mayo 2022 - VI Año

‘Principios y continuaciones’ de Marisa Martínez Pérsico

Principios y continuaciones
Marisa Martínez Pérsico
Editorial Pre-Textos
Colección “La Cruz del Sur”, nº 1.710
Prólogo de Joan Margarit
Valencia, 2021
100 páginas

Hermosa obra recorrida por extraños y fecundos equilibrios, Principios y continuaciones parece invitarnos a jugar, de entrada, con su mismo título en nuestra imaginación. Todo parte, sí, de unos versos debidos a Wislawa Szymborska (“Todo principio / no es más que una continuación, / y el libro de los acontecimientos / se encuentra siempre abierto a la mitad”), pero cómo resistirse a flanquear de interrogaciones ese título de tan sutiles márgenes; por no hablar de lo tentadora que resulta la traviesa pirueta de trocar sin esfuerzo la conjunción copulativa por otra disyuntiva. El caso es que, casi inmediatamente después de habernos revelado su cálida visión de Finlandia –bajo el radio de acción hispano-chileno de RIL Editores-, Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, 1978) ha decidido poner sobre la mesa, ahora con la Editorial Pre-Textos, un libro a caballo entre el tono confesional y una aparente multiplicidad de perspectivas en torno al sujeto poético; entre el lirismo sin rebozo y un gusto sostenido por las referencias intelectuales, literarias, artísticas, incluso científicas, que ubican muchas veces el discurso en la órbita del poema culturalista; entre el desamparo y una ternura consustancial de fondo que es absoluta marca de la casa. El añorado Joan Margarit dejó dicho, en el prólogo de este volumen, que aquí el lector “aprende de golpe que no va a haber compasión para él (…)”; a tenor de lo apuntado líneas arriba, en verdad no habrá de sorprendernos que, prácticamente a renglón seguido, el autor de Joana y Casa de misericordia, Premio Cervantes 2019, matizase su aserto del siguiente modo: “Hallará comprensión (…), los buenos poemas no pueden (…) no consolar”. Sólo que, si en Finlandia las derrotas suponían una ocasión para la fraternidad en el decurso del destino humano, este nuevo libro, Principios y continuaciones, cautiva por la extraña intemperie de su temblor inevitable. Como si el fiel de la balanza que intuimos detrás de cada sereno poema se hallase, en realidad, más allá de sus rítmicos versos y de la materia misma del idioma. Como si una partitura a la que suponíamos bajo la bóveda del diatonismo, si acaso veteada de algunos conglomerados cromáticos, de pronto nos mostrara sus auténticas armonías modales, su naturaleza esquiva y, sin embargo, entrañable en la recreación sonora del mundo que propone.

A lo largo de los cuarenta y siete poemas del volumen, repartidos en seis sucintos segmentos (“Conversaciones con mar”, “Modos de ver”, “Linajes, interrupciones”, “Relación de ausencias”, “Las palabras”, “Ciudades interiores”), el amor va afianzándose como tema principal: “Poema. / Palabra // Haz que suene el amor, aunque yo esté callada”. Afianzándose o, mejor, esclareciéndose a medida que el despliegue de texturas a propósito del sujeto poético se torna menos polifónico, por así decirlo. Y conforme el lector avanza por el viaje de la edad, y por su correlato de decisivos aprendizajes (“Que el mundo del futuro te sea más liviano. / No verán ese reino / los peines de esta casa”; “Sentirás en el cuerpo el desengaño (…) / lo arbitrario que anuda los nombres a las cosas / en futuros destinos que te aguardan”). De tal manera, en la página que lleva por título “Meditación nocturna”, nos es dado encontrar uno de esos pasajes de plena consonancia en los precarios aunque posibles equilibrios, cuando “la vida nos parece / un estupor de agendas”, pero “la calma / (…) nos da la cifra exacta / que se ajusta a un dolor”. “Cuadro de cielo con siluetas” ya es un pleno poema amoroso, o de inventada nostalgia a través del sentimiento amoroso. Las imágenes se desatan en el erotismo de “Desnudo sentado en un diván (Modigliani, 1917)”, con reseñables hallazgos en torno al peligro y al vértigo (“Caminan por el lienzo vacío de tus ojos / alacranes perfectos, sin pinzas del dolor / (…) paredes sin espejos que refractan latidos / como grietas de cal”). Paralelamente, la inclinación por las referencias culturales impregna incluso la formulación de los tropos –“…aquí donde la luna empalidece de basílicas”-, y, en ocasiones, el humor y esa faceta culturalista del libro, tan destacada, se reúnen, con sencillez pero con virtuosismo, en páginas como el poema que cierra la cuarta de sus partes, “Consolación cuántica con fondo de bolero”. Otro tipo de resonancias traería a colación la “Balada del paseo por el Monte Gianicolo”, cuyo clima podría evocar las fascinantes melodías de amor de Ottorino Respighi en Pinos de Roma. Pero deliberadas disonancias en la imaginería (“Chicas blancas y frías como el mármol / de angélicos cabellos sin agua oxigenada”) preparan la confrontación de un puro lirismo como el petrarquista con la visión del amor en nuestro tiempo. E incluso la realidad invasora de las nuevas tecnologías acabará irrumpiendo en los dominios de la memoria sentimental.

Si “el libro de los acontecimientos / se encuentra siempre abierto a la mitad”, según la gran Wislawa; si nuestras existencias y nuestras experiencias hacen siempre su aparición in medias res en el libro del mundo; y si nada se pierde y todo se transforma, recordando aquello de don Antonio Lavoisier, fundador de la química moderna, Marisa Martínez Pérsico opta por abrazar el natural sucederse y transformarse de las cosas. Incluso del amor. “También las caracolas / van tocando a solas su sonata profunda / en recuerdo del mar”, leemos en el poema “Autoerotismo de los moluscos”. Principios y continuaciones defiende con belleza, pues, la conjunción copulativa de su título: lo que sucede y se transforma, suma. Y cuanto suma ha de cantarse. Consoladora y entrañablemente. Que la palabra, al igual que la hiedra en la tapia propicia, “sabe trepar robusta y sigilosa / por su herida de luz”.