enero de 2026

‘El grito en el cielo’, de Enrique Solinas

El grito en el cielo
Enrique Solinas
Editorial Pre-Textos, Colección “La Cruz del Sur”, nº 1.940
Valencia, 2025
48 páginas

Fue en 2022, y gracias a la Editorial Pre-Textos y su Colección “La Cruz del Sur”, cuando llegaron a España los versos de Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969); voz destacada no sólo dentro del panorama argentino actual sino también en todo el ámbito literario de Iberoamérica. La antología El gruñido y otros poemas, dada a conocer en 2011 por el espléndido sello bonaerense Ruinas Circulares, facilitó a muchos lectores el conocimiento de buena parte de una creación comenzada allá por 1990; creación cuyo importante caudal ha seguido creciendo desde entonces. Así, las publicaciones sucesivas de Corazón sagrado (2014), Barcas sobre la zarza ardiente (2016) y El Libro de las Plegarias (2019) precedieron al alumbramiento, ya en nuestro país y en el citado 2022, de El pozo y la cima, en lo que representó un inestimable impulso que ahora ha encontrado continuidad en el bello, sucinto, pulcro hasta la exactitud e incesantemente conmovedor poemario titulado El grito en el cielo —con la firma prestigiosa de Pre-Textos, una vez más, como casa editora—.

El lirismo de Enrique Solinas —ese “lirismo esencial” al que Paulina Vinderman se refirió en sus palabras introductorias a la citada antología El gruñido y otros poemas— encuentra en El grito en el cielo la ocasión para el despojamiento máximo; y no es sólo que la concisión y la desnudez del nuevo libro alcancen mayores cotas que las ya propuestas especialmente en El pozo y la cima: es que los veinticuatro poemas de El grito en el cielo, con sus versos escuetos y su sencillo discurso estructural, callan muchísimo más de lo que dicen, conscientes de que la inmensa pena que los inspira precisa del cobijo del pudor para quintaesenciar el canto, para ahondarlo con cabal sinceridad. Estamos, verdaderamente, ante una elegía silenciosa de la que, no obstante y por fortuna, sí que aciertan a llegarnos las más delicadas quejas y los más depurados acentos. Bien mirado, podría decirse que El grito en el cielo representa la prolongación natural de mucho de cuanto había sido dicho en El pozo y la cima, sobre todo de cuanto había pivotado en torno a los temas de la fragilidad de la vida y la conciencia de lo efímero. Así, en el poemario de 2022, y, para ser exactos, en el poema titulado “Corazón, corazón”, podíamos leer: “No hay nada más triste / que saber // que todo ha de morir, // que todo ha de morir / y que es inevitable”; mientras que en el libro aparecido ahora nos encontramos con ese mismo corazón “como pájaro en vuelo” en sus latidos, cuando todo ya “es lejos / y es tarde”, y cuando ya “nadie / mira // el corazón // dispuesto // de quien ama”. Bajo el prisma de la pérdida del ser amado y deseado, la soledad y la ausencia, pues, se erigen como los dos asuntos capitales de El grito en el cielo. “Yo vi la muerte (…) / Y desde entonces, // sólo desde entonces, // he dejado / de ser // el que he sido (…) Pasen y vean / encontrarán / lo que resta: // ésta es mi casa, // éste es mi corazón / en soledad”, leemos en el impactante poema titulado “Transformación”.

Con todo, no debe olvidarse uno de los elementos motrices imprescindibles en la creación de este sobresaliente escritor que es Enrique Solinas: el poder y la trascendencia del poema mismo, de la misma escritura, e incluso del mero hecho de escribir. En El pozo y la cima leíamos: “La poesía es esa voz / que nace del cielo”; con lo que ahora, en buena lógica, a este Grito en el cielo de la poesía, de la escritura, se le encomienda la “voluntad de verdad”, y la custodia de un –se diría- omnímodo deseo de “acortar las distancias”, “reconstruir el mundo conocido”, “ahuyentar el miedo”, “unir el cuerpo dolorido” y “alcanzar el futuro”. ¿Poesía “como forma de plegaria”, por tanto? Sin duda como senda hacia el conocimiento —“(…) en el momento exacto, / siempre, siempre, // algo ha de llegar / y algo ha de partir // para que todo sea”— y como luz posible de la esencia: “Estoy desnudo / como una verdad”.

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