febrero de 2026

La columna romana / ‘In vino (romano), veritas’

Amigos, como dice la canción, al que no le guste el vino, es un animal… o no tiene un real, que es lo más normal. A los romanos nos gusta el vino desde siempre y no es que lo inventáramos, sino que el vino, por cierto palabra de latín puro, fue popularizado y convertido por nosotros los romanos en una industria mundial. El arte del vino no se sabe si fue introducido en Hispania por los fenicios o por los griegos, si bien se conservan restos de vides muy anteriores a la visita de esos pueblos a nuestras costas. El vino de Ceret (Jerez) era conocido desde el siglo III a. C. hace dos mil trescientos años y se han encontrado ánforas en todo el imperio con la inscripción «vino de Cádiz» (bueno, en latín: vinum gaditanum). Pero vides romanas las hubo en toda nuestra geografía. Se sabe por ejemplo que las viñas de Burdeos fueron plantadas a partir de las nuestras de Rioja y por otra parte, en las cercanías de Valdepeñas, ha aparecido el mayor lagar de vino del Imperio.

Los romanos tomábamos desde siempre el vino en chatos, kyathos, que es una medida griega y es de donde viene chatear y todo eso, aunque ahora lo hagamos, qué lástima, sin vino.  Fíjate si la cultura del vino es romana que todavía conservamos muchos refranes como el del título: in vino veritas, (el borracho siempre dice la verdad) o el verso del poeta Horacio ¿calices quem non fecere disertum?, es decir, ¿a quién no sueltan la lengua unas copas?…

De esto de cosechar vides, sabíamos mucho lo hispanos, hasta el punto que los libros más antiguos, en latín por supuesto, que se conservan sobre el cultivo de viñedos, fueron escritos precisamente por nosotros los romanos de Hispania, como Columela, de Cádiz, cuyos consejos se siguen practicando todavía en cuanto a plantación vendimia… Los romanos normalmente tomaban el vino con agua, para no emborracharse, también le añadían especias, o fabricaban el famosísimo y muy dulce mulsum, del cual Columela de Cádiz nos ha dejado una receta en la que el mosto y la miel fermentan juntos.

Curiosamente, los barriles o barricas de madera fueron un invento galo, que aprehendido por los romanos también impulsó, y de qué manera, la industria vitivinícola. Por cierto la expresión que dice todavía «a ojo de buen cubero» tiene su origen precisamente en que los barriles o cubas de vino, las fabricaban a ojo artesanos muy especializados.

Los hispanos teníamos acento al hablar en latín. Parece que parte del acento hispano consistía en que pronunciábamos igual la «b» y la «u ut be» lo que explicaría el famoso juego de palabras latino: beati hispani quibus vivere bibere est, que quiere decir, felices los hispanos para quienes vivir es beber.

Bueno, os dejo con un brindis hasta la próxima columna. Y como despedida, otro refrán romano sobre el vino que todavía utilizamos: Cum pane et vino conficietur iter: con pan y vino, se hace camino. Ave amigos. Y salud.

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