marzo de 2026

Un libro, una biblioteca, la Biblioteca Nacional de España

Un libro es algo más que una mera acumulación de hojas escritas y encuadernadas. Es la concreción de una serie de pensamientos con un propósito, reunidos en un contexto concreto que une el momento (marco histórico), el lugar (marco geográfico) y el pensamiento (marco cultural).

Multitud de ideas, pensamientos, datos, experiencias, enseñanzas, normas, creencias, valores, etc., se transmiten en los libros y, por ello, la diversidad de obras escritas y su clasificación, atendiendo a su finalidad. El universo de la producción literaria nos abre nuevos horizontes, tanto individualmente (dimensión personal) como a nuestro grupo humano (dimensión social), transmitiéndonos todo lo que la potencia de nuestros lenguajes es capaz. No por repetido es menos significativo que los libros nos permiten hacer viajes, que nos dotan de alas con las que alzarnos hacia nuevos horizontes donde poder experimentar multitud de experiencias, a veces agradables, otras no, e incluso contradictorias.

Un libro nos pudo llevar a sentirnos espectadores privilegiados del deseo de venganza del héroe griego Aquiles, cuando superando la ira, «la cólera de Aquiles», por haberse quedado Agamenón con su botín de guerra (Briseida «la de hermosas mejillas»), vuelve al combate arrastrado por el deseo de venganza contra Héctor, quien había matado a su compañero Patroclo.

Un libro nos lleva a la meseta castellana, presenciando la embestida de un caballero andante que, dando espuelas a su caballo, acomete a su enemigo y al mismo tiempo que nuestro caballero se encomienda a su amada, ve gigantes contra los que no muestra miedo. Por el contrario, su escudero tiene otra visión de la realidad: solo ve molinos de viento, advirtiendo a su señor de lo descabellado del asunto.

Un libro nos podrá llevar a la oscuridad y el silencio en una buhardilla de unos almacenes en la ciudad de Ámsterdam, donde una niña de trece años lucha por sobrevivir contra el mundo exterior y a la vez intenta mantener su mundo interior. Podremos escuchar algunos movimientos e incluso, si permanecemos más tiempo en ese lugar, ser testigos del movimiento de la humilde librería que esconde la entrada. También podremos leer algunas de las líneas escritas durante más de dos largos años oculta de sus futuros asesinos: «Toda persona tiene dentro de él algo bueno», «Déjame ser yo misma», «Es difícil en tiempos como estos pensar en ideales, sueños y esperanzas, solo para ser aplastados por la cruda realidad», «Es un milagro que no abandone todos mis ideales», «No pienso en la miseria, sino en la belleza que aún permanece».

No habrá sido muy difícil darse cuenta de las tres obras indicadas: la Ilíada, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y La casa de atrás, conocida como El diario de Ana Frank. Las tres nos transmiten historias humanas que no solo nos ayudan a conocer los marcos inicialmente citados (histórico, geográfico y cultural), sino que también nos muestran la complejidad del ser humano: sus miedos y esperanzas, sus alegrías y tristezas, sus celos, sus bondades, su amor hacia tantas cosas y tantos seres; en definitiva, tratan de nuestra naturaleza humana.

Esa maravilla que puede llegar a ser un libro espera callado y paciente a ese futuro lector o lectora, quieto, esbelto, mostrando su título en el lomo como único reclamo. La institución cuyo encargo es conservarlos, clasificarlos y prestarlos, además de adquirirlos, es definida como biblioteca. Cualquier biblioteca es un tesoro, desde la personal, íntima y minúscula, hasta las de barrio, instituciones educativas, comunidades autónomas o estatales. Además, toda biblioteca es una representación del alma de su creador, donde no solo podemos intuir sus preferencias, sino también sus deseos de lectura, pasados, presentes e incluso futuros, representados en esos ejemplares adquiridos para ser leídos en momentos proyectados en nuestra imaginación. En la mía conviven una pequeña parte de libros heredados de mis padres, que constituyen ese único y maravilloso tesoro sentimental heredado, junto a los leídos y los que esperan una jubilación para ser leídos con la placidez propia del retiro laboral.

Si nos referimos a grandes instituciones, cuyo cometido anteriormente hemos citado, es la Biblioteca Nacional de España, la que llega a abrumarnos, tanto por su número de ejemplares como por su relevancia.

La actual Biblioteca Nacional de España (BNE) inicia su andadura el 1 de marzo de 1712 como Real Biblioteca, con la particularidad de estar abierta a estudiosos, los cuales debían entrar por el Pasadizo de la Encarnación, ubicado en la actual Plaza de Oriente. Dicho pasadizo tuvo su origen en la necesidad de conectar el Real Alcázar de Madrid con el convento de la Encarnación, evitando a la familia real transitar por la calle para realizar dicho trayecto. Las obras de acondicionamiento del pasadizo para comunicar con la nueva biblioteca fueron realizadas por Teodoro de Ardeman.

La Real Biblioteca toma como modelo la Bibliothèque du Roi, construida por Carlos V de Francia (1364-1380) y especialmente por Luis XI (1461-1483), siendo el germen la futura Biblioteca Nacional de Francia.

Otra influencia en su génesis viene de la mano del jesuita Pedro Robinet, consejero y confesor de Felipe V. Robinet presentó al monarca el proyecto de la futura Biblioteca Real, siendo firmado por el rey el 29 de diciembre de 1711.

En 1809, debido a los trabajos de ampliación en zonas anexas al Palacio Real, la biblioteca es trasladada al Convento de los Trinitarios Calzados, ubicado en la calle Atocha. Esta ubicación se mantendrá hasta 1819, cuando una reclamación ante Fernando VII de la orden trinitaria obligará a reubicar la biblioteca en la sala del Consejo del Almirantazgo, en el Palacio Real. No será el último traslado de la Biblioteca Real: en 1826 se establecerá en un inmueble adquirido al marqués de Alcañices, en la actual calle Arrieta, esquina con la calle de la Bola.

El 28 de noviembre de 1836, la biblioteca pasa a denominarse Biblioteca Nacional, dependiendo del Ministerio de la Gobernación de la Península. La actual configuración física de la BNE inicia su andadura el 21 de abril de 1866, cuando la reina Isabel II coloca la primera piedra del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales en el paseo de Recoletos, según el proyecto del arquitecto Francisco Jareño Alarcón y posteriormente de Álvaro Rosell y Antonio Ruiz de Salces. Las dificultades políticas y económicas del siglo XIX condicionaron y paralizaron la ejecución de las obras, las cuales finalizaron en 1892, abriendo sus puertas al público el 16 de marzo de 1896.

En 2009 recibió su actual denominación, Biblioteca Nacional de España, habiendo transcurrido 297 años, cinco ubicaciones y experimentado importantes transformaciones que la han configurado hasta sus actuales características.

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