¡Mis queridos palomiteros!
Hoy os hablo de un libro que me hace especial ilusión. Devuelve a las librerías la poesía de Miguel Hernández de la mano de un autor a quien seguimos de cerca en este espacio. Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988), poseedor ya de un sello inconfundible en su elegante verso, claro y comunicativo, acaba de publicar Contra la piedra hostil del desaliento. Antología poética (1923-1941) en la editorial Árdora.
Mateo llega a Hernández tras cultivar distintas disciplinas. Curtió su perfil creativo en el máster de Guion de la Escuela TAI (2013) y, entre 2008 y 2012, colaboró con el cineasta y escritor asturiano Gonzalo Suárez, fallecido recientemente. Dirigió el cortometraje Variaciones sobre un mismo tema (2013) y, sobre las tablas, encarnó a Segismundo en Segismun2000, versión de La vida es sueño montada por Javier Navarro de Zuvillaga.
Su otro terreno firme es la escritura. Doctor en Bellas Artes por la UCM (2019), ejerce la crítica cultural en Revista de Occidente, El Imparcial, Zenda, Ethic, El Periódico de Aquí, Crónicas de Siyâsa, Mutaciones, Cintilatio, Culturamas, Cualia, El Cuaderno y Las Nueve Musas, además de firmar artículos sobre cine en Nosferatu, Notorious y El Setanta Nou.
Su labor investigadora ha aparecido en publicaciones como Instituto Cervantes, Archivos de la Filmoteca, Femeris, EInnova, Aniav, Re-visiones, Asri, CILH y Síneris, donde destacan sus trabajos pioneros sobre la cineasta Helena Cortesina y el músico Jordi Sabatés. Esta trayectoria lo ha llevado como ponente a las universidades Complutense, Autónoma de Madrid, Salamanca, Valencia y Huelva.
En la docencia, impartió clases en institutos de la Comunidad de Madrid y en los colegios Casvi y San Patricio. Este 2026 también ha sacado a la luz la plaquette Cajón de-sastre (El Búho Búcaro) y ha participado en el volumen colectivo Black Mirror. Miedo y distopía. La nueva ciencia ficción (Underdog Ventures).
Con semejante equipaje, resulta natural que terminase encontrándose con la obra del poeta oriolano. Nos sentamos a conversar con él. Pasen y lean.

En Contra la piedra hostil del desaliento (2026) selecciona y prologa la poesía de Miguel Hernández entre 1923 y 1941, desde los primeros versos del adolescente de Orihuela hasta los poemas escritos en prisión. Al ordenar esos textos, Ud. decide dónde empieza y dónde termina cada etapa. ¿Qué trayectoria del poeta aparece en su antología que no habían mostrado así las anteriores?
En esta nueva antología se le da una especial importancia a los poemas de formación de Hernández, por cuanto constituyeron el aprendizaje necesario para llegar a los de sobra conocidos por el público lector. Gracias al estudio previo que nos legó Agustín Sánchez Vidal, se le ha dado a este periodo la importancia que requiere. En mi caso, he subrayado e incluido esta parte necesaria para una antología que tiene en cuenta al Miguel temprano.
En una antología también importa lo que no entra. ¿Qué poema muy popular ha dejado Ud. fuera y qué razón concreta explica esa decisión?
Este es el caso, por ejemplo, del poema Jornaleros, perteneciente a Viento del pueblo, dentro de esa aportación única del poeta soldado a la producción existente en el contexto de la Guerra Civil. Fue una decisión difícil extraerlo del conjunto, pero se acabó dando relevancia a otros poemas no menos importantes de este libro y más acordes con la estética que recorre la antología completa.
El poeta alicantino conoció de primera mano el trabajo en el campo y sabemos que mantenía contacto diario con los animales, antes de poder hacer de la escritura una forma de vida. ¿En qué palabras, imágenes o escenas de sus versos reconoce Ud. con mayor claridad esa experiencia?
