julio 2022 - VI Año

‘Buitrera’ de Manuel Moya

Buitrera
Manuel Moya
Pre-Textos, 2022

Seis días de septiembre de 1948. Ese es el espacio temporal de la nueva novela de Manuel Moya. Un tiempo y un texto que al lector se les hace corto a pesar de sus más de trescientas páginas de una prosa absorbente y líquida, como el agua que se escapa del cuenco de las manos cuando pretendemos beber de él. Tal que la vida, un suspiro, al fin y al cabo.

Manuel Moya es un reconocido poeta, narrador, crítico literario, editor y traductor nacido en Fuenteheridos (Huelva) en 1960; lugar, dicho sea de paso, de donde no hay quienes lo saquen como no sea a trompicones y por cuestiones las más de las veces vitales o de subsistencia; o sea, para las cosas del comer, se entiende. Pero, es que Manuel Moya, aparte de escribir con su ortónimo lo hace también con una ristra de heterónimos a cuestas, tanto masculinos como femeninos, de los que hoy no toca hablar. Mano de santo tiene Moya para enhebrar historias y no es porque lo diga este lector, sino por los múltiples reconocimientos que ha obtenido a lo largo de sus casi cuatro décadas de consagración al noble arte de forjar versos, relatos o novelas y que no cabrían en este vuelapluma que hoy escribo. Porque yo creo que Manuel Moya nació sabiendo escribir y por eso es un adelantado en este asunto del decir, del contar cosas y poner todas las letras en su sitio para que al final el poema, el cuento o la novela parecieran cinceladas en mármol; vamos, sin posibilidad de tachadura ni borrón posible. Eso es Moya, aparte de un lector empedernido, un tipo con un ojo para estas materias que ya lo quisieran para sí muchos escribientes de los que andan o andamos por esta marabunta de la literatura.

Pero, vayamos con “Buitrera”, su última puesta de largo en las alacenas de las librerías y con la que ha conseguido esta vez el Premio de Novela Ciudad de Estepona 2021, y que ha sido publicada el mes pasado por la editorial Pre-Textos en una cuidada edición.

Seis días, decíamos. En seis calurosos días de septiembre de 1948, un grupo de carboneros se pone en marcha hacia un lugar cercano a la raya portuguesa existente en el noroeste de Huelva, en donde han sido contratados para hacer una buena ciscada de la que poder extraer unas perras para seguir malviviendo o simplemente, comiendo, que con eso basta según qué lugares y tiempos. Y en la España de aquella época, a menos de una década de finalizada la guerra civil que dejó este país manga por hombro y en donde el hambre venía como de serie cuando uno nacía, cualquier tarea era buena por muy dura que fuera si con ella se podía calmar las ansias de llevarse a la boca cualquier cosa que pudiera masticarse.

Utilizando como espacio casi todos los pueblos que hoy componen lo que se denomina el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche y que Moya conoce a la perfección, por los que los personajes de la novela van brujuleando, cada cual, con sus motivos en la sesera, el grupo de cisqueros es confundido por un capitán de la guardia civil por una cuadrilla de maquis a la que le sigue el rastro más tiempo del que deseara. Alertado por informaciones que resultan ser erróneas, la tragedia se precipita como en la fábula del alacrán y la rana, como algo natural.

Con “Buitrera”, Manuel Moya vuelve a hacerle un regalo a los lectores y también un nuevo homenaje a la tierra que le vio nacer, en la que vive, y me atrevería a decir, de la que nadie lo sacará jamás porque forma parte del aire, del agua, de los árboles, de las nubes, de los colores, de los pájaros, de los riachuelos, de los barrancos, de los edificios y de los hábitos de los moradores de esos pueblos y aldeas.

La lectura de “Buitrera” supone también una defensa de un lenguaje que poco a poco está quedando en desuso y que Moya recupera para el devenir, acompañando el texto con un diccionario que hace de epílogo y que nos permite entender algunos diálogos de los personajes y los nombres de multitud de enseres que ya están en desuso.

Y por último y más importante, esta novela de Moya, de lo único que habla es de la condición humana. Usted mismo.