octubre 2021 - V Año

LETRAS

Carmen Castellote, la última poeta viva del exilio español rescatada por el escritor Carlos García de Olalla

La publicación de este artículo se comparte con la revista chilena Letras 25

Recuerdo hace dos años cuando me enviabas los poemas de esta gran mujer luchadora. Tu voz desde el primer instante se convirtió en eco de esas imágenes desgarradoras y tan profundas dibujadas en los versos de Carmen Castellote esas figuras vivas reflejadas en las vivencias del alma sin abecedario y patria, esa vida que la separo de las raíces de su existencia.
Admiro este descubrimiento, he sentido que debemos ser todos protagonista de este encuentro. Entonces dejo a mi amigo y poeta hablar desde este maravilloso universo de amor de dos fuertes luchadores de esa España que como otras naciones, sus hijos han sobrevivido en medio de tanto dolor.
Que mejor formas de vivir este 12 de octubre.
Gracias Carlos incansable amante de la poesía.
Lassù
(Susanna Pallavicini, Editora de la revista Letras 25)

Carmen Castellote

A MODO DE PRÓLOGO

En 2019 se cumplieron 80 años de la salida del exilio republicano español. La figura de los exiliados, y en especial de las exiliadas que por su simple condición de mujeres son condenadas a un doble exilio que suele acabar borrando sus nombres de la Historia, siempre me ha llamado con mucha fuerza: ser hambre y olvido , no ser nada ni ser de nadie, no existir, perder tus raíces y todo lo que fue tuyo, volver a empezar de nuevo, renacer, ser nostalgia en el olvido… El exilio no solo supone una separación geográfica, de espacio o distancia, sino también de tiempo. Muchos nunca volvieron, otros regresaron pero lo que encontraron aquí no era el mundo que habían dejado atrás. Del exilio no se vuelve. Se es exilio.

Por ese motivo quise escribir un texto teatral como homenaje a las mujeres de nuestro exilio, un texto que las recordase y las pusiese frente a las y los jóvenes de hoy que, en su gran mayoría, desconocen esa dolorosa parte de nuestra Historia. No es fácil encontrar documentación sobre el exilio, y menos aún sobre las mujeres del exilio. Buscando encontré una breve reseña de una de las conocidas como; Niñas de la guerra o niñas de Rusia. Era Carmen Castellote. Se decía que sus padres la habían enviado de Bilbao a Rusia en 1937, cuando solo tenía cinco años, para ponerla a salvo de los bombardeos franquistas. Apenas había pasado un mes del bombardeo de Gernika. También se decía que tuvo que pasar la Segunda Guerra Mundial en la escuela de un pequeño pueblo de Siberia, Tundrija y que más tarde había estudiado historia en Moscú donde ganó la medalla Pushkin por un estudio que hizo sobre literatura rusa y donde se había casado con un joven socialista polaco. Continuaba diciendo que, a finales de los cincuenta, había ido a México para reencontrarse con su padre que vivía allí exiliado desde 1939. Y solo al final de la reseña se decía que, de mayor, había empezado a escribir poesía para recuperar la infancia perdida.

No decía nada más. Todo era un misterio. Busqué desesperadamente sus poemas y solo pude encontrar tres en una antología sobre la poesía del exilio (La guerra y yo, Escuela de Tundrija, y 1941). Aquellos poemas me deslumbraron y anidaron en mí. Me quedé completamente fascinado por la fuerza de aquellos versos y aquel universo tan bello, personal y único que había creado quien los había escrito. Desde aquel mismo momento supe que el texto que a iba a escribir de alguna manera hablaría de ella. Inútilmente seguí buscando información sobre su vida o su obra. En la Biblioteca Nacional me dijeron que solo tenían un pequeño poemario suyo, » Vuelo de nieve a sol» , que devoré con auténtica fruición Apesadumbrado por no haber podido encontrar nada más sobre la mujer que había escrito aquellos poemas que tanto me habían impactado, le dediqué una entrada en mi blog, “La placenta del universo”, en la que hablaba de ella y de su inimitable y profundo universo poético. Seguía dándole vueltas a mi idea de escribir un texto en homenaje a las mujeres del exilio y, como en ningún momento me había planteado que fuera un ensayo histórico sino un texto teatral o de ficción, no haber conseguido reunir más información concreta sobre la vida o la obra de Carmen no me apartó ni por un instante de la idea. Se trataba de evocar, de sugerir, de describir lo que aquellos niños y niñas pudieron haber sentido al vivir lo que les obligamos que vivir.

