septiembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Sobredosis’ de María Iglesias Pantaleón

sobredosisSobredosis
María Iglesias Pantaleón
Editorial Ondina, 2018

María Iglesias Pantaleón publicó en 2018 una novela que no debe pasar inadvertida para el público lector atento a la literatura de calidad. ‘Sobredosis’, la segunda obra de esta joven autora, puede catalogarse dentro del género negro o policiaco. Aunque en sus páginas descubriremos algo más que el atrayente relato de una historia de suspense e intriga. Porque la escritora no se ha conformado únicamente con construir una trama para cautivar al lector que se interne en las páginas de ‘Sobredosis’. También ha querido describir, sacar a la luz, aquello que impulsa el argumento mismo de la narración. Exponer los hilos que mueven la urdimbre argumental y llevar al límite a los personajes que surgen de ella. De esta forma, la novela de Iglesias explora cómo las circunstancias en las que estamos inmersos pueden condicionar nuestro destino y lo conducen, a veces, hacia las zonas más sombrías de muestra personalidad.

En este sentido, es difícil encontrar un episodio de esta ‘Sobredosis’ que no sea diseccionado por la autora, para mostrarnos el trasfondo de su contenido. Podría decirse que en esta novela no solo se nos hace participes de una historia, contada con acierto desde diversos planos, igualmente nos sumerge en un interesante análisis de la naturaleza humana, a través de los personajes que aparecen en el libro.

‘Sobredosis’ se presenta así como una novela corta -no llega a las doscientas páginas-, donde hallamos a una joven escritora que apunta alto, con un notable manejo del lenguaje, las descripciones y los diálogos. De este modo, María Iglesias da continuidad a su trayectoria literaria, iniciada con el libro ‘La voz de las sombras’ (2016). Además, por lo que sabemos, en breve esta autora hará su primera incursión en la poesía.

Nada más comenzar la lectura, Iglesias sorprende por el método con el que aborda el relato. La autora desea estar presente en la narración, como un demiurgo que crea y ordena el mundo en el que se desenvuelven los acontecimientos de su novela. Numerosos capítulos comienzan con una perspicaz exposición, a través de la cual nos desvela el contexto en el que se va a desenvolver la acción y el sentir mismo de los personajes. Un ejemplo: ‘El hombre sentado en medio de la sala levantó la barbilla para empaparse del alba con un sabor ácido que ahogaba sus pensamientos y le abrasaba la consciencia. Trataba de mover las manos para que las esposas no le quemaran la piel, pero su mirada se endureció con la frialdad de la certeza’. (del capítulo Sangre fresca).

María Iglesias escribe con un estilo claro, limpio y muy personal, utilizando un léxico cuidado y amplio que sin duda enriquece el texto. La autora no introduce elementos superfluos, ni lleva el relato más allá de lo necesario, por lo que la lectura se hace cómoda y amena. Igualmente, se observa en ocasiones un lenguaje poético, a modo de corriente subterránea, que recorre las páginas del libro.

‘Sobredosis’ contiene los ingredientes que proporcionan a una novela la cualidad de entretener y, al unísono, suscitar la reflexión, en este caso sobre el comportamiento humano, utilizando los recursos que ofrece la literatura para crear una historia sugerente, verosímil y honesta. Esta novela no es solo una narración bien redactada, es el fruto de un intento por hacer buena literatura. Un empeño que la autora logra con destreza. De esta forma, leeremos como los personajes se ‘bañan en exasperación’, ‘el viento sopla con una candidez que endulza los sueños mortales’ o ‘un café extraído de la maquina abrasa cada célula de los labios’.

La autora explora aquí el lado más oscuro del ser humano. Violencia, mezquindad, crimen, narcotráfico, prostitución,… se conjugan con la mentira, la traición, el orgullo o el odio. También el amor y la sensualidad tienen su lugar en ‘Sobredosis’. ‘El chico continuó deslizando sus labios por el cuello de la muchacha mientras empujaba una y otra vez la pelvis sobre sus caderas. La chica comenzó a jadear y unos gritos de placer emanaron de su garganta,…’, leemos al principio del capítulo Visiones.

En relación con los personajes que aparecen en la novela, como el agente García, Nora, Julio, El Jaguar, Lydia, Cristobal, etc., puede decirse, en mi opinión, que han sido concebidos por la autora para responder a una idiosincrasia determinada, la del papel que les toca jugar en el argumento de esta novela. Proporcionando así vitalidad literaria a las figuras que entran en escena. Señalar aquí como la formación académica en psicología de la escritora parece influir a la hora de profundizar en la personalidad de sus personajes y contribuye a la configuración de este carácter psicológico de su narrativa.

Otro componente a destacar son los diálogos que se suceden con un gran dinamismo. Lo que confiere al texto un carácter cinematográfico. Casi nos es posible ver a los personajes conversando, mientras imaginamos como se desarrollan los acontecimientos.

Como se ha dicho, esta novela puede encuadrarse por su temática dentro del llamado género de novela negra. Asimismo, tiene los rasgos distintivos de un thriller. Pero de algún manera va un paso más allá, abordando la forma en que las circunstancias y los secretos personales que atesoran los protagonistas generan un caldo de cultivo que termina por unir y condicionar el destino de todos ellos. Por otra parte, hay en esta obra un análisis, con un cierto corte galdosiano, de la sociedad (nuestra sociedad) en la que están inmersos los actores de esta trama.

Asimismo, la autora ahonda en cuestiones como el ‘equilibrio entre las dos fuerzas de la vida’, la dicotomía entre el bien y el mal presente en cada individuo, y hasta dónde puede llegarse por ambición, esa ambición que una vez ‘brota en el corazón de un humano, no hay una vía que logré exterminarla. Se extiende hasta envenenar el alma, y no hay antídoto…’. Un afán de poder y riqueza por el que se es capaz de matar y también se puede ser asesinado: ‘Sintió cernirse sobre él la oscuridad de una niebla cargada con la cólera de los verdaderos dioses, de los únicos monstruos capaz de engendrar y arrebatar vidas: los seres humanos. Y ante su propia sorpresa, la llama de la ambición que llevaba ardiendo en su pecho, se apagó al ver el colgante de cuarzo pendiendo del cuello del muchacho.’ (fragmento del capítulo Infrarrojos). Porque en un mundo como el actual, el dinero es uno de los ejes fundamentales sobre lo que gira casi todo, pero también una de las principales causas de corrupción. Ese ‘maldito dinero’ al que Julio, el hijo de Nora, la prostituta, culpa de su mala fortuna y, al mismo tiempo, va a condicionar su destino.

Somos nuestras circunstancias, parece querer recordarnos María Iglesias, con un acento orteguiano, a través de los personajes de esta novela donde se pregunta sobre el porqué de las decisiones y las acciones de sus personajes.

Una novela con la que María Iglesias Pantaleón confirma el excelente camino emprendido como autora. Por ello, si desean disfrutar del buen hacer de esta escritora, siempre pueden atreverse con una ‘Sobredosis’ de buena literatura.

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