agosto de 2026

‘El toro que acariciaba la materia’, de María José Collado

El toro que acariciaba la materia
María José Collado
Ediciones En Huida, 2026
206 págs.

Nacida en Jerez de la Frontera, la escritora María José Collado pasó su infancia entre Sevilla y Essen (Alemania). Tras una etapa en Madrid, regresó a la capital sevillana, donde reside actualmente.

Su producción literaria abarca la poesía, el relato y el microrrelato, que difunde activamente a través de revistas, antologías y recitales. Dentro de su trayectoria poética destacan títulos como La luna en el laberinto, Aún la lumbre y Pájaros de cristal en el jardín de invierno. Su libro La sombra del helecho fue galardonada con el primer premio del I Certamen Andaluz de Poesía Alpujarra.

Con El toro que acariciaba la materia (Ediciones En Huida), María José Collado se adentra en la narrativa a través de una saga familiar andaluza que abarca desde finales del siglo XIX hasta los años setenta del siglo XX.

Sin abandonar su sensibilidad lírica —reflejada en las imágenes y en los poemas intercalados—, la historia comienza en el pueblo imaginario de Montefresco y se desplaza luego a una Sevilla que late como un organismo vivo, marcada por la guerra, la represión y las tensiones sociales.

Los personajes toman alternativamente la palabra para desgranar sus vidas y las ajenas. Patrocinio inaugura un relato coral por el que desfilan su hija Remedios, su yerno Jeremías y su descendencia —Cecilia, Catalina, Adelaida o Fuensanta— entre la que emerge con fuerza la figura de Daniel. Su formación como escultor e imaginero, su matrimonio con Luisa, la frustración por no tener hijos y su progresivo descenso a los infiernos constituyen el eje central de la segunda parte del libro.

Esta crónica íntima se entrelaza de forma constante con la memoria colectiva. A través de las noticias que Remedios escucha en la casa donde sirve, el lector asiste a hitos como la Primera Guerra Mundial o la Exposición Iberoamericana de 1929. El avance del siglo traerá el dolor de la Guerra Civil, los ecos de la represión de Queipo de Llano y el drama del canal de los presos, retrato de una Sevilla marcada por el estraperlo, el racionamiento y las riadas de 1947 y 1961.

Merced a este recurso literario crea la autora un sugerente contraste entre la intimidad del hogar y un mundo exterior en plena transformación. Al mismo tiempo, reivindica el papel de esas mujeres humildes que la historia oficial acostumbra a dejar en los márgenes.

Figuras como Patrocinio, Remedios, Cecilia, Catalina, Adelaida, Fuensanta o Luisa encarnan, en mitad de la gran Historia, las diferentes respuestas femeninas ante un entorno hostil, donde el matrimonio constituye una estrategia de supervivencia. Es el caso de Remedios, para quien el cura don Cristóbal —en su afán por convertir a Patrocinio en su amante— concierta su unión con Jeremías, un antiguo cabrero y mozo de cordel. A partir de ese momento, el destino de la joven queda encadenado a las interminables jornadas de trabajo, los embarazos sucesivos y la sumisión a un esposo alcohólico, violento e insensible.

Para Remedios, las relaciones conyugales son una obligación impuesta, un penoso añadido a su declive. Cecilia, obligada a abandonar la escuela para cuidar a sus hermanos, transforma su frustración en crueldad. Catalina representa, en contraste, la bondad y la vocación musical. Luisa, por su parte, sufre el duelo de los sucesivos abortos y la infidelidad de Daniel. Finalmente, Adelaida encarna la ruptura y el pensamiento crítico; su amor por la lectura, la astrología y la emancipación de la mujer perfilan un personaje que, por su sintonía social y feminista, evoca directamente la figura de la autora.

La novela, pues, rinde homenaje a la resistencia silenciosa de unas mujeres que sostienen el peso de la vida familiar, incluso cuando sus destinos quedan definidos por la entrega, el sufrimiento o el yugo de los varones.

La estructura polifónica de la obra, donde los personajes hablan en primera persona, funciona como un juego de espejos. Esto permite observarlos desde perspectivas diversas y confrontar la imagen que cada uno tiene de sí mismo con la que proyecta en los demás. Así, Jeremías reconoce retrospectivamente su egoísmo, su cobardía y su incapacidad para dar afecto; Cecilia confiesa su crueldad y Daniel se interroga sobre las heridas causadas por su propio orgullo, su ira y sus excesos.

Además, la pluralidad de narradores se desarrolla dentro de una notable unidad estilística. A pesar de sus diferencias de edad, formación y temperamento, los personajes comparten un registro preciso, reflexivo y cuidado que aporta cohesión. Más que buscar una diferenciación lingüística marcada, la autora construye una memoria colectiva en la que las distintas voces se complementan.

María José Collado concede especial importancia al recuerdo y al inventario de los acontecimientos, por lo que predominan el estilo indirecto y la perspectiva evocadora sobre el diálogo. Y una visión amorosa o reivindicativa hacia estas vidas difíciles, llenas de sufrimiento, crueldad y desamparo.

Con estilo depurado y conciso, exhibe la autora su conocimiento de las costumbres y los oficios populares de Andalucía y Extremadura. El uso preciso del léxico doméstico –visible en palabras como jofaina, jícara, picón, mozo de cordel– nos acerca la atmósfera y la realidad material de la época.