Unos meses después de subir la entrada a mi blog recibí un tweet desde México de un joven que me agradecía que hubiera escrito sobre su abuela. Cuando lo leí iba en el metro, era de noche y volvía a casa, jamás lo olvidaré. Me quedé absolutamente conmocionado. De inmediato le respondí contándole que quería escribir algo inspirado en su abuela y le pedí que me contase cuantas anécdotas pudiera recordar de ella, todo lo que le hubiera podido contar. Necesitaba conocer a aquella mujer que me había sacudido tan profundamente. Para mi sorpresa me contestó diciendo: “No, no, lo que mi abuela me pide es que me dé usted su dirección para poder enviarle todos sus libros” ¡Carmen no sólo estaba viva, sino que la había encontrado! ¡Había encontrado a la última poeta viva del exilio republicano!

Unas semanas más tarde me llegó un sobre desde México en el que, junto a todos sus libros, me enviaba una carta preciosa llena de cariño y agradecimiento por haberme interesado por su poesía. En el sobre también incluía una veintena de fotografías ¡originales! de su vida en Rusia en los años cincuenta y de la que había llevado en México desde entonces. En el reverso de cada foto había escrito cuidadosamente a mano el nombre de las personas con las que estaba, el lugar y la fecha. Desde entonces hemos mantenido una maravillosa relación epistolar a través de la que hemos compartido libros, sueños, anhelos y poemas.

El universo que Carmen ha creado a través de su poesía y de esa prosa tan poética que escribe es de una belleza absoluta. Hay dolor, sin duda, pero hay esperanza, en sus palabras siempre hay esperanza. Sus versos hablan de trenes llenos de ausencia, de mariposas mancas, de alfabetos mudos, de nieve que bosteza, de hogares sin mapa, de lágrimas muy viejas, de dioses deportados y de dioses muertos, de ancianos con arrugas en los huesos, de carteros que sacan lejanías de un morral, de corazones llenos de templos, lunas y rosas, de abuelos en cuyos ojos aún vive el mar, de amores primeros, de lo que dicen las voces muertas, de lagos de silencio, de humildes pupitres de escuela donde nacen todos los sueños… Sus versos hablan de frío y guerra, de soledad y hambre, pero también del calor que recibió de personas a las que no conocía que la acogieron con los brazos abiertos. Pocos poemas como los de Carmen son capaces de evocar imágenes y sentimientos tan profundos. Sumergirse en su poesía es pisar la nieve siberiana, recorrer sus caminos, sentir el frío en la cara y en los huesos, jugar con otros niños en aquella lejana escuela de Tundrija en la que los chavales del pueblo le preguntaban a Carmen si en su idioma había pan.

Como gran parte de los poetas del exilio, los poemas y los relatos de Carmen Castellote son prácticamente desconocidos hoy en España. A los que se van, los exiliados, les han robado la vida y les han condenado al olvido, pero a los que se quedan, a los que nos quedamos, nos han robado conocer su vida y su obra, conocernos a nosotros mismos. Es un auténtico crimen que la poesía de Carmen y la de tantas y tantos otros no se conozca en la España de hoy. De ahí la importancia de que aparezca ahora toda su obra reunida en este libro. Es una oportunidad única de abrir la puerta de ese universo tan personal y único que ella ha creado, ese universo en el que, como solo sucede con los poetas más grandes, no tardamos en reconocer que de quien ella habla es de nosotros.