Se reconoce en esa primera etapa de juventud, cuando resuenan ecos de la tierra natal como arcadia —los animales, como bien dices, aparecen aquí claramente—, pero sobre todo está presente ya convertida en lenguaje simbólico a partir de Perito en lunas, donde a pesar de su carácter surreal lo natural va conformando el imaginario del poeta. Después llegamos hasta El rayo que no cesa, Viento del pueblo o Cancionero y romancero de ausencias. En estos últimos ejemplos la tierra se hace vientre materno del que se procede; también hay elementos aéreos como la luna. La Naturaleza juega un importante papel como personaje con el que establecer el diálogo lírico.
Perito en lunas (1933) muestra todavía la huella de Góngora. En El rayo que no cesa (1936) y Viento del pueblo (1937), en cambio, ya reconocemos una voz propia. ¿En qué poema sitúa Ud. ese cambio y qué verso permite comprobarlo?
Hay un poema precisamente relacionado con la anterior cuestión y que es Me llamo barro aunque Miguel me llame. En él se opera ese cambio de un lenguaje hermético gongorino a otro más próximo al Hernández que conocemos, deudor de la Naturaleza de la que procede. Pertenece al célebre poemario El rayo que no cesa, conformado a su vez por temas como la angustia amorosa y existencial.
El poeta de Orihuela murió a los 31 años en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante. Con el tiempo, su memoria quedó unida al cautiverio, el periodo republicano y su temprano deceso. Esa biografía pesa sobre la manera de leerlo. ¿Qué rasgos de su poesía quedan en segundo plano cuando el lector se acerca antes al mártir que al poeta?
Tal vez los relativos a la cuestión amorosa, si bien es conocida su historia con Josefina Manresa y de ella nace el hijo de ambos, Manuel Miguel —llamado cariñosamente “Manolillo”—, a quien Hernández dedica la célebre Nanas de la cebolla. También el poeta dedica a su mujer Canción del esposo soldado, único poema que registró con su voz y gracias al cual la conocemos.
Ataraxia (2022) y La imagen sonora (2023) parten del cine; Exposición permanente (2025), de la pintura; y Sinfonía para un solo músico (2026), de la música. Una película ofrece imágenes en movimiento, un cuadro fija una imagen y una partitura trabaja con sonidos. Ud. solo dispone de palabras. ¿Qué puede hacer un poema con esas artes que ellas no pueden hacer por sí mismas?
Evocar, sin duda, sensaciones que solo desde la palabra pueden lograrse. Si “una imagen vale más que mil palabras”, podría decirse también que una palabra vale por mil imágenes. Por eso, resulta tan difícil adaptar una novela al cine, por ejemplo. Hay textos intraducibles en este sentido.

En 2019 Ud. defendió en la Complutense la tesis El fragmento como referencia de la modernidad en los procesos de creación de la vanguardia artística española (1906-1936). En sus poemas yuxtapone imágenes, corta enlaces y deja zonas que el lector debe completar. ¿Qué decide Ud. no explicar y cuánto confía en que quien lee encuentre por sí mismo la relación entre esos fragmentos?
Confío en la inteligencia y capacidad de deducción del público lector. Precisamente mi tesis seleccionaba determinadas creaciones representativas de la vanguardia artística española —procedentes de ámbitos tan dispares como la literatura, la pintura, la música o el teatro— como ejemplos de obras fragmentadas, cuyos elementos constituyentes, si eran analizados convenientemente, podían llevar a las influencias europeas del nuevo arte. Cada pieza se convertía en sujeto de análisis detectivesco. Creo que he conseguido una poesía que es a su vez sencilla de comprender pero que no renuncia a las referencias culturales. Aquí sí que se exige una búsqueda por parte del interesado de esos elementos que han podido influir en mi poesía.
En Novela (2024) convierte distintos años de su vida en poemas y se coloca a sí mismo dentro del libro. El autor conoce lo que ocurrió; el personaje que aparece en la página ya responde a otra lógica. ¿Cuándo deja ese «yo» de ser Ud. y empieza a convertirse en una figura literaria?
