Cuando florece el limonero
Bernat Vidal
Prólogo: Emma Prieto
Editado por Factor Poético, 2025
Nº de páginas: 80
La humildad de la perfección
Cuando florece el limonero es un libro de haikus que rezuma naturaleza y el delicado aroma de los libros que se adaptan a las manos del lector. Con una cuidada edición, esta colección de haikus es fiel a la poética japonesa de la que emana. Su autor, Bernat Vidal, se ha acercado a este proceso de creación con respeto y afincándolo sobre las bases establecidas por la escritura occidental para la estrofa japonesa.
El libro es estacional. Discurre a través de las estaciones del año, al igual que la floración del limonero, un humilde árbol frutal que, pese a florecer en primavera y otoño, es también capaz de hacerlo en las otras dos estaciones del año; es decir, siempre florece, es una acción sin fin, como los ciclos en los que progresa. Con esta metáfora vegetal Bernat Vidal atraviesa esos cuatro tramos temporales de forma contemplativa y reflexiva. El azahar del limonero (del árabe al-azahar, que significa flor blanca) es símbolo de pureza y de vida, y su floración es transversal a las cuatro estaciones. Al igual que los haikus son transversales al sentimiento vital de su autor.
Bernat Vidal Rodríguez desarrolla otra faceta creativa de forma profesional: trabaja la piedra, la corta, la pule, le da forma, la habilita para ser un ente admirado con dotes de comunicación. Esa relación estrecha con la parte más sólida de la naturaleza puede ser que haya despertado en él la delicada sensibilidad, personal y silenciosa, que se debe tener para ser un haijín. La percepción del instante en el entorno más esencial para el ser humano y la capacidad de forjarla en palabras que sostengan el sentimiento en el tiempo. Esa es la naturaleza de la captura emocional que nos muestra. Como él mismo indica en el texto introductorio del libro, los haikus me sirven para recordar.
Una amapola
se desangra en el prado,
viento racheado.
Todos al este
como autómatas miran
los girasoles.
Flores de ciruelo
anuncian primaveras
por las cunetas.
Mientras que la técnica escultora es tenaz y persistente y requiere de una larga dedicación temporal, el autor nos confiesa que el poema surge de forma espontánea: Los poemas me asaltan sin horario mientras siento la vida… Esa es la prueba de que posee una intuición poética natural que aflora en el crucial momento del ensimismamiento. La contemplación y el silencio junto con la capacidad reflexiva que el haijín emplea para interiorizar lo que la naturaleza le ofrece, para hacerle partícipe, están presentes en este pequeño y excelente libro, que el Bernat Vidal ha tratado con un gusto y un respeto exquisito. Porque, como indicó Basho Zodan en sus Anotaciones sobre Basho: El poeta (…) se debe «vaciar» de su «yo» y de la conciencia de ese mismo «yo» como sujeto. Es decir, tiene que ser sólo espejo.
Es digna de mención, la perspectiva humana que hay en algunos de estos haikus. Es un recurso que comenzó Yosa Buson en el siglo XVIII y que ha sido utilizado desde entonces por los maestros de este arte poético. Bernat Vidal consigue que esta inclusión de lo humano esté siempre asentada en lo natural y sea este factor, por tanto, el objeto real del poema:
Noche de San Juan
a lo lejos las llamas.
Nació el verano.
Llegó febrero
las mimosas en flor
tu amor reclaman.
Esa flor blanca
simula ser tu rostro,
casi me engaña.
Cuando florece el limonero es un libro de belleza que existe con la humildad innata en lo natural y que perfila el delgado límite que existe entre el alma que contempla y el objeto contemplado. Quizás no haya nada más sencillo, ni nada más difícil en el arte de escribir.