En uno de sus poemas, “Te llamo como al aire”, hay un verso que resume lo que es la poesía de Carmen, un solo verso que condensa la experiencia vital de una poeta que, asombrada ante la realidad del mundo, nos dice que “la palabra es un remo perdido en el mar”. Pocas imágenes tan simbólicas como la de un remo perdido en el mar. El remo, lo que nos puede salvar, se halla abandonado y perdido en la inmensidad de un océano sin poder salvar a nadie, sin poder salvarnos, y ese remo perdido en la superficie de la cruel y despiadada inmediatez del mar en el que todos hemos naufragado, es para Carmen, la palabra, lo que nos hace humanos.

Solo quien ha vivido el exilio sabe que espacio y tiempo son sinónimos. «Kilómetros de tiempo» es el primer verso de uno de los poemas más desgarradores de Carmen, «La guerra y yo», un verso que dice “Caminos, kilómetros de tiempo…”, un poema que acaba gritando

“Una mujer quiere barrer el nuevo día
con su vieja escoba,
y en la orilla de un colegio, dos niños luchan,
mientras los otros ríen.
Ya nadie habla de la guerra.
¿Qué hago con los muertos?”

La poesía de Carmen Castellote es un grito a la vida, al amor, a la amistad, un necesario grito de esperanza de una mujer que ha sabido encontrar la belleza incluso en el dolor. Nada como otro de sus versos puede reflejar la grandeza del espíritu con el que ella ha decidido vivir la vida: Festejemos la derrota con un abrazo de sombras

Durante los cien días que duró el confinamiento en España como consecuencia de la pandemia del COVID-19 subí cada mañana a las redes sociales un vídeo en el que recitaba un poema. El primero que subí, no podía ser de otra manera, era de Carmen, el que dedicó a su abuelo. Y también subí el que escribió sobre la pequeña escuela de Tundrija. Elegí precisamente esos dos poemas como homenaje a las personas mayores que tanto han sufrido en esta pandemia, y a todos los niños y niñas que se han visto obligados a dejar la escuela y permanecer encerrados en sus casas durante meses. Cuando le comenté a Carmen que sus poemas habían llegado a miles de casas me contestó muy emocionada:

“Me dio mucha alegría que mi entrañable y amable abuelo saliera del anonimato para entrar en muchos hogares y corazones. Es maravilloso. Ahora Tundrija, una aldea perdida en la nieve y rechazada por los mapas, entrará junto con mi amado abuelo en multitud de hogares y en muchos corazones sensibles. Creo, así lo estimo, que esa recuperación de la poesía del exilio es histórica. Yo conocí y fui amiga de varios poetas refugiados de la generación de mi padre: Juan Rejano, Pedro Garfias, León Felipe y otros más. Todos se merecen estar en el libro más grande de la poesía, sin ellos España no estará entera. Porque el exilio es muy triste, no eres ni de aquí ni de allá. Eres del exilio. De nadie. Yo me considero, en muchos sentidos, una persona con suerte. He contado con amigos extraordinarios, pero lo que sufrí en mi amada Siberia jamás lo podré borrar. Es una herida que ni siquiera me atrevo a tocar» Te envío un poema, te lo dedico con mucho amor, recién salido del horno (la poesía en época del virus), ¡Ojalá te guste!

Para Carlos Olalla

Todos nos ejercemos en lo que somos:
lo mismo el animal que el humano.
El tigre emprende una carrera relámpago
en pos de un bocado de carne,
el alimento suyo de cada día.
La mariposa, vestida de gala,
surca el horizonte con unos remos avezados,
lame el perro el rostro de su bienhechor
con verbos de factura doméstica
y es el pájaro el que construye su intimidad;
cada cual expresa su ser sin yerros.
Yo, como ellos, hago lo que me toca:
engarzo versos sin aplausos ni estridencia,
casi en secreto.
A lo lejos, más arriba, una estrella
abre sus faros primeros.
Inicia la gestación de la noche,
el canto húmedo del grillo,
la marea verde de las luciérnagas.
Desde un ángulo del mundo
alguien arroja mi nombre,
yo sigo en lo mío: construyendo
poemas, palomas mensajeras, que envío
a alguien que no conozco, pero sé que está conmigo.
Me ejerzo por ese inefable impulso del alma,
que obliga, oprime, amenaza, condena y libera;
por ese imperativo categórico.”
Carmen Castellote.

Fotografías : Documentos del escritor Carlos García de Olalla

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