febrero de 2024 - VIII Año

‘Balas de fogueo. Memorias de un policía con memoria’, de Félix Alonso y Juan Torres

Balas de fogueo
Memorias de un policía con memoria
Félix Alonso y Juan Torres
Editorial D33, 2023
222 páginas

Balas de fogueo. Memorias de un policía con memoria no es una novela policíaca, aunque con lo que se cuenta en las páginas de este libro habría material para escribir una o quizá un thriller político. Pero no, Balas de fogueo es la autobiografía de Félix Alonso: inspector de policía, pionero del sindicalismo policial en nuestro país, cinéfilo y crítico de cine, comprometido políticamente, activista cultural, librepensador y articulista que no ha evitado nunca la polémica. En este sentido, quizá porque el protagonista de estas Memorias de un policía con memoria es un personaje de múltiples facetas, la lectura de este libro repleto de historias interesantes o llamativas, situaciones desconocidas y anécdotas sorprendentes —escrito en colaboración con el periodista, poeta y dramaturgo Juan Torres—, resulta tan fácil, ágil y amena que una vez iniciada no es posible dejarla inconclusa.

En las páginas de esta obra, podremos descubrir el itinerario biográfico de un inspector de policía, Félix Alonso, a quien el destino o el azar le llevó a vivir en primera persona episodios fundamentales de nuestra historia reciente; a conocer personajes que se la jugaron en distinta medida, como hizo también el protagonista de Balas de fogueo, para consolidar la sociedad democrática avanzada que tenemos en la actualidad y a toparse con otros sujetos que terminarían pasando a formar parte del lado más siniestro y oscuro de la crónica de las últimas décadas. Por decirlo de alguna manera, este libro narra y desvela hechos de gran interés acaecidos en nuestra historia más cercana a partir de las vivencias de Félix Alonso. Una mirada desde el ámbito policial, habitualmente desconocido por la generalidad del público lector, que aporta una perspectiva singular sobre el devenir de nuestro país.

De este modo, el libro reclama nuestra atención para recordarnos aspectos del régimen franquista que no conviene olvidar. En especial, para rememorar cómo se las gastaban quienes por entonces ejercían el poder político, la autoridad religiosa y ostentaban privilegios sociales basados en un profundo clasismo. Félix Alonso nos invita en esta obra a realizar, a través de su experiencia vital y profesional, un recorrido por los últimos años del franquismo, la dura y compleja transición política hacia un sistema de libertades, así como por varios períodos de la vigente etapa democrática.

Recuerdos y reflexiones de alguien que desarrolló su vida laboral en la policía, desde que ingresará en ‘la secreta’ en 1970 hasta su jubilación como Comisario Principal en 2013. Un policía que a lo largo de su carrera supo que debía estar, quiso estar y se posicionó sin ambages a favor de la democracia y la modernización de la policía, poniendo en riesgo por ello en ocasiones su trabajo, posiblemente el futuro de su familia e incluso, en algún momento, su propia integridad física, como en las horas aciagas del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Félix Alonso y Juan Torres

A través de los recuerdos y consideraciones de Félix Alonso y el buen hacer literario de Juan Torres, iremos conociendo los pasos más relevantes de la trayectoria de este inspector de policía, cuestiones relativas a su vida personal, familiar y laboral, sus alegrías y sinsabores, sus inquietudes políticas y culturales, y numerosos episodios o situaciones que nos dan la medida de su persona y una época. Un libro que nos descubre el elevado precio a pagar por ser fiel a unas ideas y unos principios, y por nadar a contracorriente para reformar un sistema anacrónico, denunciar malas prácticas inaceptables en un Estado de derecho e intentar desterrar prerrogativas sin sentido en una sociedad democrática moderna.

Iremos así averiguando como era vivir y estudiar en los años sesenta del siglo pasado en la emblemática localidad de San Lorenzo de El Escorial, donde nuestro protagonista pasó su infancia y adolescencia. Años en los que fue forjando su personalidad, adquirió —según sus propias palabras— “conciencia de clase” y recibió la correspondiente educación fundamentada en la doctrina del nacionalcatolicismo y una “disciplina férrea y hostias a mansalva”. Quien escribe esta reseña puede dar fe de aquellos rigurosos métodos de instrucción.

