julio de 2024 - VIII Año

Tullia d’Aragona: el Renacimiento, especialmente el italiano, tiene también nombre de mujer

… porque el patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud.
Rosalía de Castro

Tullia por Moretto da Brescia

Decir Renacimiento es decir, alegría de vivir. Se recuperan el estilo y la vitalidad de la cultura clásica.

La Historia se ha venido escribiendo desde un punto de vista masculino. No obstante, en el Renacimiento hubo no pocas pensadoras, artistas, filósofas y poetas que lograron hacerse un hueco.

Tuvieron, eso sí, la animosidad de quienes estaban anclados en estructuras patriarcales, cuya expresión más lacerante era y es una misoginia mal disimulada. De ahí, la queja amarga de Rosalía de Castro que encabeza este ensayo. Siglos después, con rebeldía no exenta de rabia, lamenta que las mujeres sigan encadenadas por prejuicios, esclavizadas y oprimidas.

El Renacimiento es un periodo caracterizado por el ansia de saber y por el deseo de gozar, de experimentar… y de mirar la vida con ojos nuevos. Un ejemplo emblemático de cuanto venimos diciendo es que se admira en la mujer la inteligencia y la sabiduría, además de la belleza.

El crítico y profesor de la Escuela de Artes y Diseño de la Universidad George Washington, Andy Grundberg, en sus ensayos nos da sobradas pruebas de su sagacidad y de los nuevos puntos de vista que adopta la crítica. Afirma que la Historia está escrita y reescrita para adaptarse al presente, que es tanto como decir, que en cada periodo se interpreta el pasado desde el filtro y las inquietudes intelectuales del presente.

La presencia de la mujer en la Historia y su contribución al pensamiento, al arte y a la cultura está atravesando un momento de clara recuperación. Ya los viejos maestros de la sociología acostumbraban a señalar que, para analizar con rigor un problema lo primero que ha de hacerse es tomar conciencia de que existe. Los nuevos parámetros que incorporan la contribución de las mujeres a la historia… se van abriendo paso.

Hay mujeres, Tullia d’Aragona es solo una de ellas, que están ahí, olvidadas en un rincón y despojadas de todo protagonismo, aguardando que se las rescate y se vuelva el rostro hacia ellas.

Nos han dejado libros de inequívoco interés, en cuyas páginas resplandece la fuerza, la cultura y las ganas de vivir de quienes los escribieron. Las estrellas en el firmamento siguen el mismo ritmo desde hace siglos, milenios… mas algo ha cambiado y es la forma en que las miramos.

Parecería que las estrellas sumidas en el olvido, despiertan de su letargo y se ponen en pié. Hay una historia con minúscula que está dentro de la Historia y que salva y libera más de lo que podemos imaginarnos, aunque los rencores grises sigan persiguiéndolas con resentimiento.

Retomemos el hilo. En el Renacimiento italiano hubo progresos humanísticos, artísticos y científicos ‘de calado’. El peso de la iglesia católica con sus censuras, prohibiciones y monopolio del saber, se fue difuminando y naturalmente, esto dio lugar –con todas las dificultades y precauciones- a una experimentación libre, a un pensamiento libre y a un arte en libertad. Es más, hizo su aparición un proto-laicismo que habría de ganar enteros en los siglos posteriores. Pasó a hablarse de investigación y de conocimiento… y, lo que es más importante, a poner en práctica una nueva mirada sobre el Cosmos.

Brillaron con luz propia algunas mujeres que dejaron su huella. Es el caso de Catalina de Medicis en política o Tullia d’Aragona en filosofía y poesía, sobre la que vamos a detenernos hoy. Elegimos un hilo para llegar hasta el ovillo. No son pocas las mujeres que descollaron, probablemente, podríamos referirnos a varios cientos.