Cuando ha asumido lo ocurrido o, si no ha logrado comprender lo que ha podido sucederle en la vida y por qué, al menos lo ha aceptado. Hay muchas cosas que tienen lugar y no poseen una aparente razón de ser. Esto nos inquieta, pues no hay nada peor que la incertidumbre, pero la vida sigue y hay que continuar con ello o sin ello —dejándolo en el camino o cargándolo en la mochila—.
En El Imparcial, el 18 de enero de 2025, citó entre sus influencias a Manrique, Garcilaso, Lorca, Aleixandre, Baudelaire, Rimbaud, Machado, Pizarnik, Villena y Leopoldo María Panero. ¿Cuál de ellos ha dejado una huella más difícil de borrar en su escritura y qué ha tenido que hacer para no sonar demasiado a él?
Creo que las referencias nunca me han influido hasta el punto de contagiarme un estilo o una estética. Están ahí y tienen cierto peso en cuanto a que me han hecho amar la poesía. Pero siempre he intentado no dejarme llevar por una forma de trabajar concreta, tratando de ser fiel a mi propia forma de entender la escritura. Eso sí, seguramente de forma inconsciente haya elementos subterráneos que van cimentando el trabajo, no lo niego.
Entre Ataraxia (2022) y Sinfonía para un solo músico (2026) ha publicado seis poemarios en cinco años, entre ellos Arquitectura del sueño (2024). Un ritmo así aumenta el riesgo de caer en la repetición de imágenes, recursos o temas. ¿Qué comprueba Ud. antes de dar un libro por terminado y qué ha eliminado alguna vez porque ya lo había dicho antes?
Intento hacer cada vez un libro distinto al anterior, empezando por el tema que lo motiva. Dentro de cada poema, hay casos en que tiene lugar un claro proceso de depuración, mientras que en otros el poema brota de forma espontánea y apenas admite revisiones posteriores.
Ud. estudió violín desde los cuatro hasta los diecisiete años y tocó en la Orquesta Amadeus. Durante trece años aprendió a medir el ritmo, escuchar a otros músicos y repetir un pasaje hasta dominarlo. ¿Cuál de esos aprendizajes reconoce todavía cuando escribe Sinfonía para un solo músico?
Sin duda, el carácter musical que hay en los poemas, incluido aquellos de verso libre. La música vive dentro de mí y lo que hago se encuentra de un modo u otro empapado de ella.

Juan Durán convirtió «Músicos del metropolitano», de Ataraxia (2022), en una habanera que llegó al Teatro de la Zarzuela en 2024. Otro músico decidió desde entonces la duración de las frases, las pausas y la manera de decir sus versos. ¿Qué oyó en esa versión que Ud. no había previsto al escribir el poema?
Me gustó mucho la elección de la habanera como género musical con su ritmo pausado y melancólico. También el aire irónico que dio Durán a la obra, ya que el poema original tiene esa mezcla entre algo dramático y humorístico.
El Teatro Ramos Carrión de Zamora estrenó Hildegart el 26 de julio de 2025, dentro del Festival Internacional Little Ópera. Cuando hablamos en Entreletras, el 5 de agosto, Ud. recordaba seis minutos de aplausos y cinco llamadas a escena. Más de un año después, ¿qué secuencia entre Hildegart Rodríguez y su madre Aurora escribiría hoy de otra manera y qué cambiaría exactamente?
La pregunta es bien interesante —como las anteriores—, aunque creo que no modificaría sustancialmente nada de lo escrito. Es curioso, pero esta ópera ha quedado tan marcada en mi mente en su resultado final —mérito del trabajo de Juan Durán, así como de la dirección musical de Lucía Marín, la escénica de Alberto Trijueque o la escenográfica de Igone Teso— que me resulta muy difícil tratar de mejorarla.
En 2021 publicó en Quaderns de Cine un estudio sobre la aportación de Carlos Blanco a Los peces rojos (1955), de José Antonio Nieves Conde, y en 2024 dio a conocer en Anales de Literatura Española dos textos inéditos del guionista. ¿Qué elemento concreto de Los peces rojos entendemos de otra manera cuando conocemos mejor lo que escribió Carlos Blanco?
