diciembre 2021 - V Año

‘El nombre de las cosas’ de Ricardo Martínez-Conde

El nombre de las cosas
Microrrelatos
Ricardo Martínez-Conde
Zadar Ediciones, 2021
85 páginas

El nombre de las cosas es el último título que se une a la extensa obra publicada del escritor Ricardo Martínez-Conde. No es un ensayo, un corpus de aforismos o un poemario. En esta ocasión se trata de un libro de microrrelatos. En concreto, sesenta y nueve relatos muy breves. Ninguno ocupa más de una página, pero todos ellos están imbuidos de una gran originalidad, acierto literario y no poco sentido del humor o de ironía, según el caso.

Alfredo Óvilo, autor del ‘microprólogo’ del libro, aporta dos ideas esenciales sobre este conjunto de sucintos relatos. El autor “despoja de todo contenido accesorio” a estas historias “asombrosamente estéticas, intensas, conceptuales y al mismo tiempo cercanas”. La otra reflexión proviene del Hamlet de Shakespeare, “la brevedad es el alma del ingenio” y Ricardo Martínez-Conde despliega aquí sobrado ingenio y agudeza literaria a la hora de confeccionar sus concisas narraciones.

El nombre de las cosas es un diálogo entre el autor y el entorno que le circunda. Un minucioso trabajo literario en el que se entreveran situaciones reales, o quizá ficticias, -pero en cualquier caso significativas para lo que el autor desea comunicar- y esos elementos en apariencia insustanciales que forman parte de la cotidianeidad de la existencia.

Veamos: “un cielo virtual” imaginario que surge en la pantalla del móvil; “la hoja en blanco arrancada de su espiral metálica”; el sentido de “perder el tiempo”; una mañana de sol que invita a la esperanza; políticos erguidos y dignos, como rollos de papel higiénico, “que debaten acerca de su propia y aciaga mentira”; … y tantos otros aspectos del panorama social y cultural, son temas en los que el autor fija la mirada para componer sus microrrelatos.

Cada texto guarda una oportuna reflexión, una sorpresa, una moraleja sobre el sentido de la vida, tanto si se refiere a un ascensor supuestamente instalado por un metafísico (‘Pura metafísica’); a la canción de un rapero en la escalinata de una catedral (‘En clave de Rap’); al encuentro con un cangrejo que no saldrá bien parado (‘¿Naturaleza viva?’); al relato de una nieta a su abuela sobre una función de títeres que el autor convierte en una deliciosa metáfora (‘Títeres’); o a la malicia de esa máquina con alma mezquina que es el microondas (‘Maldad maquinal’).

Espléndidos microrrelatos hilvanados nada más (y nada menos) que con palabras. Palabras con las que este reconocido autor ha alcanzado una “verdadera familiaridad”, tal y como le sucedía a Kafka, según nos cuenta Martínez-Conde en otro de sus notables microrrelatos, ‘Palabras nada más’.

Y entre todos los microrrelatos encontramos uno titulado ‘Advertencia’, donde el autor expone, sin paliativos, cual es el sentido y verdadero objetivo de estos textos: “Detesto esa molicie consentidora, amoral, de lo rutinario; quiero la posible (segura) sorpresa de un decir distinto, de una relación distinta con la realidad a través del lenguaje. Ilusión, claridad, concisión: las palabras como entendimiento no como acumulación…”. Sobran los comentarios.

Parafraseando al escritor Antonio Orejudo, podría decirse que todo es literatura o susceptible de ser transformado en literatura. En este sentido, se debe subrayar cómo para Ricardo Martínez-Conde cada escena de la realidad que examina con perspicacia y sobre la que recapacita, o cada experiencia que entresaca del continuo vivir es material literario. En esta ocasión para infundir aliento a los microrrelatos de El nombre de las cosas, un libro que, además de amenizar nuestra vocación lectora, aporta un enfoque esclarecedor sobre las pequeñas-grandes cosas y los avatares de la vida. Ahí es nada.