septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

En memoria de Manuel Salcedo Vaya

Manuel Salcedo Vaya, dirigente del POUM en Valencia, fue fusilado por los fascistas en 1942 y enterrado en una fosa común en Paterna. Su cuerpo sigue desaparecido

Por Javier Gimeno Perelló*.- | Septiembre 2018

Excavacion fosaSon demasiados los miles de asesinados, de encarcelados, de exiliados. De desaparecidos. Uno sólo ya sería demasiado. Manuel Salcedo Vaya es uno de ellos. Nacido en Valencia en 1884, fue uno de los fundadores de la Federación levantina del PCE. Discrepancias profundas con el partido, en especial por su fortísima dependencia política e ideológica y complicidad con el régimen de Stalin y su cruenta represión contra toda oposición de izquierda, le llevaron a fundar con otros camaradas el Bloc Obrer i Camperol, BOC, al poco tiempo de proclamarse la II República. En 1935 el BOC se une con l’Esquerra Comunista de Andreu Nin para constituir el 29 de septiembre de ese año el Partit Obrer d’Unificació Marxista, POUM, organización miembro de la IV Internacional.

Desde su fundación, Manuel Salcedo formó parte del Comitè Executiu del POUM en el País Valencià, donde llegó a tener, como en Catalunya, una fuerte implantación. Nada más producirse el golpe de estado faccioso, asume la presidencia del Tribunal nº 1 de Salud Pública de Valencia. Sus hijos Manuel, Francisco y José Salcedo Fos siguieron la estela revolucionaria de su padre y desde muy jóvenes militaron en el POUM. El 19 de julio de 1936, Francisco participa en el asalto a los cuarteles de la Alameda (edificio que luego ocuparía el Banco de Valencia) en previsión de una posible toma de la ciudad por las tropas fascistas. Junto con su hermano Manuel (José aún era un niño), se alistó voluntario a la columna Peixe-Uribes y luego a la 21 Brigada Mixta donde resultaría herido y perdería una pierna. Una vez repuesto de sus graves heridas, vuelve a Valencia donde en plena guerra no tuvo más remedio que dedicarse a preservar los archivos del POUM de la persecución estalinista. Finalizada la contienda, José, su hermano menor, tuvo que exiliarse a Francia con 18 años. Como tantos otros exiliados republicanos en ese país, José fue a parar a un campo de concentración cerca de Toulouse, de donde logró escapar. Francisco, que se quedó en España, fue detenido junto con otros camaradas del partido y puesto en libertad al poco tiempo, teniendo que pasar a la clandestinidad para continuar militando en la lucha antifranquista. Hecho de nuevo prisionero, acusado de «delito posterior», fue condenado a 30 años, de los que cumplió 12. Estando en la cárcel, en 1942 fue testigo de la saca de presos donde iba su padre, de quien no le fue permitido despedirse antes de su fusilamiento en Paterna. Ya en libertad, participa junto con su hermano Manuel en la creación de la Asociación de Proyectistas Cinematográficos de España –oficio éste que ejercía desde muy joven-, organización, como todas las de trabajadores, perteneciente al sindicato vertical, actividad que le permitió hacer de enlace sindical entre sus compañeros de oficio en toda Valencia. Ya en la transición contribuyó a la reconstrucción de la UGT en Valencia y se afilia al PSPV-PSOE, fundando el Club de Iniciativa Socialista con su gran amigo y camarada poumista José Grimalt. Murió en su ciudad natal en 1998.

Los arduos trabajos de excavación de arqueólogos y otros voluntarios de la asociación www.todoslosnombres.org están permitiendo descubrir los cuerpos de miles de asesinados en Paterna y en otras localidades (su base de datos dispone hasta la fecha de 95.135 nombres de personas desaparecidas). Quizá en una de las fosas aparezcan los restos de Manuel Salcedo Vaya. Es el mejor homenaje que sus nietas y los demás familiares podemos hacerle, y la única forma de curar heridas que durante más de 70 años nunca se pudieron o se quisieron cerrar.

Puesto que juzgar a los responsables de tanto oprobio ya no parece probable, ni siquiera posible, rescatar los cuerpos de miles de asesinados y enterrarles dignamente es una forma de contribuir a eliminar los posos de cultura franquista todavía incrustados en el imaginario de la derecha española, aún de la que se pretende moderna, y de una gran mayoría silenciosa, silenciada, apolítica…

 

* El presente artículo, enviado por el autor a la redacción de Entreletras, ha sido también publicado en el diario Nueva Tribuna

 

 

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