julio 2022 - VI Año

ENSAYO

Jovellanos y el liberalismo español

Gaspar Melchor de Jovellanos. lienzo pintado por Goya

La Ilustración Española se caracterizó por su compatibilización de la razón y los nuevos sistemas científicos, con la tradición nacional. Habitualmente se han distinguido dos periodos principales en la Ilustración Española, un primer periodo esencialmente crítico, que se extendería hasta 1750, y un segundo periodo principalmente reformador, en la segunda mitad del siglo XVIII. En España, en el siglo XVIII, la mayor parte de los ilustrados, contaron siempre con el interés y el apoyo de la Corona y de la Corte, que compartían los planteamientos de la época. En general, los Ilustrados ostentaron cargos muy principales en la Administración Real, en el Gobierno, en los Consejos de Castilla, de Indias, etc.

 

Como toda Europa, España inició en el siglo XVIII el desarrollo de una sociedad industrial, en el que la Corona desempeñaría un papel impulsor de primer orden. Las Reales Fábricas (hilaturas, cerámicas, acero, etc.) fueron pioneras en el impulso de las nuevas industrias. Las hambrunas generales se mitigaron y hasta casi desparecieron en España, debido a la introducción del cultivo de la patata, desde finales del siglo XVII, y a las mejoras introducidas en la producción agrícola. En otros países europeos, las hambrunas generales se extenderían hasta bien entrado el siglo XIX. También conoció España, durante el siglo XVIII, un fuerte aumento de su población. Durante esos cien años, de los de 8’5 millones de habitantes calculados para 1700, se pasó a tener una población de 11,3 millones de habitantes, en 1800, en la España peninsular.

 

Fue el XVIII un siglo de recuperación económica, política y cultural para España, que pareció poder recobrarse de las caídas y derrotas padecidas en el siglo precedente. Hasta tuvo España todavía la capacidad de realizar un último esfuerzo colonizador en América. Fue con la expedición de Fray Junípero Serra (1713-1784) y José de Gálvez (1720-1787), entre 1769 y 1770, a la Alta California y el Territorio de Oregón. La ciudad de San Francisco fue fundada por los españoles, el 29 de junio de 1776, cinco días antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.  

 

El más destacado de los ilustrados españoles fue, sin duda, Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), hombre de acción y también escritor, aunque no se le pueda considerar exactamente un teórico, pues fue sobre todo un reformador. Fue un jurista y político ilustrado, cuyo pensamiento influyó notablemente en toda la generación que concurrió a la Revolución Española (1808-1812). Y, aunque no crease exactamente una escuela, la influencia de Jovellanos se proyectaría también sobre las siguientes generaciones del liberalismo español, las que conformaron la España Constitucional a lo largo del siglo XIX. Una influencia que alcanza hasta los tiempos más recientes, en los que su figura y sus obras siguen siendo estudiadas y reivindicadas.

 

Coetáneo de Campomanes (1723-1802), de Aranda (1719-1798), de Olavide (1725-1803) o de Cabarrús (1752-1810) y otros ilustrados, Jovellanos fue uno de los más clarividentes y destacados estadistas españoles del final del siglo XVIII y comienzos del XIX. Quizá solo se le aproxima en importancia y visión el Conde de Floridablanca (1728-1808). Pero, a diferencia de todos ellos, que representan principalmente el fin de una época, Jovellanos representa también el comienzo de los tiempos actuales en España y en América. Jovellanos, en sus últimos años, supo posicionarse como el pensador del pasado que, sin embargo, inspiraría a la vez el inicio del nuevo tiempo político abierto en la España de ambos Hemisferios por la convocatoria de las Cortes Extraordinarias de 1810, reunidas en Cádiz y por su obra constitucional.     

