septiembre de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / Los Panero vuelven a San Sebastián con ‘El desencanto’ en 4K

¡Mis queridos palomiteros!

Cincuenta años después de El desencanto (1976), de Jaime Chávarri (Madrid), los Panero regresan hoy al Festival de San Sebastián con la proyección de una copia restaurada en 4K de la película. En 2026 han coincidido la reedición por Cátedra de Espejo de sombras, de Felicidad Blanc; el libro El desencanto. 50 años, de Filmoteca Española; un congreso internacional en Astorga; una exposición en Tabakalera y la vuelta del filme al certamen donostiarra. Además, Ana Rujas prepara un nuevo proyecto cinematográfico a partir de aquella referencia. El aniversario ha devuelto a los Panero a la actualidad cultural.

Chávarri rodó El desencanto antes de la muerte del dictador, pero la obra llegó a los cines en 1976, cuando España ya había entrado en otra etapa política. Esa diferencia entre rodaje y estreno resulta esencial. El filme no nació como comentario sobre la Transición; el público lo recibió en ese periodo y encontró en aquella familia una imagen posible del país que ya había dejado atrás la dictadura.

El director tampoco impuso esa lectura. Tenía delante una familia que revisaba la autoridad del padre muerto. Leopoldo Panero (Astorga, León), poeta ligado a las instituciones culturales del franquismo, había fallecido en 1962. Su viuda, Felicidad Blanc (Madrid), y sus hijos Juan Luis Panero (Madrid), Leopoldo María Panero (Madrid) y Michi Panero (Madrid) recuerdan ante la cámara al marido y al padre desde posiciones distintas. Ninguno impone una versión definitiva porque cada testimonio corrige, discute o contradice al anterior.

Las primeras imágenes explican bien esa tensión. El filme recoge el homenaje que Astorga dedicó a Leopoldo Panero en agosto de 1974. Antes de la inauguración, la estatua del poeta aparece cubierta. La tela oculta el monumento, pero el nombre del homenajeado preside la ceremonia y después todos hablan de él. Esa ausencia marca desde el principio lo que cuentan su mujer y sus hijos.

Aquella escena anticipa lo que ocurre después dentro de la familia. Leopoldo Panero ya no está, pero su autoridad, sus decisiones y las heridas que dejó aparecen en las palabras de los demás. A partir de ahí, muchos espectadores y críticos relacionaron El desencanto con la España de 1976. El filme llegó a los cines cuando el país empezaba a cuestionar abiertamente normas, jerarquías y formas de autoridad ligadas al franquismo.

Los Panero hablaban de su propia familia, pero muchos espectadores reconocieron en aquellas discusiones problemas que también afectaban a la sociedad española. El propio Festival de San Sebastián presenta ahora el filme como una metáfora involuntaria de una España que empezaba a llevar al debate público asuntos que durante años habían quedado dentro de las casas. Por eso muchos espectadores también leyeron la película en clave política.

Leopoldo María Panero, Felicidad Blanc y Michi Panero en un momento del documental ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri

Ese eco convirtió además a los Panero en figuras conocidas mucho más allá de los círculos literarios. El catálogo del ICAA cifra en más de 220.000 los espectadores que tuvo en España. Para una película sobre una familia marcada por la literatura, aquella difusión hizo que sus rostros y sus conflictos llegaran también a quienes no leían poesía. La prueba más clara aparece en la trayectoria de Felicidad Blanc. A partir de 1976, el gran público la conoció sobre todo como la madre de El desencanto.

Ahí aparece una de las paradojas que el cincuentenario deja al descubierto. La película dio visibilidad masiva a los Panero, pero esa fama colocó, para muchos espectadores, a los personajes cinematográficos por delante de sus libros. Juan Luis ya había publicado A través del tiempo en 1968 y Los trucos de la muerte en 1975. Leopoldo María había publicado Por el camino de Swann en 1968 y Así se fundó Carnaby Street en 1970. Felicidad, por su parte, escribía desde años antes y publicó por primera vez Espejo de sombras en 1977. Por tanto, El desencanto no inventó a esos autores, pero hizo que muchos llegaran a sus libros después de conocerlos en la pantalla.

