julio de 2024 - VIII Año

‘Tribu de la palabra’ de Theodoro Elssaca: Celebración y homenaje

Intervención de Tulio Mendoza Belio (poeta, ensayista, narrador, editor y miembro de la Academia Chilena de la Lengua) en la presentación del libro ‘Tribu de la palabra’ de Theodoro Elssaca en el Club Concepción (Ciudad Universitaria de Concepción -Chile-), jueves 16 de noviembre de 2023 (*)

Canto cósmico

a Vicente Huidobro
paracaidista del fuego
altazoriano

El pozo fulgurante de los poemas
se va agotando cuando parece estar
todo dicho. Desde Homero y Hesíodo,
pléyades de palabras inundan
con sus voces únicas, el horizonte
de las ideas y la imaginación.
Allá la Daphne de Ovidio en su
                                       Metamorfosis.
             Irrumpe Huidobro
                      //
temblor del nuevo cielo altazoriano
triángulo armónico, nocturnas canciones
                      //
inventor de palabras automáticas
domesticador de migrantes alondras
que se bebieron el agua de los espejos
y paracaidistas del fuego cósmico
rompiendo los límites cardinales.
Perenne es el pozo de los versos
que cantan desde las profundidades
                           o trepan al enigma sideral.

Tribu de la palabra, se titula el libro del poeta Theodoro Elssaca que hoy tenemos el agrado de presentar entre nosotros. Y para celebrar este acontecimiento, yo quiero también convocar a mi propia tribu, tribu de la palabra, genealogía del espíritu, evidentemente, es decir, a una serie de poetas de nuestros afectos que irán dialogando con la necesaria palabra que nos trae este poeta tan significativo, inquieto, noble, de invención mayor, Theodoro Elssaca. Él ya ha presentado su libro en otras ciudades, el libro debe viajar para abrirse a nuevos lectores, para tocar a esos seres que aguardan unas páginas que pueden ser salvación o consuelo o esperanza. El poeta Roque Esteban Scarpa escribió en su poema “Leerán algún día”:

Escribo para alguien que me espera.
No sabe que me espera. Cualquier día
encontrará la palabra quieta con su ansia
y le dirá mi sentido a su sentido.

Qué belleza esto de que no solo sea el poeta quien encuentra a un lector, sino más bien un sentido que le dice algo a otro sentido.

Borges, el docto poeta ciego, se preguntaba: “¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.” Es decir que la lectura es como esa llave huidobriana que puede abrir mil puertas y así abrirse a nuevos mundos y alimentar la imaginación. Gabriela Mistral nos pedía que hiciéramos despertar la apetencia del libro, como el verdadero e imprescindible alimento que es.

Para eso nos hemos congregado esta tarde, para celebrar el hecho estético que significa tener un nuevo libro entre las manos y la mirada y hacer de él un cuerpo vivo: pensamiento y emoción. Ya don Miguel de Unamuno, en su poema “Credo poético”, nos hace imperativo su verso: “Piensa el sentimiento, siente el pensamiento”. Noble tarea en un cruce donde puede hacerse indiscernible la razón de la emoción, lo objetivo de lo subjetivo para trasuntar eso otro que siempre nos entrega la poesía: la otra voz, el testimonio de los sentidos, ese decir que es un hacer que es un decir, en palabras de Octavio Paz.

Y cómo no recordar a Whitman para seguir estableciendo y dialogando nuestra propia tribu de la palabra, quien afirmó que quien toca un libro a un ser humano toca.

Cuando pensamos en la palabra “tribu”, lo primero que se nos viene a la mente es algo relacionado con algún grupo humano indígena. Tribu es reunión y costumbres, hábitos y creencias, cultura, al fin y al cabo, cultura después de todo; pero también nos llega actualizada en expresiones como “tribus urbanas”.

La frase sustantiva, Tribu de la palabra, sustantiva en su doble significado, como algo fundamental, sustancial, pero también como un elemento del análisis gramatical: el nombre, el sustantivo, tiene, precisamente, dos sustantivos de suyo significativos en el contexto mismo de este libro: los vocablos tribu y palabra. No es, entonces, cualquier tribu, es tribu de la palabra y hasta podríamos decir, tribu de la palabra tribu, ya que forma bloque, es un sustantivo colectivo, está en singular, pero refiere a una pluralidad: los seres que forman parte de ella. Mas esta tribu es de la palabra, la palabra reunida, también un colectivo. Y el libro mismo, como objeto libro, constituye una tribu, es la casa, el lugar de las palabras.

El poeta Theodoro Elssaca, ha hecho un prodigio de su memoria, que es lectura y experiencia, y ha convocado a algunos poetas de sus afectos para ponerlos a decir lo suyo en un diálogo que no cesa, para acercarnos a ese rayo que no cesa de César Vallejo. Hay un evidente gesto de homenaje a la tradición poética, ya que sabemos con Borges, que no existe la originalidad y que somos siempre un traspaso de la antorcha.