 

Casa natal de Gaspar Melchor de Jovellanos

Perteneció, pues, a la generación que dirigió los destinos de España en la segunda mitad del siglo XVIII. Una España optimista y capaz de proseguir su expansión, tan bien reflejada en las pinturas costumbristas de Goya (1746-1828) y de Bayeu (1734-1795). Dentro de esa notable generación, Jovellanos fue uno de los más importantes reformadores. Sus proyectos de reformas nacionales los presentó en programas de actuación de los poderes públicos, para el fomento de la industria, la agricultura y el comercio. Su máxima de promover ciencias útiles, principios económicos y espíritu general de ilustración, expresa las inquietudes y propósitos que le inspiraron: Ilustración y reformas racionales pues, a su juicio, ambas cosas se correspondían una con otra. La principal finalidad de sus proyectos fue la mejora de las condiciones de vida de la creciente población española del siglo XVIII. Una mejora que pretendía elevar las condiciones materiales de existencia, a la vez que la moralidad y la ilustración de los ciudadanos.

 

No fue un teórico que construyese un sistema de pensamiento, fue un hombre más de acción. Su pensamiento debe extraerse de sus múltiples informes, memorias y propuestas, así como de sus obras literarias y de su correspondencia. Jovellanos no se perdió en divagaciones teóricas. Desde una aceptación crítica de los principios Ilustrados, puede que incluso de los más radicales, centró su atención en estudios concretos sobre la situación nacional. Trabajó siempre a partir de informes elaborados sobre datos ciertos y análisis económicos. La reforma agraria, la reforma de la enseñanza media y superior, la mejora de las comunicaciones para facilitar el comercio, la industria y las artes, fueron los principales asuntos a los que dedicó su atención.

 

Entre 1767 y 1778, se desempeñó como Magistrado Judicial en la Audiencia de Sevilla. Allí se destacó por sus amplísimos conocimientos de la cultura clásica y de la moderna, es decir, de las ciencias, de la historia y de la filosofía, y del humanismo cristiano. Destinado a Madrid en 1778, se integraría plenamente en la vida cultural de la capital de España, de la mano del Duque de Alba y de Campomanes. Fue nombrado miembro de la Real Academia de la Historia (1779), presentando su Discurso de Ingreso en la misma al año siguiente, con el más que elocuente título de Sobre la necesidad de unir el estudio de la Legislación a nuestra Historia y antigüedades. Un discurso con claras referencias al pensamiento de Montesquieu (1689-1755).  

 

También se incorporaría a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1780) y a la Real Academia Española (1781). Pero Jovellanos vivió sus momentos culminantes en la creación del Banco de San Carlos (1782), antecedente del Banco de España, en cuya comisión fundacional participó. Y, sobre todo, desplegó sus mejores talentos en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País -fundada en 1775-, de la que fue Director desde diciembre de 1784. También participó en la Real Sociedad Económica de Asturias. En esos años, especialmente entre 1792 y 1793, siguió y apoyó los trabajos para las primeras traducciones al español de la obra de Adam Smith (1723-1790) La Riqueza de las Naciones, que se había publicado en inglés en 1776, justo el año en que los Estados Unidos de América declararon su independencia.    

 

Entre 1778 y 1790, Jovellanos fue uno de los principales protagonistas de la política reformista desarrollada en España y América por el Rey Carlos III, al que admiraba personalmente. Pero no fue partidario nunca del despotismo ilustrado de los philosophes franceses. Jovellanos no fue un “afrancesado” y su ideología política responde al incipiente liberalismo propio del Siglo de las Luces, con todas sus ambigüedades. Creía en la libertad y en los derechos individuales de los ciudadanos. Para él, el sistema de gobierno preferible era una monarquía limitada, en la que estuviese establecida la separación de poderes, como consideraba -y con razón- que correspondía a la brillante tradición jurídico-política española.

 

El pensamiento político de Jovellanos se sitúa en el liberalismo reformista de la segunda mitad del siglo XVIII. En un país como España, donde las reuniones de Cortes de cada reino, aunque esporádicas, se mantenían con cierta asiduidad, era posible pensar en una evolución del sistema político hacia formulaciones más liberales. No es posible compartir el juicio del Profesor Abellán, en su Historia del Pensamiento Español, que lo presenta casi como un protosocialista, partidario de la abolición de la propiedad privada. Aunque algo de eso quizá pudiera haber, pues Jovellanos se vio involucrado, en 1797, en la condenada traducción al español de la obra de Rousseau (1712-1778) El Contrato Social (1762), libro prohibido entonces en España.

