agosto de 2026

Sobre el tratado clásico «De lo sublime»

Hay un tratado fascinante en la antigüedad griega que se titula “De lo sublime”,  se atribuía a un tal Longino, distingue entre lo bello y lo sublime, lo bello tal vez se pueda conseguir con trabajo, a base de seguir unas indicaciones,  es  la armonía,  lo agradable, pero lo sublime es lo que nos arrebata, nos hace vivir una intensidad  superior, nos acerca de  golpe a los dioses, y eso solo se consigue con genio, el genio es el inspirado por excelencia, aquel al que inspiran los dioses, el que bebe del manantial supremo y se emborracha, el que escucha directamente la Vida, de repente se rasga el velo del templo, se vienen abajo las columnas, se deshacen las certezas, sentimos un vértigo, nos levantan en el aire.

Lo bello solo es el comienzo de lo terrible, decía Rilke, por eso hablamos de la terribilidad de Miguel Angel,  Longino habla de lo que nos rompe la casa, de lo que nos inunda, según él podemos encontrar esos momentos en ciertos pasajes de Homero, en trozos de Lucano en “La Farsalia”, en algunas tragedias, en esos fragmentos  soplan directamente los dioses,  se produce un vendaval, ante ellos ya nada tienen que hacer los críticos, ya no pintan nada los preceptistas, y ese entusiasmo  no se puede aprender, no se puede construir, no es como juntar ladrillos.

En todo caso se trata de abrirse, de hacerse tan humilde que paradójicamente  uno se vuelva privilegiado, de vaciarse  para que nos entre todo, podemos llegar a tener miedo, nos espantamos  ante algo que nos supera, te dices:  la inspiración  comporta un milagro, es la introducción de lo prodigioso  en la vida, de nuevo ésta se vuelve espiritual y divina, te dices: podemos acarrear materiales y trabajar con los maestros,  recibir todo tipo de consejos,  pero con ellos no podemos producir la lluvia.

Lo sublime es el relámpago y los relámpagos no se fabrican, cuando alguien escribe algo sublime, o lo hace, relampaguea en esos momentos, supera sus propias intenciones, va más allá de lo que ha querido decir conscientemente, como cuando Cernuda dice que quiere decir su amor   con el olvido, en ese olvido está lo sublime, Cernuda insinúa en esos versos unas dimensiones inconcebibles   del amor.

La obra de Longino está inmersa en la filosofía platónica, afirma  la irradiación de las Ideas directamente en la obra literaria,  mediante lo sublime se accede a ese mundo superior que está escondido, lo estético alcanza entonces la dimensión de lo religioso, pero   lo sublime no tiene por qué consistir en grandes palabras altisonantes,   se puede manifestar en una frase humilde, en un gesto que casi no se perciba, alguien puede estar inspirado  y decir lo más decisivo cuando crea que no ha dicho nada.

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