Por otra parte, como poetas, nos consideramos insertos en una tradición, nos debemos a ella, somos parte de una tribu, de una lengua, de una cultura, estas mismas palabras y las de Theodoro Elssaca, son una muestra de ello. “La poesía -todo arte- como afirma el poeta español Luis Antonio de Villena, “no es cabriola en el vacío, sino la afirmación querida y singularizada de una tradición de palabra y cultura.” Y agrega que “Uno de los usos más íntimos (quiero decir menos aparentes), pero más profundos del culturalismo, es la intertextualidad, manera de componer clásicamente alejandrina. Un autor utiliza giros, versos, o palabras de otros incorporándolas a su poema o a su escrito (frecuentemente en contexto y significado muy diverso del original) sin citar al autor previo, pero sin pretender tampoco ocultarlo. Se trata de un guiño, un homenaje, que el lector culto debe percibir. Ello no resta originalidad ninguna al nuevo poema, pero lo inserta visiblemente en la cadena cultista de la tradición.” [1] Y Eugenio D’Ors ya había escrito: “Estoy entroncado en la tradición, lo que no es tradición es plagio.”

Cartel de la presentación en el Club Concepción

Como afirmo en mi Discurso de Incorporación a la Academia Chilena de la Lengua: “Desde esta perspectiva, nos sentimos en diálogo, escritural y espiritual, con tantos poetas, artistas y escritores que no sólo han estimulado nuestra propia forma de escribir dándole un sentido, sino que han sido ejemplo de una actitud frente a la vida. Esta voluntad de diálogo, no es en nosotros sólo un mero recurso literario, algo externo, accesorio, una moda, una imitación; sino que responde y corresponde a una necesidad de sentir, vivir y practicar la poesía como una relación amorosa, como un impulso vital, ya que entendemos que la intertextualidad, lo cultural, la erudición, el refinamiento, la ceremonia, son formas de la sensualidad, del erotismo, de la seducción.”[2]

No puede escribir bien quien no ha leído y para nosotros la lectura, esa “forma de ser feliz”, como señaló Borges, y sobre todo la relectura, han sido desde siempre una fuente de inspiración, de descubrimiento y de asombro, de diálogo reflexivo y de sentido práctico por excelencia. Esta actitud ante la vida de llevar a la praxis, desde la escritura misma, todas nuestras sustentaciones estéticas y morales y su más allá histórico, es lo que Barthes llama “una moral del lenguaje”. A este respecto, son reveladoras las palabras del escritor mejicano Gabriel Zaid: “La inspiración creadora no sólo hace versos: sopla y lo mueve todo. En ese movimiento, la práctica no es algo estrecho, mecánico y sin misterio, sino creación; y la poesía es práctica: hace más habitable el mundo.” [3] Y el poeta de El laberinto de la soledad, Octavio Paz, señaló que “Una de las funciones cardinales de la poesía (y del Arte agregamos nosotros), es mostrarnos el otro lado de las cosas, lo maravilloso cotidiano: no la irrealidad, sino la prodigiosa realidad del mundo.” [4] Y nuestro Jorge Teillier nos dijo que servía para “superar la avería de lo cotidiano” y que había que “luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre.” [5] Por su parte, el maestro Alfonso Reyes, nos dice que “el fin de la creación literaria […] es iluminar el corazón de los hombres” [6] y nosotros hemos hablado de ella como “un acto de amor y de entrega… de una entrega que tiene que ver con los espacios no tasables de la felicidad.” [7]

Y el resultado es este precioso libro del poeta Theodoro Elssaca que sin duda ha escuchado la música de las esferas y podría tener su fundamento en aquel poema titulado, precisamente, “Concierto”, que es orden, disposición, composición, dirigido por ese poeta mayor, paisano de Lebu en nuestra Región del Bío-Bío: Gonzalo Rojas Pizarro, en el cual convoca a poetas, pintores, filósofos, actores, dramaturgos y hasta el Tao y a Cristo, que para mí es el gran poeta. Y llegan a la fiesta: Rimbaud, Lautréamont, Kafka, Vallejo, Shakespeare, Pound, Chaplin, Nietzsche, San Juan de la Cruz, Goya, Picasso, Kavafis, Heráclito, Sade, Bataille, Breton, Swedenborg y Artaud. “Entre todos escribieron el Libro”, así comienza el poema de Gonzalo Rojas y el sustantivo “libro” va con mayúscula, como indicando un único libro, el libro de los libros. Esa es la clave, una idea de creación colectiva que ya nos había adelantado el maldito Conde de Lautréamont cuando afirma que “La poésie droit être faite pour tous, non par un” (“La poesía debe ser hecha por todos, y no por uno”). Sentencia que socializa y democratiza la poesía, erigiéndola como un bien de uso público indispensable, como acervo de toda la humanidad, como pan, techo, agua y abrigo. Y para ello se necesitan poetas como nuestro Theodoro Elssaca, quien es capaz de afirmar con una contagiosa y estimulante fuerza vitalista: “y yo que soy la pasión sin pausa/ escribo este poema-tributo. / Trascendentes /voces /del trueno.