 

Como casi todos los liberales europeos de finales del siglo XVIII, sus modelos políticos concretos fueron el parlamentarismo inglés y la naciente democracia norteamericana, de los que buscó y obtuvo información para su conocimiento. Pero también siguió con interés los inicios de la Revolución Francesa y estudió con detalle la Constitución revolucionaria francesa de 1791. Mas, también como la mayoría de los liberales e ilustrados europeos de la época, sintió espanto y repulsa ante la deriva revolucionaria de Francia y ante el Terror desatado por Robespierre (1758-1794) y la Dictadura Jacobina, de 1793 y 1794. También sintió honda preocupación por la deriva autoritaria que seguiría Francia, tras la caída de Robespierre, que conduciría mediante el Directorio (1795-1798) y a través del Consulado (1798-1804), a la Dictadura Bonapartista y al Imperio Napoleónico (1804-1815).  

 

Retirado de la actividad pública en 1790, retornó a ella en 1797, como Ministro de Gracia y Justicia de Carlos IV (1748-1819), en un gabinete dirigido por el afrancesado Mariano Luis de Urquijo (1769-1817). Su posición en el gabinete, favorable a la paz con Inglaterra, causó su cese, en 1798, y su posterior destierro y encarcelamiento por Godoy, en 1801, en Baleares. Fue liberado en 1808, tras la caída de Godoy. En mayo de ese mismo año renunció a integrarse en el Gobierno de José Bonaparte. El rechazo a la propuesta, que le fue transmitida a través del afrancesado Cabarrús (1752-1810), causó honda conmoción en toda España.

 

Jovellanos rechazó la oferta del Rey José I, después de los combates del 2 de mayo de 1808, en Madrid. Con este gesto de rechazo, el más destacado ilustrado español, se declaraba francamente a favor del bando patriota y en contra los franceses y de la dinastía Bonaparte. Al igual que él, también otro insigne ilustrado, el Conde de Floridablanca, se declaró a favor de la resistencia contra los franceses, desde el primer momento. Y, siguiendo sus pasos, muchos jóvenes liberales, como Toreno (1786-1843), Martínez de la Rosa (1787-1862), Quintana (1772-1857), Muñoz Torrero (1861-1829), Isidoro Antillón (1778-1814), etc., les secundaron. 

 

Jovellanos participaría muy activamente en la organización del gobierno patriota que se enfrentó a los Bonaparte. Trabajó en la Junta Central, en la conformación de la Regencia y en la convocatoria de las Cortes Extraordinarias de 1810, que elaboraría la Constitución de 1812, la “Pepa”.

 

Las obras de Jovellanos se hallan en ediciones digitales publicadas por el Instituto Cervantes, en este enlace, donde se pueden consultar. Dentro de sus obras no literarias, destacan su ya citado Discurso de Ingreso en la Real Academia de la Historia, su Elogio de Carlos III (1788), y su Memoria en Defensa de la Junta Central (1810), además de sus célebres informes sobre la Reforma Agraria, sobre espectáculos, sobre las enseñanzas media y superior, etc.

 

Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos realizado por Francisco de Goya

En lo estrictamente literario, Jovellanos se ganó un puesto destacado en la historia de la literatura universal, así como en el teatro y en la cinematografía. No lo fue, desde luego, por sus poemas o por otros textos, como sus incursiones en la tragedia neoclásica española, con su obra La Muerte de Munuza (1792), dedicada a los albores de la resistencia española al islam, en la Alta Edad Media. Y tampoco por su prosa, desarrollada en los informes y memorias que elaboró. Jovellanos efectuó una aportación muy destacada al acervo de los grandes arquetipos de la cultura universal con la creación del personaje de “el delincuente honrado”, en su comedia homónima, escrita en 1774. Un arquetipo que ha dado mucho de sí en la literatura, el teatro y el cine de los últimos dos siglos, hasta nuestros días.

