mayo de 2024 - VIII Año

Carmen Arlborch en el recuerdo

Con motivo del homenaje celebrado en el Ateneo de Madrid a Carmen Alborch traemos a Entreletras dos textos, el primero una breve reseña de dicho acto firmada por Francisco Javier del Barrio, actual presidente de la Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas del Ateneo de Madrid, el segundo recoge las palabras de Juana Escabias, dramaturga, directora de Escena, profesora de Arte Dramático y Secretaria de Cultura del PSOE-M.

Homenaje a Carmen Alborch (1947-2018)

carmenalborchPor Francisco del Barrio.-

En la Sala Ciudad de Úbeda, del Ateneo de Madrid se celebró el pasado 6 de febrero un Homenaje a Carmen Alborch.

Intervino la dramaturga Juana Escabias, Secretaria de Cultura del PSOE de Madrid, el Secretario General del PSOE de Madrid, José Manuel Franco, el diputado valenciano Cipriá Ciscar, amigo de Carmen desde los años sesenta en la universidad y Adriana Lastra, vicesecretaria del PSOE.

Los ponentes glosaron la figura de Carmen Alborch, como mujer, como feminista, como jurista, como escritora y socialista. Con un aforo completo, tomo la palabra Juana Escabias que puso de manifiesto su talento y sensibilidad como escritora comprometida, con su trilogía de ‘Solas, Malas y Libres’. José Manuel Franco desgrano las cualidades que adornaban a Carmen, como su fuerza de voluntad y alegría, sin ocultar su fuerte carácter. Fue pionera como primera decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, recordó Cipriá Ciscar, que la nombro Directora General de Cultura de la Generalidad y posteriormente directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Como Ministra de Cultura, recordaba Adriana Lastra: ‘Aún permanecen leyes impulsadas por Carmen, como son la que regula los derechos de propiedad intelectual o la de fomento del cine español, pero quedará en nuestra memoria esa foto en la que ya malita, estaba sentada en un banco aplaudiendo a las nuevas generaciones de feministas que se manifestaban en la calle por el ‘asunto de la manada’ como un relevo entre generaciones de mujeres feministas’

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Por Juana Escabias.-

carmen alborchPalabras pronunciadas durante el homenaje a Carmen Alborch realizado en el Ateneo de Madrid el 6 de febrero de 2019

Es un honor para mí participar en este merecidísimo homenaje a Carmen Alborch, celebrado en el Ateneo de Madrid, esta gloriosa y legendaria institución dedicada al saber y al librepensamiento desde hace tantas décadas. Me gustaría comenzar dando las gracias a los organizadores, a José Antonio García Regueiro, Vicepresidente del Ateneo de Madrid, y a las Secciones de Ciencias Jurídicas y Filosofía, cuyos responsables, Francisco del Barrio y Antonio Chazarra, se encuentran hoy aquí entre nosotros. También deseo expresar mi agradecimiento al público que abarrota esta sala por su interés en el acto, y a mis compañeros de mesa, Adriana Lastra, Cipriá Ciscar y José Manuel Franco. Es un doble honor para mí formar parte de esta mesa.

Hemos venido a honrar la memoria de una gran mujer, Carmen Alborch. El recuerdo, el acto de recordar, es de vital importancia para las sociedades, y es un acto de justicia. Todos los valores vinculados a la democracia que defendemos las personas progresistas (la igualdad de derechos y oportunidades, la educación para todos, la sanidad universal, la creación de riqueza para la prosperidad social, el feminismo, etc… ) pueden condensarse y resumirse en ese único valor: La Justicia.

Me gustaría homenajear a Carmen en cuatro facetas, como política socialista, como escritora, como feminista y como ciudadana perteneciente a mi país, España. Carmen Alborch fue ministra de Cultura de 1993 a 1996, senadora, concejal del Ayuntamiento de Valencia, Directora General de Cultura de la Generalitat Valenciana, Directora del IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), Decana de la Facultad de Derecho y muchas más cosas. Tuvo méritos, distinciones, reconocimientos, premios… Pero todo eso son datos, y yo prefiero hablar de lo que no aparece en las enumeraciones biográficas de un ser humano. Por ejemplo, de su estilo en el ejercicio de sus cargos.