Un tiempo en que, como se apunta en el libro, “Todos los años, a finales de febrero, se desplazaba Franco para presidir el Requiem por los Reyes de España” y “A los niños del colegio Alfonso XII nos sacaban a aplaudir el paso del Caudillo…”. Años en los que Alonso comenzó a frecuentar caminos culturales alternativos a los marcados entonces, sobre todo en relación con el cine. Participando, por ejemplo, en una de esas asociaciones que fueron surgiendo por iniciativa de algunos curas heterodoxos, los cuales, en no pocos casos, terminaron después por abandonar el sacerdocio e incluso militar en formaciones políticas de izquierda. Años en los que un joven Félix comenzaría una relación con quien más tarde sería su esposa hasta el día de hoy e iniciaría su preparación para entrar en la policía, con un profesor “especializado en masonería y comunismo” y teniendo por compañero de estudios al afamado y siniestro Billy el niño.    

Igualmente, nos adentraremos en la Barcelona de los años 70 del siglo pasado, en palabras de Félix Alonso una ciudad “muy intensa, muy moderna, sobre todo para los que veníamos de la España interior”, avanzadilla del cambio de mentalidad que poco a poco se fue fraguando en la sociedad española. Un capítulo de su biografía en el que coincidirá, nos dice, con otros “inspectores jóvenes, inquietos, más o menos recién llegados […] que pensábamos que era posible construir una policía distinta, respetuosa de los derechos y las libertades, al servicio del ciudadano…”. Un jovencísimo inspector que inaugura una etapa en la que el cine y su quehacer policial irán entreverándose para siempre. En este período llegará el matrimonio; el destino en la Brigada de Investigación Criminal; conocer en primera persona el funcionamiento de las comisarias del régimen con sus frecuentes arbitrariedades y malos tratos a los detenidos; tratar con compañeros fachas y camorristas; la frustración de no poder resolver un caso a pesar de poner todo el empeño; custodiar a Vilá Reyes, empresario principal condenado en el inolvidable caso Matesa o investigar un caso digno de Hércules Poirot, El asesino del pie egipcio. Y también ser testigo de otros sucesos más aciagos, como el acaecido entre el libertario Puig Antich y el joven policía Anguas Barragán, sobre el que Félix Alonso nos aporta una visión a tener muy en cuenta para interpretar correctamente lo que la verdad esconde a veces.   

De esta forma, de la mano de Alonso y Torres entraremos en las comisarías y en los despachos habitados por un elenco de personajes que no tienen desperdicio. Ya en Madrid, nuestro inspector participará en la paulatina implantación de la Policía Científica, de “una visión profesional de la policía: ya no se trataba de que el detenido se derrotara y terminara confesando a base de hostias, sino de que la policía lo pudiera detener sobre la base de indicios racionales y científicos.” Momentos en los que se daban los primeros pasos en el incipiente sindicalismo policial. Algo que se fraguó, como solían ser las cosas por entonces, en un bar. Hace unos años, esperando la salida de un autobús para ir a Rivas Vaciamadrid donde participé con Félix Alonso en un acto cultural, tuve la oportunidad de entrar con él a tomar un café en el citado bar donde se ideó la Unión Sindical de Policías (USO), Los Galápagos (hoy desaparecido), situado en la plaza de Conde de Casal.

En estas páginas hay también un recuerdo reivindicativo para el polémico ministro Martín Villa que fue considerado un traidor por muchos de sus correligionarios, como otros políticos del régimen anterior que apostaron por la transición a la democracia, “criado y crecido en el seno del régimen de Franco, era uno de los suyos que se había pasado al enemigo.” Así como para un policía apellidado Valcárcel, arrinconando por haber llevado “más lejos de lo que los mandos de la época querían” una investigación sobre la muerte de un opositor al dictador portugués Salazar.

Aunque en esta parte del libro, las líneas más intensas son las que recuerdan el fallido golpe del 23-F, unas horas infaustas en las que Alonso, al igual que algunos policías —no creo que demasiados, la verdad—, decidió jugársela por la democracia. Sin duda las consecuencias podían haber sido fatales para él y su familia: “Veía como en unas horas, en una noche, podía pasar a convertirme en un terrorista y a ser aniquilado. Sentía miedo». Como se recoge en estas balas de fogueo, episodios como el que vivió este comisario aquellos días deberían conducir a una reflexión menos radical y más serena, por parte de ciertos sectores, sobre el esfuerzo que supuso consolidar la Constitución del 78.