 

Como al principio se apuntó, aunque no puede decirse que Jovellanos crease una escuela, el jovellanismo político fue una denominación que alcanzaría a ser ilustre en la primera mitad del siglo XIX, hasta 1850, más o menos, en que la dicha denominación fue siendo abandonada de modo generalizado.

 

Además de la influencia que desplegó en su época y sobre la generación que protagonizó la Revolución Española de 1808 y la formulación de 1812, a la que ya se ha hecho mención, el influjo de Jovellanos alcanzó a todo el liberalismo español durante el siglo XIX. Su obra fue referencia de los doceañistas, como los citados Toreno o Antillón, que lo conocieron. Ambos describieron a Jovellanos como personaje de gran talla política y moralidad intachable. Un personaje que estaba revestido del fuste de toda la tradición española, con sus viejos valores de honor, honra y con los principios de la ética cristiana.

 

Pero también fue estudiado y tomado como referente por otros, como Blanco-White (1775-1841), o como los más jóvenes Alcalá Galiano (1789-1865) y Donoso Cortés (1809-1853). Igualmente, la obra de Jovellanos siguió siendo objeto de estudio y fuente de inspiración para la siguiente generación liberal.

 

Por último, a finales del siglo XIX, el jovellanismo se extendería entre todas las tendencias del pensamiento y de la política, que lo reclamaron como suyo. Carlistas como Nocedal (1821-1885) o Vázquez de Mella (1861-1928), conservadores como Gumersindo Laverde (1835-1890) o Menéndez Pelayo (1856-1912), y progresistas como Gumersindo de Azcárate (1840-1917) o Joaquín Costa (1846-1911), reivindicaron la obra y la figura de Jovellanos. Todavía, en el siglo XX, Ortega y Gasset (1883-1855) se reclamó también heredero del jovellanismo.

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ENSAYO

Ensayo

Cada hombre en su cárcel

Ensayo

Guion nacional

Ensayo

La huella de Cajal en el exilio mexicano

Ensayo

Cultura Latinoamericana

Ensayo

Arthur Schopenhauer: Un pensador incomprendido y casi olvidado…

Ensayo

¿España, invertebrada todavía?

Ensayo

La escolástica: grandeza y servidumbre (Paradojas del pensamiento medieval)

Ensayo

Giorgio Agamben: un diagnostico desolado para un presente incierto

Ensayo

El simplismo es un crimen

Ensayo

De la tristeza

Ensayo

El ocaso de las ideologías

Ensayo

‘La leyenda de D. Juan’: una conferencia de Gregorio Marañón en Lisboa

Ensayo

Apuntes sobre la decadencia de España (Estudio de sus causas a partir de Juan Valera)

Ensayo

Estar bien, sin llorar

Ensayo

La idiotez artificial

Ensayo

Jovellanos: elogio de Carlos III

Ensayo

Revolución silenciosa

Ensayo

El reto de la igualdad como principio ideológico

Ensayo

Complejo de inferioridad español

Ensayo

Señuelos, o personas

Ensayo

Sentido y finalidad

Ensayo

El concepto de «biopoder» de Foucault: resumen y evaluación critica 

Ensayo

El chantaje del futuro

Ensayo

Milena Rudnitska, periodista, feminista y activista en pro de los derechos del pueblo ucranio

Ensayo

Nunca lo hará ninguna técnica

Ensayo

“La secularización en España”, un nuevo libro luminoso

Ensayo

Cicerón: un ciudadano culto, inteligente y contradictorio que vivió el derrumbamiento de la República romana

Ensayo

Liberalismo político francés e inglés: ¿Fueron realmente modelos?

Ensayo

Zubiri: ¿Un retorno?

Ensayo

El estoicismo, repensado

Ensayo

Markus Gabriel, frente al determinismo científico

Ensayo

El escepticismo, revisitado

Ensayo

Antisistemas por sistema

Ensayo

Wolfgang Harich ¿no fue rescatable?

Ensayo

Markus Gabriel y la Nueva Ilustración

Ensayo

Peter Singer y el animalismo: epígonos del 68

Ensayo

Jovellanos y el liberalismo español

Ensayo

La filosofía posmoderna: un final ineludible

Ensayo

Markus Gabriel y el Nuevo Realismo Filosófico del siglo XXI

Ensayo

Paul Virilio, una reflexión sobre la velocidad y sus implicaciones cibernéticas

Ensayo

Platon, ¿empirista?

