abril de 2024 - VIII Año

‘Yo recordaré por ustedes’, de Juan Forn

Yo recordaré por ustedes
Juan Forn
Seix barral, 2023

Estamos ante un libro que rompe las expectativas del lector (al menos de quien esto escribe) y lo ubica, tras asimilarse a la propuesta del autor, en una zona literaria alejada de lo manido, de lo ya visto, del conformismo maximalista y de la crónica reiterada. Y es que el lector podría estar esperando relatos sobre autores famosos, sobre libros clásicos o sobre novedades autorizadas por la crítica y, sin embargo, Forn nos entrega otra cosa, por supuesto, mejor. Y cuando el lector entiende esto se aleja de la perplejidad inicial y se adentra en un devenir acogedor y sugerente.

Los textos que Juan Forn (Buenos Aires, 1959- Mar de las Pampas, 2021) escribía para el diario Página/12, y que forman parte del libro, eran más bien indagaciones en la sutil espesura de lo literario. Hablaba allí, y lo encontramos en el libro que nos ocupa, de personajes anónimos, de desplazados, de seres fuera del foco de la historia y de la literatura. Son búsquedas de lo ignorado o de lo olvidado. Nos habla de un tal Nkoloso, que creó un Ministerio de Asuntos Estelares en Zambia que, realmente, encubría un campo de entrenamiento de guerrillas, de Nadezhda, esposa del poeta Mandelstam, y de su libro de memorias Contra toda esperanza, en las que recuerda una frase de su marido digna de recordar: «No hay que quejarse; vivimos en el único país que respeta la poseía; matan por ella». De Dubravka Ugresic relata la herencia que recibió de un admirador, una herencia en forma de vivienda en Zagreb y de cómo la escritora viajó hasta el pueblo, llamado Kuruzovac, donde era propietaria de una cabaña en el campo.

El tono de Forn en estas narraciones es desenfadado, con un toque de humor que, sin embargo, se desplaza en ocasiones hacia lo terrible de asuntos como el exilio, la muerte, la represión, el olvido. Las historias son, todas, un paseo por el siglo XX, por los aledaños de la historia y de sus conflictos, pesquisas de sutil elaboración por las afueras de la literatura. Y es que este detalle no es menor si consideramos la propia biografía del escritor. Juan Forn se retiró a una casita en la costa por razones de salud, tras sufrir un colapso y buscar un retiro de la vorágine agobiante del trabajo editorial. Se retiró para vivir tranquilo, pero siguió comprometido con la literatura de una forma tangencial, sólo enfocada a leer y a indagar en los detalles.

Si he utilizado antes el término narraciones para calificar a los textos es porque la mirada de Juan Forn es literaria, roza la ficción, son relatos ante los que el lector duda si está ante la realidad o ante invenciones del escritor. Y es que Forn nos lleva de la mano por esas historias como si nos estuviera contando, ambos sentados frente a frente en un porche junto al mar, sueños de la noche anterior o como quien sabe algo que los demás ignoramos.

No me resisto a poner algunos ejemplos de maravillosos relatos. En el texto titulado Las piernas de Dora Markus, Forn junta al poeta Eugenio Montale con el crítico Bobi Bazlen (ágrafo reconocido) y nos habla de la foto de unas piernas que Bazlen le habría mandado al poeta con un mensaje en el reverso: «Una amiga de Gerti, con piernas magníficas. Escríbele un poema. Se llama Dora Markus». A partir de esta anécdota Forn relata la peripecia del poema y el enigma de la mujer cuyas piernas inspiraron el poema Dora Markus, enigma que, tras recibir Montale el Nobel, se convirtió en objeto de interpretación por los estudiosos. De allí, Forn, nos transporta hasta los años ‘80 en que el escritor Del Giudice escribe En el estadio de Wimbledon, donde investiga la vida de Bobi Bazlen y mantiene un encuentro con una mujer que pudo ser la Dora Markus poseedora de aquellas «piernas magníficas».

Este es el tipo de relato que encontramos en el libro que nos ocupa. Un libro repleto de detalles, guiños a la historia y a la literatura, búsquedas que sólo puede emprender un agudo observador y lector como lo fue Juan Forn, henchido de lecturas y capaz de transmitir su pasión con generosidad y soltura. Y es por eso por lo que el lector agradece ese deambular por lugares poco transitados, caminos que ignoraba y que conducen a otros parajes de lo literario, aunque en ellos nos encontremos a veces con nombres conocidos: Robert Walser, Natalia Ginzburg, Le Corbusier, Duchamp y otros renombrados artistas entre muchos personajes anónimos y olvidados por la historia.

La mirada furtiva de Forn no nos habla de anécdotas trilladas sobre aquellos artistas de renombre, más bien nos introduce por las rendijas de lo intuido para abrir una puerta a realidades inesperadas. Ese tipo de realidades que el lector ha de indagar por sí mismo, aprendiendo del maestro, de su instinto y de su estilo delicado.

Cuando uno termina este libro tiene la sensación de haber asistido a una novela con múltiples capítulos, en apariencia inconexos, pero hilados de tal modo que se tiene la convicción de la homogeneidad, de la coherencia y, usando una acertada metáfora de Julian Barnes, como si todas las biografías fueran «un collar de agujeros unidos por un cordel».

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Archivo Entreletras

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