marzo de 2026

‘Cantar el infinito’, de Irene de Juan Bernabéu

Cantar el infinito: música y palabra en torno al imaginario romántico
Irene de Juan Bernabéu
Medio Tono Editorial, 2025
Nº páginas: 308

CANTAR EL INFINITO, LA BELLEZA DE LA MÚSICA

La editorial Medio Tono ha publicado el libro de Irene de Juan Bernabéu, Cantar el infinito. Irene es graduada en Musicología por la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid. Además, es pianista y ha trabajado largo tiempo en Radio Clásica y para instituciones como la Orquesta y Coro Nacionales de España o el Teatro Real, etc.

Cantar el infinito es un bello libro centrado en el Romanticismo en la música clásica, con la estética de la prosa cuidada de la autora. El amor que se filtra en el recorrido por los autores y las obras va dando lugar a un mosaico, un paisaje telúrico, donde vamos sintiendo el apego de la música a la tierra, que despega de lo mundano para llegar a lo eterno. Esta simbiosis entre la vida y lo celeste alcanza grandes hitos en los comentarios de los autores que Irene de Juan Bernabéu analiza.

En el prólogo ya nos dice Juan Carlos Garvayo, lo siguiente:

Cantar el infinito celebra, para nuestro inmenso disfrute, la cima histórica de este parentesco fraternal en el arte y en el pensamiento románticos, o, lo que es lo mismo, la rara confluencia perfecta entre significante y significado”.

Y en el libro nos habla de Beethoven, de Liszt, de Brahms, de Shummann, todo es un enorme conjunto sinfónico, donde baila el lenguaje para abarcar la tonalidad apropiada, se percibe el inmenso amor de Irene por la música y la gran investigación que hay en cada página.

Dejo pinceladas de este gran libro, de Beethoven dice:

“Beethoven es un compositor inclasificable, un clásico que rompe con el clasicismo y abre camino hacia una nueva forma de expresión y concepción de la música”.

Esa contraposición, clásico que rompe con el clasicismo, ya compone el arte del libro, crear opuestos que se conjugan y que encuentran su nexo común, porque la música es un todo, un arte sublime, que no necesita palabras para expresar lo máximo.

De Liszt hablará también y de su amor por la literatura, porque las palabras son también un espacio musical, son corcheas, tienen pentagramas. Ese juego del lenguaje que el pianista supo ver, al crear su música:

“El amor de Liszt hacia la literatura se manifestó acuciante en mitad de una crisis espiritual sufrida entre 1827 y 1830. Liszt fue un niño prodigio. Su primera aparición pública como pianista tuvo lugar cuando tenía nueve años y, desde entonces, había recorrido buena parte de Europa como pianista”.

Fue un virtuoso del piano que enamoró a múltiples mujeres y que encontró en las notas el paisaje del alma. Irene de Juan Bernabéu es la amanuense que va trazando el códice de ese mundo del romanticismo, que penetra en la música y nos ofrece el concierto entero.

Y de Wagner dirá, como si el compositor estuviera más allá de lo humano, lo siguiente:

“Wagner creyó en el infinito. Su imaginación, ambición y megalomanía desbordantes le dieron alas para sentir que podía cambiar el mundo entero”.

Volar alto, para llegar al cielo, expresar en la música el viaje hacia lo eterno. Y otro gran amante de la literatura y la poesía fue Brahms, lo que refuta la idea que quiero mantener en esta crítica: son artes que se besan, que encuentran sus cuerpos para deslizarse en el tiempo, para perfilar la belleza:

“Brahms fue un gran amante de la literatura y la poesía. Hablar de su relación con la palabra podía haber llevado fácilmente al género del lied…”.

Irene de Juan Bernabeu habla de compositores y de sus obras, ya adentrada en el espacio donde descifra el códice de la música, en el refectorio donde conoce los tonos, la melodía, los temas de las obras. Consciente de un amor eterno, escribe este Cantar el infinito que es un regalo para el lector, donde las palabras son música y la vida se eleva hacia más allá de la muerte.

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Archivo Entreletras

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