Ensayo

Circe: atractiva, inteligente y poderosa

Ensayo

Epicuro de Samos, replanteado

Ensayo

Científicos en el exilio interior: Fernando de Castro

Ensayo

Científicos en el exilio interior: Jorge Francisco Tello

Ensayo

Manuel Azaña Díaz, el ateneista

Ensayo

Los enigmas de Perictione

Ensayo

Juan Valera, un ateneista para un bicentenario

Ensayo

Marjorie Grice-Hutchinson y Juan Luis Vives

Ensayo

Santiago Ramón y Cajal: Un genio autodidacta de gran proyección internacional

Ensayo

Demóstenes y el fin de la libertad griega

Ensayo

Emilia Pardo Bazán, punto culminante en el estreno de la primera obra de Galdós

Ensayo

La apoteosis de la insignificancia

Ensayo

Santo Tomás Apóstol, evangelizador de las Américas

Ensayo

La Ciencia en el Exilio: una imagen extraordinaria de vitalidad

Ensayo

Desmovilización, descontento y desafección: Una estrategia de la derecha para la toma del poder

Ensayo

Sarah  Kofman, la espantosa sombra del holocausto es alargada

Ensayo

Protágoras de Abdera (480 – 411 a.C.)

Ensayo

América y las Diez Tribus Perdidas de Israel

Ensayo

Violencia verbal en la política española

Ensayo

Un almirante ateneísta: D. Miguel Lobo

Ensayo

Alfonso X ‘El sabio’ en su 800 aniversario: su mayor empresa científica

Ensayo

De Amore

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos (II)

Ensayo

El 8 de marzo de 2021, un día muy adecuado para hablar de la filósofa feminista Silvia Federici

Ensayo

Salud democrática y liberalismo político

Ensayo

Pioneras en la actividad sindical en enseñanza

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos

Ensayo

El legado constitucional de Jiménez de Asúa

Ensayo

Teofrasto: filósofo, pedagogo y botánico

Ensayo

Emerson y el Trascendentalismo norteamericano

Ensayo

Julio Hernández Ibáñez, un profesor republicano transterrado

Ensayo

Diógenes de Sinope: un filósofo desarraigado, provocador y subversivo

Ensayo

Hechos y razones contra obsesiones delirantes

Ensayo

Análisis de los resultados de las elecciones en EE.UU

Ensayo

En torno a la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel

Ensayo

¿Qué clase de mundo nos dejará el Covid 19?

Ensayo

José Ballester Gozalvo, una biografía entre la pedagogía y la política

Ensayo

Acerca del amor

Ensayo

La política de Balmes

Ensayo

Thomas Jefferson reivindicado

Ensayo

España, en la atención y en los escritos de Engels

Ensayo

Engels y Marx

Ensayo

Friedrich Engels: su actualidad y virtualidad

Ensayo

Recordando a Friedrich Engels, un ágil y demoledor polemista

Ensayo

Donoso Cortés y el romanticismo político

Ensayo

Un ensayo de María de Maeztu sobre Emilia Pardo Bazán, aparecido en el diario bonaerense ‘La prensa’ en 1939

Ensayo

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Ensayo

Reflexiones sobre la actualidad del pensamiento de Hegel según Paul Ricoeur

Ensayo

Jeremy Bentham, reconsiderado

Ensayo

La Constitución de 1812 (y II)

Ensayo

La Constitución de 1812 (I)

Ensayo

La Ilustración en España

Ensayo

Kafka: una meditación

Ensayo

Hegel: un contradictorio pensador imprescindible

Ensayo

Baltasar Gracián, el Barroco y el final de la Escuela Española

Ensayo

‘Ser es pensar’. El idealismo filosófico es esencialmente, Hegel

Ensayo

Hegel cumple 250 años

Ensayo

Sagasta, el gran prestidigitador

Ensayo

Andrés Saborit líder socialista

Ensayo

La archiduquesa austriaca… ‘roja’

Ensayo

¡Votes for women!: siete luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en los EE.UU

Ensayo

Ideología y política: de Marx a Piketty

Ensayo

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Ensayo

Francisco Suárez: Doctor Eximio, filósofo y jurísta

Ensayo

Síntomas psicopatológicos en tres de los principales líderes mundiales,…

Ensayo

Sócrates ¿soldado?