Quien llegaba a sus libros tras ver El desencanto ya sabía mucho de sus vidas por lo que había visto y oído en la pantalla. Esa diferencia importa porque en una obra literaria el autor decide qué cuenta y cómo lo cuenta, mientras en el cine intervienen también la selección, el montaje y el punto de vista del director.

Ricardo Franco (Madrid) retomó esa historia en Después de tantos años, rodada en 1994 y estrenada en febrero de 1995. Felicidad había muerto en 1990 y el nuevo filme se ocupa de los tres hermanos. Casi dos décadas después de El desencanto, Juan Luis, Leopoldo María y Michi ya saben que la obra de Chávarri había convertido sus conflictos familiares en parte de su imagen pública.

En Después de tantos años, los tres hermanos ya saben que el público los conoce. En 2026, las memorias de Felicidad ofrecieron su versión fuera del montaje de Chávarri. En El desencanto, el director decide qué fragmentos entran y en qué orden aparecen. En el libro, escrito en colaboración con la periodista Natividad Massanés, Felicidad dispone de más espacio para contar su propia vida y detenerse en los episodios que considera decisivos.

Película y libro organizan esos recuerdos de manera distinta. Precisamente por eso el libro aporta otra mirada. En sus páginas, Felicidad aparece como autora de su propia historia y cuenta cómo recuerda su infancia, su matrimonio, la literatura y sus hijos.

Por su lado, Filmoteca Española publicó el 11 de marzo El desencanto. 50 años. El volumen estudia la génesis, el rodaje, el estreno y las consecuencias de la película. Sus autores, Felipe Cabrerizo (San Sebastián), Santiago Aguilar (Madrid) y Carlos F. Heredero (Madrid), no celebran sin más el aniversario. El libro reúne un estudio histórico y una extensa entrevista con Chávarri. Las palabras del director completan la documentación sobre el recorrido del filme.

Astorga añadió en julio una perspectiva académica con el Congreso Internacional «A medio siglo de El desencanto», dedicado al cine y la literatura en la Transición. Leopoldo Panero nació en Astorga, y la estatua que abre la película se encuentra en la ciudad. El programa atendió tanto al cine como a la obra escrita de la familia y evitó que esta última quedara otra vez en segundo plano.

El interés llega además a una generación que nació mucho después del estreno. Ana Rujas (Madrid, barrio de Carabanchel) trabaja en su primera película como directora con un proyecto titulado El desencanto para Movistar Plus+. La nueva obra no reproduce el documental de Chávarri. Su protagonista es una directora teatral que monta una pieza inspirada en los Panero y la trama incorpora las diferencias de clase del presente.

San Sebastián recupera ahora el episodio que dejó a El desencanto fuera del Festival de 1976, pese a figurar inicialmente en su programación. El equipo retiró la película después de que la Guardia Civil matara a tiros al joven Josu Zabala (Irún) durante una manifestación celebrada en Hondarribia el 8 de septiembre. La decisión no respondió a un desacuerdo artístico ni a una iniciativa de la organización del certamen. El equipo retiró el filme como protesta por la muerte de Zabala.

La 74.ª edición se celebra del 18 al 26 de septiembre de 2026. El desencanto abre Klasikoak con una copia restaurada en 4K, y Tabakalera mantiene hasta el 27 de septiembre una exposición sobre lo ocurrido en 1976 y sus efectos posteriores. El Festival presenta la proyección como un acto de reparación: la institución programa el filme, expone la documentación del conflicto y reconoce que aquel episodio influyó en la posterior democratización del certamen.

Ese regreso cierra una ausencia de cincuenta años, pero abre una pregunta más interesante. La presencia del filme en San Sebastián coincide con el trabajo de editoriales, investigadores y cineastas que vuelven a situar la obra escrita de la familia junto a las imágenes que hicieron famosos a los Panero. La revisión de 2026 pierde sentido si se queda en las frases más conocidas del documental o reduce a la familia a una colección de personajes excéntricos.

El desencanto convirtió una historia familiar en un acontecimiento cinematográfico y político porque llegó a las salas cuando España discutía su pasado inmediato. Medio siglo después, el reto es distinto. Ya conocemos de sobra a los personajes que hablaron ante Chávarri. La pregunta ahora es cuánto conocemos la obra que escribieron fuera de la película.

Cincuenta años después, la película vuelve. Esta vez, los libros también reclaman su sitio.

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