La modernidad subyacente de este autor, por encima de los guiones escritos y de las películas filmadas en el cine español de la época. Blanco fue un visionario y sus tramas poseen una complejidad y una originalidad difícil de superar. Por ello sigue brillando este filme y otro como fue Los ojos dejan huellas, de los mejores noir de nuestro país. Por algo Blanco acabó recalando en Hollywood e interesó a cineastas como Joseph L. Mankiewicz, quien estuvo a punto de dirigir Los peces rojos. También productores como Samuel Bronston o intérpretes como Gary Cooper estuvieron a punto de participar en proyectos propuestos por él. Bien es cierto que también se dice que algunos hitos de su biografía pudieron ser fabulados por el propio Blanco. ¿Dónde empieza la realidad y acaba el mito?
De la llegada en tren a la salida en caravana (2022) escoge 126 películas, una por cada año de historia del cine. Cuatro años después, ¿qué título sacaría de la lista, cuál pondría en su lugar y qué ha visto ahora que entonces no vio?
Siempre digo cuando me preguntan por la elección de filmes para este libro que pesó más el intento por ser objetivo que el gusto propio. Sigo manteniéndolo y creo que fue una selección difícil aunque gratificante en su resultado final. Aunque he seguido viendo películas, me mantengo en la lista hecha.
En Culturamas, el 17 de marzo de 2026, contó que llevaba unos tres años trabajando en un nuevo libro dedicado a una «geografía cinematográfica concreta». En ese proyecto, el lugar pasa a importar tanto como los directores, los géneros o las fechas. ¿Qué película le ha hecho comprender mejor la relación entre un territorio y el cine que nace en él?
Hay muchos ejemplos de ello, como el cine de Ingmar Bergman, tan duro, frío y a la vez cargado de emociones, solo posible de hacer en una geografía como la escandinava. En el polo opuesto está nuestro cine, tan pleno de pasión como lo es la cultura mediterránea.

En El Imparcial, el 18 de enero de 2025, defendió la «crítica constructiva» y afirmó que, cuando el crítico no aporta nada al autor ni al público, «lo mejor es callar». Ud. publica juicios sobre obras de otros creadores y también recibe críticas sobre las suyas. ¿Qué debe saber un crítico antes de decir públicamente que una obra ha fracasado?
Lo primero, tener la sensibilidad y el saber estar previos para aplicar un juicio con corrección, buscando antes lo que edifica que lo que destruye. Hay demasiada crítica hecha de subjetividad —no digo que no tenga que haber juicios personales, sería imposible que no los hubiera, pero hay que tener la cabeza fría para revisarlos y ver cuánto en ello hay de juicioso y cuanto de “charla de café”, como decía una profesora que tuve en la carrera— y por culpa de ella nos podemos perder obras que vale la pena conocer. Debe pensarse en un juicio lo más universal posible para que además no caduque. ¿Cuántas críticas han quedado pasadas de moda con el correr del tiempo?
Ud. ha publicado poesía, ensayo e investigación cinematográfica, ejerce la crítica y ha escrito un libreto de ópera. ¿Qué libro lleva años queriendo escribir y qué obstáculo concreto ha impedido hasta ahora que lo empiece?
¡Una novela! Bien es cierto que me he movido de forma cómoda en el relato corto o en el cuento, pues son formatos que me estimulan. Mi poemario Novela surge de un proyecto novelístico frustrado al que dediqué cerca de diez años —con sus pausas, claro está— y que podía estar terminado pero que, por ser en buena parte autobiográfico, fue imposible de cerrar. Me llama la atención que haya incluso libros de autoayuda que traten precisamente de esto: de conseguir escribir una novela (hace un tiempo vi uno en una librería y me quedé ojiplático). Hay quien dice que escribirla es fácil. A mí no me lo parece (mis proyectos frustrados así lo demuestran), pero espero conseguirlo algún día.