Ensayo

La desamortización general de Mendizábal

Ensayo

Ruido de sables en Washington

Ensayo

Referendum constitucional

Ensayo

La influencia del sufragio femenino en la cultura política

Ensayo

A propósito de Rawls

Ensayo

Duelo sin realidad

Ensayo

Responsabilidad social del periodista ante las crisis

Ensayo

Post-pandemia, una ocasión única para reinventar nuestro mundo

Ensayo

Robert Nozick, un anarquista de derechas

Ensayo

España y la antiEspaña

Ensayo

Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina

Ensayo

La gran esperanza frustrada

Ensayo

Aporías, paradojas y dialéctica

Ensayo

El triunfo del Librepensamiento

Ensayo

Conflicto y negociación ¿A quién le puede interesar?

Ensayo

El nacimiento del liberalismo: Spinoza y Locke

Ensayo

John Locke: forjador del liberalismo político

Ensayo

Pensar en grande

Ensayo

La convivencia entre culturas y civilizaciones

Ensayo

Breves notas sobre Benito Pérez Galdós y el socialismo, en las elecciones de 1910

Ensayo

Inteligencia y liderazgo

Ensayo

Alcance militar y geopolitico del Brexit

Ensayo

Aprender a vivir con lo que nos ha tocado

Ensayo

Como seguir siendo cristiano en un tiempo postsecular. Una respuesta a Bonhoeffer.

Ensayo

Progreso y sentido

Ensayo

Rita Levi-Montalcini

Ensayo

Redes infames

Ensayo

Juegos de poder del nacionalismo

Ensayo

Héroe mutilado

Ensayo

Juegos de poder de la información

Ensayo

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (y II)

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (I)

Ensayo

Repensar la protección de las personas vulnerables en la investigación científica

Ensayo

Decir y representación

Ensayo

La verdad, relativistas, los liberará

Ensayo

¿Cómo feminizar la vida social?

Ensayo

Nietzsche y la breve verdad

Ensayo

Juan López de Hoyos: el nexo entre Erasmo de Rotterdam y Cervantes

Ensayo

Hay mucho de lo que enorgullecerse

Ensayo

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Ensayo

La estética en Eugenio Trías

Ensayo

Diez años releyendo a Dahrendorf

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (y II)

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (I)

Ensayo

Solón puso los cimientos de la democracia ateniense

Ensayo

Lógica, comprensión, traducción. Crítica de la traducción pura

Ensayo

Europa: Sísifo y la piedra

Ensayo

Ángel Fernández de los Ríos, un lugar destacado en la historia de Madrid

Ensayo

Hacia la unidad europea

Ensayo

Magdala o la historia de la trampa

Ensayo

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

Ensayo

Política, comienzo incausado del arte de historiar

Ensayo

En el espejo se reflejan… los forajidos

Ensayo

Contra la misoginia, inteligencia y combatividad

Ensayo

El compromiso democrático de John Dewey

Ensayo

Unos meses decisivos para Europa

Ensayo

Infieran, no vaticinen, aborrecedores del lopezobradorismo

Ensayo

Las socialistas belgas hasta finales de los años veinte

Ensayo

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

Ensayo

Sobre la Constitución y su Preámbulo

Ensayo

De tal palo tal astilla

Ensayo

La pérdida del impulso liberal (y II)

Ensayo

La pérdida del Impulso Liberal (I)

Ensayo

Séneca: invitación al diálogo sereno y a la reflexión

Ensayo

Ferdinand Buisson en el laicismo francés

Ensayo

Trasímaco vuelve… o quizás, no se haya ido nunca

Ensayo

Filosofía, enemiga de la economía digital

Ensayo

La reseña crítica de Manuel Cordero de la Restauración de Romanones

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (I)

