noviembre de 2026

Yona Wallach, Tel Aviv como una ola

Foto de Consuelo de Arco

Es extraño que en tan poco tiempo Tel Aviv adquiriera tanto poso y tanto carácter.

Tel Aviv tiene tanta personalidad como Nueva York. Está llena de barrios originales. Como el silencioso barrio yemenita. O el Neve Tzedek de la movida y la cultura.  O Florentine con sus bares oscuros y su arte callejero.

Y las avenidas de estilo Bauhaus muestran sus casas de magia blanca, con esquinas en curva. Yona Wallach decía quería que los muros se convirtieran en olas, y con las casas Bauhaus eso mismo ocurre.

Las playas son diversas, cada una tiene su carácter, hasta llegar al puerto.

El barrio marinero al norte tiene el sabor de los barrios marineros que hay al norte de Europa.

Al sur la zona de la vieja estación de trenes, con sus vagones, está llena de restaurantes y cafeterías.

La calle Bialik, dedicada al gran poeta Bialik, ofrece sus bares bohemios y la intensidad de los cafés.

Consuelo y yo nos alojábamos en el Hotel Eclectic, un alojamiento solitario y decadente en Neve Tzedek. Subíamos por la avenida Rotschild llena de edificios Bauhaus con sus elegancias dinámicas. Caminábamos por la calle Dizengoff y llegábamos a la plaza. Allí el hotel Cinema homenajeaba al cine con sus curvas blancas y sus galerías movidas.

Un poco más arriba, en el cruce con el callejón Yodfat, vivía la poetisa (a mí me gusta decir poetisa) Yona Wallach.

Me acordé de que en los años sesenta vivió una vida vertiginosa. Vivía desenfrenos sexuales y daba discursos en los bares. La internaron por temporadas en centros psiquiátricos. Y murió a los 41 años de un cáncer de mama.

Recordé que ella lideró una contracultura desgarrada en Israel. Asombró con una poesía provocadora y desconcertante. Se saltaba todos los límites de la poesía al uso, desafiaba.

Pero tenía profundidad y melancolía.

En “Luz salvaje” decía: “Dentro de una grieta escondida entre las rocas / bebe agua una cierva / ¿qué hay entre ella y yo? / sino las rocas de mi corazón”.

En “Formas” invita a liberarse a través de la poesía: “Deja que las palabras hagan el amor en ti,/ lo harán a su voluntad, / dando formas nuevas a la palabra”.

Una edición en inglés de sus poemas se titula “Let the words”, “Suelta las palabras”.

Seres incompletos se completarán cuando venga un raro mesías y las murallas se conviertan en ola.

En Tel Aviv, con la arquitectura Bauhaus, los muros se convierten en olas. Tel Aviv entera se vuelve una ola blanca y vibrante.

Parece mentira que en tan poco tiempo esa ciudad adquiriera tanto carácter. En mucho menos tiempo que Nueva York, porque Tel Aviv prácticamente comenzó a principios del siglo XX.

Parece una cena como las que pintaba el fascinante pintor Reuben Rubin. Una visita a su museo te llena de vida.

Decía Yona Wallach: “en sus miembros la sensibilidad/ resucitará/ tortuga blanca/ la muralla poderosa / se rompe/ como una cascada”.

Entonces el payaso que siempre actúa y el fantasma descarnado reirán juntos con “una risa que es un temblar claro”.

Israel, un país joven y acosado, siempre a la defensiva, tiene grandes escritores. Y grandes artistas.

Yona Wallach quería que los muros se convirtieran en olas. Y Tel Aviv, en el barrio blanco Bauhaus, se convierte en una ola.

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