julio de 2024 - VIII Año

‘Sobre el viejo humanismo. Exposición y defensa de una tradición’, de Javier García Gibert

Sobre el viejo humanismo. Exposición y defensa de una tradición
Javier García Gibert
Cypress Cultura, Sevilla, 2024
 426 páginas

La editorial sevillana Cypress Cultura acaba de reeditar Sobre el viejo humanismo, una valiosa obra, hace ya tiempo agotada, del profesor y ensayista García Gibert, publicada en 2010 por la Editorial Marcial Pons. El autor complementaba con esta obra —ahora corregida y actualizada para la ocasión— la revisión que casi diez años antes había llevado a cabo sobre la tradición judeo-cristiana en su meritorio Con sagradas escrituras. Diez ensayos sobre literatura bíblica, reflexionando sobre la otra parte de nuestro legado occidental: el humanismo que hunde sus raíces en la tradición clásica.

Como se afirma en el Prólogo de esta obra, felizmente recuperada, y con la intención de precisar los términos sin ambigüedad posible, el autor entiende por humanismo “la tradición de una larga sabiduría, vertida por escrito, que tiene sus orígenes en la cultura greco-latina y en el posterior elemento catalizador cristiano y cuyo propósito no es otro que el ennoblecimiento armónico del ser humano en sus facetas ética y estética, existencial y espiritual”. Teniendo esto presente, el libro despliega, con claro e inequívoco estilo ensayístico, una aleccionadora “exposición” histórica sobre los nombres y las aportaciones más significativos que, desde la antigüedad clásica hasta el siglo XX, han contribuido a construir, fijar o interpretar los rasgos esenciales de esa tradición que constituye el “viejo humanismo”, pero también un seguimiento de los elementos corruptores que han ido minando o disolviendo dicho legado desde el principio mismo de los tiempos modernos (en los siglos XVI y XVII). La exposición examina los temas y los asuntos en el marco cronológico en el que aparecen, aunque no escasean remisiones a la actualidad para reflexionar, a menudo en forma de contraste, sobre la incidencia o el tratamiento contemporáneo de dichos temas. En este sentido, la exposición se lleva a cabo desde el punto de vista –o el punto de fuga- de nuestros días, lo cual, desde luego, no quiere decir que se asuman los presupuestos de la “modernidad”.

Porque, tal como consta en el subtítulo de la obra, el libro consiste asimismo en una argumentada “defensa” de aquella tradición que adquiere por momentos un tono combativo tanto frente a los permanentes ataques de que han sido objeto los principios humanísticos a lo largo de la Historia como, sobre todo, frente a los falsos amigos o malas interpretaciones que la tradición humanística —y el propio concepto de “humanismo”— soportan en la actualidad. Uno de los propósitos mayores del libro es, en efecto, el desenmascaramiento de ese supuesto “humanismo de la modernidad”, que es heredero de la Ilustración y que es más bien un “humanitarismo” que conculca algunos de los principios más arraigados del viejo humanismo. Porque el humanismo no habla, por ejemplo, de racionalismo sino de racionalidad, de tolerancia sino de antidogmatismo, de libertades sino de libre albedrío e independencia de juicio, de progreso sino de perfeccionamiento individual, de igualitarismo sino de paridad de las almas bellas por encima de su condición o de su origen social… En apariencia quizá son sutiles diferencias conceptuales, pero suponen un abismo en cuanto a los principios y las consecuencias. El impagable epígrafe sobre el concepto de “discriminación”, dentro de la reflexión que establece el autor entre términos “tabú” y términos “talismán” es enormemente revelador de tales equívocos.

Esta sibilina confusión entre nociones y principios “humanitarios” y nociones y principios verdaderamente “humanísticos” no ha hecho sino acelerar la desaparición silenciosa de la rica y exigente sabiduría del “viejo humanismo” —una sabiduría que dotaba de Orden y de Sentido a las creaciones y aspiraciones humanas— y su sustitución por las consignas y los estímulos de la sociedad contemporánea, que, aunque vociferante de nuevos dogmas políticos y sociales, no parece en absoluto desgarrada ante el vacío metafísico y el absurdo existencial en el que se sustenta (a eso responde el título del último capítulo de la obra: “La tragedia del sinsentido”). Pero no todos están dispuestos a asumir sin más ese desastre. No lo está, desde luego, el autor de este libro, y así lo advierte en el mismo Prólogo: “También es hoy difícil el silencio para algunos, o limitarse a templar gaitas, ante los planteamientos anti-humanísticos —o lo que es peor: falsamente humanísticos— del vigente imperialismo ideológico de lo políticamente correcto. No ignoramos que con esta actitud muchas puertas se cierran ante este libro, pero eso no importa si también se le abren algunos corazones.” Esta confianza que así manifiesta García Gibert de encontrar todavía espíritus cómplices en el rescate de una tradición, mentes libres de los clichés ideológicos imperantes, buscadores insatisfechos ante el carácter banal y prosaico de las devociones modernas, creemos que está plenamente justificada. Así lo demuestra la voluntad de Cypress Cultura de reeditar la obra.

Sobre el viejo humanismo es, en definitiva, un ensayo de hipnótica lectura para el lector interesado en los estudios culturales, un trabajo ambicioso y decantado, de amplio recorrido, que, a despecho de su vocación hermenéutica y de su pasión intelectual, no deja de ser un análisis objetivo de los hitos y los postulados que han ido conformando —no sólo filosófica y literariamente, sino también emocional y simbólicamente— la tradición que se estudia. En este sentido una de las intenciones didácticas más firmes del libro —como confiesa García Gibert en su expresivo Prólogo— es recordar la existencia del canon humanístico (que no es muy distinto, en último término, del cada vez más desatendido “canon” de la cultura en Occidente) y reflexionar sobre la contribución específica que sus más grandes hitos —autores y obras— han ido aportando a la tradición que ese canon encarna y representa. Una simple ojeada al muy sugerente e ilustrativo índice de la obra nos revela la verdad de ese propósito y augura ya mucho del interés y aprovechamiento —y, en muchos casos, la adhesión vehemente— que el lector podrá encontrar a lo largo de sus páginas.

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