogiendo al detalle las miradas de los protagonistas— es una de las razones que mantiene en vilo al público durante las dos horas de función. Para ello, Molina se apoya también en la firme y resolutiva adaptación de Eduardo Galán, que depura el texto y ajusta los conflictos sin que se pierda la esencia de la tragedia.

José Luis García-Pérez, Manuel de Andrés y Pedro Orenes 

Además, ha de ponerse en valor el trabajo técnico, que está muy bien medido, así como el diseño de vestuario (Emilio Sosa). El diseño de iluminación (Nicolás Fischel) y el de sonido (Manu Solís) ayudan a situarnos en ese Brooklyn portuario sin recargar ninguna escena; más bien logran conferirle un contexto. Por su lado, el espacio escénico es amplio y está bien aprovechado, lo que permite mover a los actores con total libertad, lo cual favorece la creación de situaciones simultáneas que enriquecen la acción. A esto se suma el excepcional trabajo coreográfico en cuanto a lo que tiene que ver con las distancias entre los personajes, las entradas y salidas, o la forma de ocupar el espacio.

Francesc Galcerán

Como era de esperar, el reparto responde con brillantez. José Luis García-Pérez construye un Eddie Carbone muy convincente, que garantiza una importante lección de teatro. El resto del excepcional elenco no desdice en absoluto de su compañero. María Adánez (Beatrice), Ana Garcés (Catherine), Pablo Béjar (Rodolfo), Francesc Galcerán (Alfieri), Rodrigo Poisón (Marco), Manuel de Andrés (Agente de inmigración y Tony) y Pedro Orenes (Agente de inmigración y Mike) están de fábula.

Por no hablar, claro, de que lo más interesante es comprobar que la obra sigue hablando de cosas muy actuales, como la llegada de inmigrantes, el rechazo al otro, los conflictos dentro de la familia, o cómo una decisión personal puede romperlo todo.

En definitiva, no estamos solo ante una versión “correcta” de un clásico, sino ante un montaje que lo agita y lo trae de lleno al presente. La propuesta de Javier Molina funciona precisamente porque no busca gustar a toda costa ni hacer el texto solemne, sino ponerlo en juego tal cual es, con sus incomodidades.

De tal manera que cuando sales del teatro tienes la sensación de haber visto algo que no te puedes quitar de la cabeza. Es demasiado reconocible. Y eso es lo que hace que este Panorama desde el puente merezca toda vuestra atención. ¡Muy recomendable! ¡Hasta el 17 de mayo!

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

LAS CARTAS DE ELIBERIA / Por una amiga
LAS CARTAS DE ELIBERIA / Por una amiga

Mi querida amiga, me hubiese gustado estar en las Rozas contigo, unas horas antes: tal vez hubiera podido evitar la…

Max Weber y Antonin Dvořák, extraños en el paraíso
Max Weber y Antonin Dvořák, extraños en el paraíso

Desde la muerte de Benjamin Franklin en 1790 al estreno de la película Stranger than Paradise de  Jim Jarmusch hay…

LAS CARTAS DE ELIBERIA / Maruja Mallo (1902-1995)
LAS CARTAS DE ELIBERIA / Maruja Mallo (1902-1995)

Mi querida Maruja: Me vas a permitir que no cuente aquí todos los secretos de tu vida que conozco, pero…