Cuando lean este libro Tribu de la palabra, cuando entren amorosamente y acaricien sus páginas, podrán apreciar la bellísima constelación convocada y creada por el poeta Theodoro Elssaca para escuchar, que es oír con atención, el propio concierto que él nos ha propuesto como lenguaje y visión de mundo y como homenaje cómplice en la belleza de la palabra y en la historia de los poetas. Y la poesía, como señala Theodoro Elssaca, “es más de repente, surge como un destello” y tiene una clara vocación memoriosa, un contra el olvido, la muerte y la indiferencia. Y por ello mismo, podemos decir, parafraseando a Enrique Lihn, que todos los poetas están vivos porque escribieron, porque el poeta Theodoro Elssaca ha hecho de sus huellas, nuestro propio camino vivo y como lectores-caminantes también podemos decir con Antonio Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Theodoro Elssaca

Cuando leo, releo y, a la vez, estoy leyendo. Así es, ya que cada texto lleva implícito otros textos, otras lecturas. ¿Qué leo cuando leo? Podría ser la pregunta que requiere una respuesta evidentemente connotativa: leo lo que estoy leyendo, pero al mismo tiempo los textos que implica el texto que leo. Cuando leo, también me leo, es decir, miro desde afuera lo que he escrito como primer lector privilegiado y lo que, habiendo sido escrito por otros, me identifica o me dice cosas compartidas al oído.

Esta idea es fundamental para comprender en plenitud el proyecto escritural del poeta Theodoro Elssaca. No se trata en este caso de escribir poemas sueltos, sino de la voluntad querida y deseada, de elaborar una obra, un todo, con su unidad, su continuidad, su cohesión, su coherencia, su tensión, su recurrencia y sus diferentes sorpresas. De ahí el carácter plural y sinfónico-coral de este libro, pletórico de espejos y de voces, de diálogos y resonancias, de textos que cuentan y que cantan, de guiños cómplices y de homenajes para que no haya olvido.

Ya desde la portada, la puerta de entrada a este libro, nos sorprende una sugerente fotografía realizada por el propio poeta Theodoro Elssaca: unos expresivos y anhelantes rostros en dolor de ruego, con abiertas bocas dolorosas, ojos cerrados y manos crispadas en contorsión expresionista y todo difuminándose en algo que pareciera arder. ¿Será todo esto una advertencia, un dejo de desolación por la tristeza de la pérdida, la soledad negativa, el dolor del mundo, las viejas y nuevas heridas nunca cerradas y siempre expuestas para vergüenza de la especie humana?

Ya conversaremos con el poeta.

Como estamos ante un libro objeto y ante un poemario, es decir, frente a un corpus organizado en partes que se relacionan y se corresponden en un diálogo de analogías, correspondencias y matices, los textos, la palabra, viene simultáneamente presentada e intervenida con la particular letra manuscrita del poeta Theodoro Elssaca, casi dibujando o haciendo abiertamente caligramas al modo de Apollinaire y, además, con interesantes fotografías análogas tomadas por el poeta en sus múltiples viajes por el mundo, con notas explicativas e iluminadoras a pie de página o de imagen. Y lo más logrado de este libro es cómo el poeta Theodoro Elssaca ha logrado asumir las voces de la tribu, hacerlas suyas, luego de años de lecturas y de experiencia con la palabra y la realidad de la palabra, y entregarnos, para nuestro deleite, el hecho estético en rotundos poemas nacidos de su sensibilidad y de su inteligencia.

Deseo invitarlos, pues, a recorrer las páginas de este libro único y singular como quien viaja por un cuerpo vivo que nos dice su ternura y su nostalgia, su nobleza y su asombro en ese acto de amor y de entrega que es siempre la poesía.

Notas:

[1] de Villena, Luis Antonio. “Luis Cernuda, entre el exilio y sus metáforas”, en Cernuda, Luis. Las nubes. Desolación de la quimera, Ediciones Cátedra, tercera edición, Madrid, España, 1991. Edición de Luis Antonio de Villena, p.36.
[2] Mendoza Belio, Tulio. Otras palabras (Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2010, pp. 211-229). Premio Ceres a las Artes Regionales 2011, Categoría Artes Literarias.
[3] Zaid, Gabriel. La poesía práctica.
[4] Paz, Octavio.
[5] Teillier, Jorge. “Sobre el mundo donde verdaderamente habito”, en: Muertes y maravillas. Editorial Universitaria, Santiago, Chile, 1971.
[6] Reyes, Alfonso. La experiencia literaria y otros ensayos / Alfonso Reyes; selección y prólogo de Jordi Gracia.
[7] Mendoza Belio, Tulio. Concepción, a todo Sur (textos poéticos y fotografías del poeta), Fondo de Apoyo a Iniciativas Culturales Comunales, FAICC 1998, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 1998.

(*) El presente ensayo se publica en Entreletras con motivo de la presentación el próximo 10 de abril de 2024 del libro ‘Tribu de la palabra’ de Theodoro Elssaca en Casa de América (Madrid).

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Archivo Entreletras

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