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (y II)

Ensayo

John Rawls: un nuevo paradigma contractualista basado en la justicia redistributiva

Ensayo

Ferdinand Tönnies

Ensayo

Aquí, en la izquierda, no sobra nadie

Ensayo

La ‘Mélange’ ideológica y el ‘soufflé’ estratégico catalán

Ensayo

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

Ensayo

Un prefacio de Tierno Galván al Contrato Social de Rousseau

Ensayo

El movimiento del espíritu social. De la religión al arte

Ensayo

Fancesco Guicciardini, un diplomático toscano por tierras extremeñas

Ensayo

Norberto Bobbio, más marxiano que marxista

Ensayo

Freud nuestro contemporáneo

Ensayo

La experiencia de Suecia para Andrés Saborit en 1930

Ensayo

La naturaleza en Marx

Ensayo

Las contradicciones de Gertrude Stein

Ensayo

Jean Jaurès, un pacifista y un europeista convencido

Ensayo

Encomienda de moderación

Ensayo

Aproximación a las bases teóricas del Mayo 68

Ensayo

Polibio de megalópolis y los valores republicanos

Ensayo

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Ensayo

Gioberti o el nacionalismo conservador

Ensayo

Al hilo de unas reflexiones políticas

Ensayo

Karl Korsch: ha vuelto para quedarse

Ensayo

David Harvey: La acumulación por desposesión

Ensayo

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

Ensayo

Lo más humano, la idea, es la materia de la historia

Ensayo

Laicidad, sociedad abierta y emancipación ciudadana

Ensayo

Cesare Beccaria, un ilustrado frente a la barbarie

Ensayo

Política y pensamiento científico

Ensayo

El infinito viajar

Ensayo

El político y el científico

Ensayo

Enrique Tierno Galván

Ensayo

Nos sigue haciendo falta Tierno Galván

Ensayo

Albert Camus, un extranjero rebelde entre seres alienados

Ensayo

Los miedos de Baruch Spinoza

Ensayo

Lenin, la Revolución como Ciencia

Ensayo

Virtualidad y cultura (La realidad fingida)

Ensayo

Cataluña y la ‘navaja de Occam’

Ensayo

Epicuro: el filósofo de los placeres moderados

Ensayo

Isaiah Berlin, un excelente y polémico ensayista

Ensayo

Rafael Méndez (1906 – 1991)

Ensayo

La serena inteligencia de Kolakowski

Ensayo

La posibilidad de la utopía

Ensayo

1 de octubre, 2018: días antes de un día después

Ensayo

Año 2018: ¿tiempo de la gran revisión constitucional?

Ensayo

Introducción estival al concepto de ‘liderazgo político’

Ensayo

Todo cambia…algo permanece

Ensayo

El sentimiento trágico de la vida

Ensayo

Adorno: Reflexiones desde la vida dañada

Ensayo

¿Por qué nadie recuerda a Daniel Bensaïd?

Ensayo

Cataluña, ‛casus belli’

Ensayo

Ferrater Mora, un catalán universal

Ensayo

Gramsci y Maquiavelo

Ensayo

La educación y la filosofía como utopía

Ensayo

El laicismo en Habermas y su origen griego

Ensayo

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Ensayo

Demos la palabra a Herbert Marcuse

Ensayo

Los misterios de Homero

Ensayo

La función de las ideologías según Max Horkheimer

Ensayo

Les presento a Margarita Nelken

Ensayo

Impunidad, no gracias

Ensayo

La vigencia de Erich Fromm

Ensayo

María Zambrano está viva

Ensayo

Buscando a Fernando Pessoa

Ensayo

El encuentro borgiano de Shakespeare y Cervantes

Ensayo

Dones de Amor, ay, cuitas de Amor

Ensayo

Intransigencia y control social: Flaubert y Baudelaire en el banquillo

Ensayo

El día que conocí a Ernesto Cardenal

Ensayo

Li Po y la melancolía

Ensayo

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Ensayo

Gianni Vattimo y el “pensiero debole”