El retrato de la Sevilla popular se nutre de mercados, pensiones, antiguos talleres, olores y sabores tradicionales. La ciudad se descubre desde el bullicio de sus calles y no desde su monumentalidad, y cobra vida merced a una rica galería de personajes. Imágenes tan potentes como la de los pájaros fritos, descritos como cadáveres sin memoria de su vuelo, condensan a la perfección la constante dualidad entre lirismo y crudeza que recorre toda la obra.

La prosa adquiere una intensidad especial al detenerse en los detalles cotidianos, en imágenes cargadas de simbolismo. La agudeza visual se entrelaza con reflexiones sobre la memoria, el tiempo y el destino, temas que atraviesan la novela y le otorgan una honda resonancia emocional. Del mismo modo, metáforas como el moscardón molesto del tedio o la humedad es un reptil que avanza por las calles evidencian una escritura donde la narración y la sensibilidad poética se funden.

En los monólogos de Remedios y de otros personajes asoma por momentos un tono desapasionado.  Los acontecimientos se presentan con nitidez, brevedad y contención. Esa distancia psicológica podría interpretarse como mecanismo de defensa de quienes están curtidos en la desgracia.

La dimensión lírica de la narración se hace más patente en los poemas diseminados en el texto, que abarcan desde creaciones de la autora hasta versos de Kipling o la letra de la copla El día que nací yo. Composiciones que, a menudo, manifiestan aquello que los personajes no logran expresar con palabras. Así, el poema de Agustín Rodríguez funciona como un trasunto de la frustración de Daniel ante la falta de hijos y el desgaste de su matrimonio: Guárdate tu dolor, mujer / con el mío me basta.

Especial relevancia posee Fotografía, poema atribuido al ficticio autor alemán Franz Metz. A partir de una instantánea familiar —un documento también imaginario—, los versos recorren el destino de los personajes para entrelazarlo con el fracaso de la República y el advenimiento de la dictadura. Este juego apócrifo funciona como un sugerente reflejo metaliterario.

Llama la atención la visión sombría y descarnada del sexo. Para Jeremías es brutalidad y dominio; para Daniel, compulsión, narcisismo y una insatisfacción que el placer físico no consigue remediar. Las mujeres aparecen a menudo seleccionadas, pagadas o utilizadas como cuerpos intercambiables. Este enfoque muestra la degradación moral y afectiva de los dos personajes masculinos, al tiempo que pone de manifiesto la cosificación sufrida por las mujeres y permite al lector adoptar una posición crítica.

A su vez, la mirada realista y social convive con una vertiente esotérica: cartomancia, astrología, percepciones extrasensoriales, karma y vida después de la muerte. Apertura espiritual que enlaza con uno de los motivos centrales de la novela: la fuerza inexorable del destino, que parece regir la vida de los personajes y confiere a la novela un profundo sentido moral.

El título es una clave potente para entender al protagonista. El toro que acariciaba la materia reúne las dos facetas contrapuestas de Daniel. El toro representa su energía instintiva: el deseo sexual, la ira, la violencia y la tendencia a embestir contra cuanto lo rodea. Pero esta misma fuerza alimenta su capacidad creadora, su caricia. La materia es el cuerpo y la madera o la arcilla que el escultor transforma con sus manos.

La elección del verbo acariciar resulta muy significativa. Frente a la brutalidad de la embestida, la caricia exige delicadeza. Daniel puede ser destructivo en sus relaciones personales y, al mismo tiempo, tratar la materia artística con sensibilidad. El trabajo se convierte en su principal posibilidad de redención y en la única descendencia que puede legar. No lo libra de sus contradicciones ni del daño causado, pero evita su destrucción absoluta y permite que algo de él sobreviva.

La estructura de narradores múltiples constituye uno de los principales aciertos de la novela, pues permite contemplar la crónica familiar desde diferentes perspectivas. Asimismo, la obra alcanza una especial intensidad en la evocación de ambientes y en la unidad estilística de sus distintas voces, lo que responde a la voluntad de la autora de construir un relato cohesionado.

En suma, El toro que acariciaba la materia destaca por su ambición cronológica, su rigor histórico y su empeño por rescatar la memoria intergeneracional. La pieza brilla en su plasmación de la vida cotidiana, la recreación de la Sevilla popular y el enfoque compasivo hacia las mujeres humildes; todo ello coronado por la compleja contradicción entre la sensibilidad artística de Daniel y su cuestionable moral.

En su conjunto, la novela de María José Collado ofrece un extenso fresco en el que historia, sufrimiento y creación quedan unidos por la lucha del individuo contra un destino que, en demasiadas ocasiones, parece escrito de antemano.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Arena negra de Verónica Avilés Calderón
Arena negra de Verónica Avilés Calderón

Arena negra Verónica Avilés Calderón Editorial Cuadranta, 2022 Arena negra es una novela corta. La autora, Verónica Avilés Calderón, con…

Medardo Fraile y la plural, rebelde y resistente generación del  50 (y II)
Medardo Fraile y la plural, rebelde y resistente generación del  50 (y II)

Con la luz de atardecer, sobresaltada y triste, Se salía a las calles de un invierno Poblado de infelices gabardinas…

‘El Jardín de Villa Valeria’ de Manuel Vicent
‘El Jardín de Villa Valeria’ de Manuel Vicent

El Jardín de Villa Valeria  de Manuel Vicent Alfaguara, 1999   Manuel Vicent es un escritor valenciano, nacido en Vilavella en…