Carmen Alborch ejerció sus cargos públicos con pasión, con compromiso, desde la absoluta entrega, cargada de convicción y practicando todo aquello en lo que creía. Amaba la cultura profundamente, y no solo la gestionaba, también la disfrutaba como ser humano. También ejerció su oficio (sus múltiples oficios) desde la generosidad. Formó equipos en los que fomentó el talento y dio oportunidades a las personas que los componían y estaban bajo sus órdenes. Esa generosidad en el ejercicio de los cargos, es imprescindible para que los proyectos se engrandezcan, para que se pueda trabajar mejor para la ciudadanía y conseguir objetivos más excelsos, más consolidados, que en mejor medida beneficien al bien común. El declive de muchas sociedades y entidades se produce precisamente cuando se carece de esa generosidad, cuando el líder de un grupo se muestra receloso ante personas brillantes y con talento. Carmen nunca tuvo miedo de que su gente, sus equipos, estuvieran compuestos por gente valiosa, se rodeó de profesionales de primera y les dejó trabajar en un ambiente de compañerismo.

Impulso el cine, la música, las artes escénicas, la industria de las bellas artes, la música… Vivía entregada a la cultura. Y por esa vocación y por su sincera entrega, obtuvo el reconocimiento unánime de todo el sector.

Como escritora, fue pionera a la hora de abrir debates necesarios socialmente, pero para los que la sociedad no estaba preparada. Fue una auténtica maestra del pensamiento positivo y el empoderamiento del ser humano, como demostró en ‘La ciudad y la vida’ (2009, RBA Editores)o en ‘Los placeres de la edad’ (2014, ESPASA, en el que defendía el hecho de vivir la madurez con plenitud y positivamente, no como castigo, desterrando tópicos y abriendo un valiente debate sobre el envejecimiento a todos sus niveles.

Como feminista, también fue una mujer pionera. Las mujeres que hoy en día continuamos luchando por la igualdad entre mujeres y hombres, tenemos una deuda de gratitud con ella. En su libro ‘Malas: rivalidad y complicidad entre mujeres (2002 AGUILAR), ya argumentaba a favor de la necesaria complicidad entre mujeres, del establecimiento de alianzas, desterrando así mismo los negativos y falsos tópicos referentes a la natural hostilidad femenina y el sentido de la competencia y de la enemistad que nos es propio por naturaleza.

En ‘Libres: ciudadanas del mundo (2004 AGUILAR) ponía como ejemplo el de grandes mujeres de todos los países y campos de actividad, como la científica Rita Levi, la ecologista Vandana Shiva y otras muchas, mujeres de vanguardia que habían conseguido casi imposibles logros que ella animaba a emprender a todas las demás mujeres.

‘Solas: gozos y sombras de una manera de vivir’, fue quizá su obra más personal, en la que Carmen se expuso sin reparos como mujer perteneciente a una época en la que la independencia y la autorrealización, conducían inevitablemente a la soledad. Vivir sola no es estar sola, afirmaba ella en un auténtico ejercicio de valentía en el que su discurso rallaba con el de la también pionera del feminismo Erica Jong en su ‘Miedo a volar’.

Como ciudadana, como ser humano, también merece un reconocido homenaje por su valentía, por atreverse a ser y estar en la manera en la que ella misma era, estaba y pisaba en una sociedad cargada de estereotipos y censura. El machismo imperante en la época (más feroz aún que el actual), obligaba a una mujer que ocupaba cargos públicos a una autocensura y una seriedad marcada por lo que debía ser lo ‘políticamente correcto’. En su forma de vestir, en su comportamiento y en su pensamiento, Carmen siempre se atrevió a ser ella misma, sin miedo a críticas. En muchas ocasiones, fue llamada ‘la ministra Almodóvar’, un calificativo que escondía una gran carga de crítica por parte de los sectores más reaccionarios, pero que para mí constituye un elogio.

Por último, admirada Carmen, quiero hablar de tu alegría, de tu amabilidad y de tu buen talante, en este mundo en el que esos valores (los buenos tratos) constituyen otro blanco de la censura, que equipara la seriedad con la profesionalidad, el mal talante con la seriedad, la agresividad con la responsabilidad. Quien no es agresivo, quien no trata a los demás con mal talante, quien no se comporta siempre con una severa y rígida seriedad, es considerado poco serio, poco responsable, poco eficaz desde el punto de vista profesional.

Pero todos nosotros, aquellos que te quisimos y admiramos, y aún te queremos más ahora que no estás, reivindicamos tu figura y tu alegría como un gran valor personal y social. La vida es un regalo, es un don que debemos vivir plenamente, con energía y satisfacción. Las bases de una verdadera sociedad progresista basada en los buenos tratos se construyen desde esa convicción. Tú supiste comprenderlo y practicarlo, y en los últimos meses de tu vida (aun sabiéndote ya enferma) dedicaste tu tiempo a difundir ese mensaje, escribiendo un libro que ya no te fue posible terminar sobre la alegría de vivir.

Por tu ejemplo. Por tu magnífico e insustituible ejemplo, hoy queremos rendirte este homenaje. Gracias de corazón, querida Carmen.

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Archivo Entreletras

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