julio de 2024 - VIII Año

Harry Quelch y el socialismo

Harry Quelch (1858-1913) fue uno de los primeros marxistas británicos y estuvo entre los fundadores de la socialdemocracia en el Reino Unido, dedicando su vida al compromiso político, al periodismo y al sindicalismo también.

En esta pieza quermos acercarnos a su pensamiento a través de un artículo suyo traducido al castellano que publicó Vida Socialista el 31 de marzo de 1912 sobre el régimen socialista. Se trata de un nuevo acercamiento al interés que tenemos sobre lo que distintos autores han entendido por socialismo.

En teoría, el socialismo sería un sistema de sociedad basado en la propiedad colectiva de los medios de producción, y en el trabajo realizado por todos en beneficio de la comunidad.

Según Quelch, los socialistas afirmaban que sus aspiraciones no eran utópicas, sino el resultado natural del desenvolvimiento de la sociedad. Al parecer, sería normal considerar que es imposible llevar a cabo el objetivo del socialismo porque se pensaba que era imprescindible el concurso personal de los propietarios para que se pudiera producir, pero estaban triunfando en ese momento las sociedades anónimas que, no pudiendo ser dirigidas y administradas por sus propietarios, dejaban sus funciones en manos de asalariados, por lo que parecía factible la producción colectiva, en la que los directores serían pagados por la comunidad, trabajando en beneficio de todo el pueblo.

Lo que estaba pasando es que ya no se producía para satisfacer las necesidades humanas, sino para que la clase dominante acumulase más y más riquezas. No importaba la mercancía sino el beneficio, surgido por la plusvalía, que nuestro autor explicaba sucintamente como la diferencia entre el valor efectivo del trabajo del asalariado y lo que éste percibía, y que era inferior al valor del producto que entregaba.

Con el maquinismo el trabajador producía más mercancías, generando superproducción, y que llevaba al aumento de desocupados, con la consiguiente generación de miseria para los mismos y sus familias. Esa miseria, por lo tanto, no surgía por el encarecimiento de los productos sino por la carencia de medios para adquirirlos.

En cambio, nos dice Quelch, en el régimen socialista, los útiles de trabajo pertenecerían al pueblo, y sus delegados dirigirían e inspeccionarían la producción. Todo aumento de riqueza beneficiaría a la comunidad que, por consiguiente, dispondría de más elementos para su recreo y para hacer la vida más agradable, con menos esfuerzos. Pero con el capitalismo los aumentos de riqueza significaban más lujos para algunos, y más miseria y sufrimiento para las masas.

Gracias al avance de la ciencia y de la técnica el hombre había adquirido tal dominio de la naturaleza que podía fabricar toda clase de productos con la abundancia que quisiera. Por eso no existía ningún motivo razonable para justificar la pobreza ni la necesidad en ninguna parte del mundo.

Y aquí estaba la clave del socialismo, ya que proponía el medio más equitativo para distribuir el trabajo y la riqueza, es decir, socializar la distribución de los productos, como socializada estaba la producción.

¿Y cuál debía ser el método del socialismo para conseguir su objetivo, es decir, para derribar el régimen capitalista y competitivo y sustituirlo por otro de cooperación fraternal?

Quelch afirmaba, como buen socialista, que debía hacerse a través de la organización de los obreros en partidos de clase, y que no eran otros que los que reconocían que la clase trabajadora se encontraba esclavizada al haber sido desposeída de los medios de producción, y que entre la clase proletaria y la burguesía existía una guerra constante, que no cesaría hasta que los obreros tomaran posesión del poder político. Cuando esto ocurriese, la lucha de clases cesaría, al fundirse ambas en una sola. La emancipación obrera sería un hecho e imperaría el régimen socialista.

Como observamos estaríamos ante un ejercicio sencillo de divulgación marxista.

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