Digamos que el Renacimiento explora el interior del ser humano. Este nuevo impulso posibilita y permite una nueva mirada sobre el mundo. Por lo que a filosofía se refiere, va cayendo en desuso el tomismo aristotélico y se redescubre un nuevo platonismo: el de la belleza, el de la dialéctica y el que incita a sus lectores a aventuras intelectuales para ir más allá en el conocimiento. Es decir, renace lo que podemos llamar, sin exageración, la razón filosófica. Junto a los varones hubo algunas mujeres que no toleraron que se las apartara del pensamiento libre. Fueron auténticas pioneras y, hay que reseñarlo.

Sobre Tullia d’Aragona se han realizado descubrimientos interesantes… mas muchas parcelas de su vida permanecen aún en penumbra. Sabemos que nació en Roma entre 1508 y1510. Su madre era una cortesana. ¿Quién fue su padre? numerosos indicios nos llevan hasta el Cardenal Luigi d’Aragona. Creció en un ambiente refinado y de libertad, aunque marcada por el estigma de su nacimiento ilegítimo, parece probado, asimismo, que el cardenal le proporcionó una educación esmerada en cuanto a humanidades se refiere.

Otro hecho que no podemos pasar por alto es que su vida fue un peregrinaje por las ciudades y cortes más brillantes de la Italia de su tiempo, donde logró un reconocimiento intelectual como filósofa y como poeta, pongamos como ejemplo, Siena, Bolonia, Venezia, Florencia, donde se mostró muy activa en la Corte de Cosme I de Médici o Ferrara, por aquel entonces, un foco muy destacado de las artes y de la cultura. Otro dato que no es posible comprobar es, si Penélope d’Aragona, nacida en 1535, de quien hablaremos otro día, era su hija o su hermana.

¿Qué escribió? su obra más conocida es un diálogo neoplatónico: Dialogo della Infinita di Amore (1547). Florencia había sido la ciudad clave para impulsar los estudios platónicos y neoplatónicos, unas décadas atrás. En su diálogo no es difícil hallar reminiscencias de El Banquete y, es un buen ejemplo de lo que podíamos denominar admiración y ensalzamiento del amor platónico.

Tullia era una conversadora ágil, culta y de lengua afilada. En el diálogo los interlocutores que intervienen son el humanista, escritor e historiador Benedetto Varchi, con el que le unió una firme amistad y que, en cierto modo, fue quien la motivó para que se interesase por la filosofía, Muzio Lattanzio y la propia Tullia.

Sus opiniones son ponderadas e incluso modestas –asume el papel de alumna- pero muestra sus conocimientos hasta el punto de que es ella quien dirige y lleva la batuta en el debate. Me parece interesante que coloque a la razón por encima de la pasión y a la persona amada por encima de la amante. Por otra parte, como está en la tradición del platonismo, la unión espiritual es el fin más alto y de una mayor importancia que el amor carnal.

Es también, autora de excelentes sonetos en los que ensalza a nobles florentinos y a diferentes figuras literarias y artísticas. Es más, su casa venía a ser algo así como una ‘academia filosófica’ en cuyos salones se reunían a debatir eruditos, poetas y pensadores.

En nuestro país, esta atractiva figura es profundamente desconocida. Sin embargo, en las últimas décadas ha despertado interés en su Italia natal, en algunos países europeos y, también, en el mundo anglosajón, como comentaremos más adelante.

Puede decirse que practicó un cierto cosmopolitismo, aunque se moviera en las coordenadas geográficas y culturales del Renacimiento italiano. Sentía deseos de conocer mundo, de salir de sí misma, de viajar. Para ella la independencia era un objetivo codiciado y, siempre, procuró no sujetarse en exceso ni a nada ni a nadie.

Constantemente estaba dispuesta a descubrir por sí misma nuevos horizontes espirituales. Una cosa es pretender vivir en libertad y otra lograrlo. Hay ‘fantasmas’ que son difíciles de erradicar y que permanentemente actúan para acosar, para enclaustrar, para calumniar, marginar y hacer la vida imposible. Tullia d’Aragona fue objeto de sus invectivas y dardos envenenados.

