septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

En memoria de Don Benito Pérez Galdós

Homenaje a Galdós al cumplirse el primer centenario de su fallecimiento. El día 4 de enero de 1920, murió Benito Pérez Galdós. Al cumplirse un siglo de su fallecimiento, un grupo ateneístas queremos rendir tributo a su memoria ante la escultura, de blanco mármol de Lérida de Victorio Macho, situada en el Parque de El Retiro. Tenemos previsto llevar a cabo una ofrenda floral y leer unas breves cuartillas en memoria de nuestro ilustre consocio, que perteneció durante muchos años a la Docta Casa, en la que coincidió con Amós de Escalante o Emilia Pardo Bazán. Su rebeldía, la riqueza de sus personajes y su compromiso con los desfavorecidos, nos impulsan a rendirle este tributo de afecto.

El pasado día cuatro de enero se cumplieron los cien años de la muerte de D, Benito Pérez Galdós, denominado con toda justicia “cronista de España” y de toda una época, que con sus cuarenta y seis Episodios Nacionales dejó constancia de nuestra vida nacional. Así lo hizo, por ejemplo, en el dedicado al 2 de mayo, donde nos relata cómo en poco más de dos meses improvisamos un ejército de patriotas ganando a los franceses la batalla de Bailén.

Pérez Galdós nació el 10 de mayo de 1843, en Las Palmas de Gran Canaria. Conocedor profundo de nuestra idiosincrasia, puede decirse que, tras Cervantes, es el segundo mejor escritor de nuestra patria. En muchos momentos se ha querido ignorar o desvirtuar su obra, pero he de recordaros como a su muerte, el 4 de enero de 1920, el pueblo de Madrid se echó a la calle, y ahora, en el centenario de su fallecimiento, es necesario escuchar a D. Benito nuevamente, pues sus enseñanzas no deben caer en el olvido.

Sabemos que fue buen dibujante desde joven. Era un niño tímido y callado que, cuidado por su hermana mayor, “Benitín” tuvo el cariño que su madre le denegaba. Más adelante, en la diaria pugna que algunos escritores tuvieron entre sí, Valle Inclán le adjudicó el sobrenombre de “el garbancero”, queriendo decir con esto que sus escritos eran algo sin importancia y demasiado populares, pero no era así.

Sencillo, discreto, celoso de su intimidad, Don Benito transitó por las calles del Madrid finisecular hablando con la gente sencilla, para luego transmitirnos su forma de ser, de sentir y de pensar, apropiándose así de la Verdad Humana, con mayúscula, para decirnos a todos cómo se pueden combatir “las verdades irracionales de los otros”.

Galdós fue un hombre muy moderno. En sus novelas y en las vivencias de sus personajes, se anticipó a la tesis de Ortega hablándonos del sujeto y su circunstancia, y así fue como nos contó de la fortaleza de Fortunata defendiendo su derecho a amar, de Tristana con sus reivindicaciones, o del inolvidable y solidario personaje de Benina, en Misericordia, y todo dentro de una escritura realista, que no costumbrista, y de un extraordinario conocimiento de la literatura Europea de la época.

Regeneracionista y amigo de Giner de los Ríos, fue testigo de la crisis del Estado Liberal. Ateneista destacado, participó en las discusiones entre intelectuales que en el Ateneo se producían, sabiendo que allí era donde él podía exponer sus ideas siempre en busca de un país donde se incorporasen a la sociedad, las nuevas clases medias junto a las obreras que, traídas por la incipiente industrialización llegaban hasta nosotros.

Desde alguna de sus obras critica a la Iglesia y al clero, en particular a los Jesuitas, que con sus palabras manipulaban la conciencia de los chicos, y a la Iglesia, porque apartándose de la enseñanza de Jesucristo, intentaba acercarse al poder para, desde ahí, influir en el Estado y sus instituciones, opinando más sobre lo político que sobre lo divino. Así hizo la crítica social de su época, pero su obra es enorme y no se puede resumir aquí. Contrario a cualquier inmovilismo, defendió el laicismo y la emancipación de la mujer, sin dejar de denunciar la corrupción tan grande de su época. Nunca llegó a casarse pero tuvo una hija con la modelo Lorenza Cobián y fue el eterno amante de doña Emilia Pardo Bazán. Ambos tienen preciosos retratos en el Ateneo de Madrid.

En cuanto a su pensamiento político, militó junto con Azaña y Ortega, en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez. Fue un hombre comprometido con la Democracia y con sus ideas, y encabezó la Convención Republicano Socialista de 1909, consiguiendo hacer “más republicanos a los socialistas y más socialistas a los republicanos”. Él era amigo de Pablo Iglesias Posse y con su ánimo y empuje logró que el tipógrafo ferrolano obtuviese un escaño en el Congreso de los Diputados., sin dejar de criticar a los políticos que, como “casta”, nunca harían algo fecundo para el país.

Ya mayor y casi ciego, su vejez fue tan lúcida como lo había sido su vida. No dejó de dar sus clásicos paseos por la ciudad, apoyado en alguno de sus amigos. Entonces dictaba sus libros y sus artículos, y se dejaba cuidar por el Dr. Marañón, también amigo, siendo, como decía Unamuno, “un jornalero de las letras”, de cuyas ideas, y dada su actualidad, aún hoy podríamos aprender mucho. Volvamos a repasar su vida y sus obras y guardémosle la gratitud debida por su ingente y valiosísimo trabajo.

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