En las siguientes balas de fogueo que contiene el libro, los autores relatan cómo fue avanzando el sindicalismo policial en nuestro país; la participación activa de Félix Alonso en el PSOE; la aparición en escena de más personajes oscuros como Villarejo, Rodríguez Menéndez o Luis Roldán; la asignación de cargos tras la llegada de Felipe González al poder; algunas cuestiones relevantes sobre la creación de los GAL; el recuerdo de otros personajes menos conocidos que efectuaron una gran labor para modernizar la seguridad o combatir el terrorismo; por supuesto las reivindicaciones, resistencias y ascensos de Félix Alonso que le llevaron a ser “Comisario a los 40”.

El periplo del protagonista es revelador sobre cómo era la dinámica de las comisarías donde recaló, y cómo intentar renovar modos y maneras, ya se ha comentado, tiene un alto precio. ‘Poner orden’, establecer ‘Nuevos procedimientos’, convertir una comisaría en una boutique del delito, mientras el día a día te insta a tener que atrapar a “la asistenta envenenadora”, evitar entrar en conspiraciones internas, soportar que te quiten un destino extraordinario o tener que tratar con individuos como Luis Colino, “uno de los tres policías implicados en el caso Ruano”, referente al asunto de la muerte del joven Enrique Ruano que fue detenido en una protesta estudiantil.

Es casi imposible encontrar un solo epígrafe de las diez balas de fogueo que contiene este libro que carezca de interés. Pero hay un capítulo, la ‘Octava bala de fogueo. Expediente 65/97 (Usera-Villaverde 1993-1997)’, que tiene un interés muy particular porque dicho expediente fue “la primera vez —y tal vez la única—, que un comisario jefe ha sido expedientado en democracia en el ejercicio de sus funciones.” Fue la respuesta de la superioridad a la denuncia de Félix Alonso contra un policía bajo su mando “por desobediencia” que se volvió contra el denunciante , aunque lo que le pedía el cuerpo a Alonso “es que lo hubiera hecho por detención ilegal”. “Si lo hubiera hecho por detención ilegal, tal vez la denuncia habría prosperado, pero el escándalo habría sido mayúsculo.”

Y de nuevo emergen personajes con perfiles diversos, como Juan Antonio González, señalado en el asunto de la muerte del etarra Arregui en febrero de 1981 en el Hospital Penitenciario de Carabanchel; María Teresa Sanz, coprotagonista del famoso tamayazo en la Asamblea de Madrid; la juez y luego alcaldesa de Madrid Manuela Carmena o José Antonio González Pacheco, Billy el niño, un torturador que al inicio de esta década fue reprobado y privado de sus condecoraciones, aunque hubo otros que también torturaron y no han corrido la misma suerte.  

Pero Félix Alonso no cejó en su lucha: “La lie gorda, sí. Conseguí que el expediente 65/97 (…) se les atragantara bien.” Así las cosas, haciendo frente a nuevos destinos, a algún que otro lío más, a otra oportunidad frustrada y evocando a viejos camaradas y más personajes, aborda esta biografía sus últimos capítulos, donde conoceremos los años de este comisario en el Tribunal de Cuentas y la puesta en marcha del llamado ‘Círculo Rojo’. Cruzaremos así la frontera de un nuevo siglo que en sus inicios vio la caída del PP de Aznar tras los atentados del 11-M, la llegada al gobierno de Zapatero y de La policía del PSOE, como título la desaparecida revista Época. Una policía que dejó a nuestro comisario “con cara de gilipollas”.

Por último, tras intentar digerir algunas decisiones incomprensibles de quien fuera su amigo del alma, ganar por goleada el recurso contra el expediente 65/97, obtener el puesto de comisario principal y bastante cansado de librar tantas batallas, este policía con memoria concluyó su carrera en la policía hace diez años.

Antes de poner punto y final a esta extensa recensión he de confesar mi amistad con Félix Alonso. Le conocí hace una década, ya dedicado a divulgar el cine de calidad, a escribir críticas sobre el séptimo arte y artículos comentando la actualidad, a impulsar la entidad cultural Colectivo Rousseau en San Lorenzo de El Escorial, algo desencantado ya de la política, pero manteniendo intacto su inconformismo y su empeño por transformar y mejorar la realidad social que le rodea. Por ello, y porque Balas de fogueo. Memorias de un policía con memoria aportará al lector o lectora una perspectiva única de los últimos cincuenta años de nuestra historia y de la intrahistoria de la policía, no puedo dejar de recomendarles este estupendo libro. No les defraudará.  

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