Pensaba con claridad que hay que buscar incesantemente el conocimiento –cuanto más amplio y profundo mejor- y tener habilidad para transmitirlo con elegancia, sin pedantería, persiguiendo siempre como objetivo, una expresión hermosa y elocuente.

Era consciente de la discriminación secular que padecían las mujeres y procuraba caminar cautelosamente para evitar ser una víctima más de los turbios manejos de la misoginia. Lo consiguió durante una serie de años… pero acabó sucumbiendo.

Había que estar alerta. Las discriminaciones y las maquinaciones urdidas en la sombra, podían asomar por cualquier resquicio. Tener facultades para desenvolverse por la región alada de la filosofía y de la poesía no significaba, en modo alguno, evitar los peligros que la acechaban.

Seguían operativas y activas las fuerzas que pretendían impedir el acceso y el ascenso de la mujer en el mundo cultural.

Una cosa era proclamar enfáticamente la vigencia y la admiración hacia los ‘modelos clásicos’ y otra, permitir que se alteraran profundamente las costumbres, las normas sociales y el papel y las funciones asociadas a cada sexo.

De una forma u otra, la tiranía seguía utilizando ‘el pecado’ para cerrar vías de comunicación y compuertas, a la emancipación. Comportándose al igual, que la mala hierba, que se arranca y vuelve a crecer.

Se superaban algunos obstáculos, mas había que aplazar la consecución de no pocos objetivos que se anhelaban desde hacía tiempo.

Es siempre triste la llegada del otoño, los árboles desnudos parecen entonces esqueletos retorcidos por el sufrimiento… el desánimo cunde de nuevo y llega a hacer pensar que la utopía es una tierra que no existe.

No obstante, algunos y algunas, aprendieron a vivir las situaciones cambiantes como una oportunidad. Muchos hombres y no pocas mujeres, lograron encontrar algo que venían buscando desde hacía mucho tiempo, sin saberlo. La vida merece la pena disfrutarse. Vivir es una forma de negar, mediante la alegría, visiones arrugadas, obscuras y ennegrecidas.

Las noticias sobre Tullia d’Aragona hay un momento en que cesan por completo. Esta filósofa y poeta moriría con poco más de cuarenta y seis años, sola, pobre y olvidada, es más, acusada de brujería y vilipendiada por muchos de los que habían alabado su inteligencia y belleza.

Por eso, hay que celebrar su recuperación. La obra The Other Voice in Early Modern Europe, realizada en la Universidad de Chicago, pretendía divulgar y dar a conocer diversos textos de mujeres en la época renacentista. Incide con acierto, en que los intentos de emancipación femeninos fueron ostensibles, hubo en esos años una especie de proto-feminismo que aunque no cuajara y se vertebrara, hasta mucho tiempo después, hizo su aparición en esos años apasionantes y turbulentos de la Italia renacentista.

Ni que decir tiene que el Dialogo della Infinita di Amore, se ha editado recientemente y que han aparecido diversos estudios y aproximaciones biográficas de interés. Citaré solo una, de Monika Antes, con el título Tullia d’Aragona, cortigiana e filosofa. (Mauro Pagliai Editore – 2011), que apareció primero en alemán y que contiene el texto íntegro del Dialogo, antes citado.

La historia de las mujeres está por escribir. Mientras tanto, es a mi juicio imprescindible, en cada época, en cada situación histórica, mostrar que ha habido mujeres valientes y decididas que se han atrevido a desafiar las estructuras patriarcales y… con grandes sacrificios, iniciar la andadura en la espinosa pero fértil senda del feminismo.

Las estructuras patriarcales están perdiendo la batalla intelectual de un tiempo a esta parte y… naturalmente, esto supone un auténtico salto cualitativo.

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