enero de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / Emilio Gutiérrez Caba cosecha un éxito absoluto con su versión de ‘Los Duelistas’, por primera vez en el teatro  

¡Mis queridos palomiteros!

Desde que el cineasta británico Ridley Scott (Red de mentiras, 2008) transformó en mito cinematográfico el relato del novelista ucraniano, de estilo modernista, Joseph Conrad en The Duelists (1977) —su celebérrima opera prima premiada en Cannes—, la historia de dos hombres atrapados en un duelo eterno parecía estar destinada solo al cine.

Ahora, por primera vez en la historia del teatro, Los Duelistas —dirigida con oficio por el gran Emilio Gutiérrez Caba, adaptada con finísima elegancia e inteligencia por Javier Sahuquillo y producida por Yapadu Produccions— se pone en escena en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómezhasta el 18 de enero—, donde se ofrece una propuesta capaz de acercar al público contemporáneo una de las reflexiones más punzantes sobre el honor y el absurdo de la guerra.

La trama toma como punto de partida el enfrentamiento prolongado entre dos húsares del ejército napoleónico, Armand D’Hubert (Juan Carlos Mesonero) y Gabriel Florian Feraud (José Juan Sevilla), cuya rivalidad se extiende durante más de veinte años en una sucesión de duelos y otros cientos de avatares que el texto desarrolla con precisión milimétrica. Lo que comienza con un agravio menor se transforma en un ritual de violencia sin fin, pero que Joseph Conrad plantea como sátira antibelicista, es decir, que más que un relato estrictamente histórico, Los Duelistas funciona como un espejo para revisar nuestras propias obsesiones colectivas con el honor y la razón de Estado de nuestro lado.

La propuesta, muy lograda, articula con inteligencia teatro físico, videoescena y música en directo (Marc Servera). La combinación de estos lenguajes enriquece el conjunto y sitúa al espectador dentro del conflicto, gracias a un ajustado engranaje escénico. Así, los oportunos recursos audiovisuales y el sutil espacio sonoro (gran trabajo de Edu Soriano) desplegado refuerzan la intensidad del drama, especialmente en los duelos de esgrima, de gran autenticidad y belleza —excelentemente coreografiados por Javier Mejía—, que empujan la escena hasta el límite. Por su parte, el libreto —afinadísimo— preserva la esencia del texto original y traslada realismo a todos sus cuadros. Por su lado, el ritmo de la pieza, que se extiende cerca de noventa minutos, se mantiene constante y consigue mantener la atención del público en todo momento.

Emilio Gutiérrez Caba

El elenco está compuesto por cuatro actores de raza con una trayectoria profesional acreditada. Daniel Ortiz, como narrador y encarnación de Joseph Conrad, guía la acción con naturalidad y rompe la cuarta pared con buen humor y buenas dosis de ironía que estructuran la percepción del público sobre la historia.

Por su lado, Aurora García Agud, que interpreta a Jessie Conrad y varios personajes secundarios con gran solvencia, aporta al piano música en directo, que marca con precisión los clímax y algunas importantes transiciones, convirtiéndose en un eje decisivo en el relato.

Francisco Ortiz y José Juan Sevilla, en los papeles de D’Hubert y Feraud, dotan a cada duelo de un auténtico choque de voluntades: el temple de Ortiz contrasta con el carácter apasionado de Sevilla, estableciendo un equilibrio constante entre ambos personajes. Este contraste, asumido con determinación y personalidad, refuerza además la complejidad de las figuras que encarnan.

La escenografía, diseñada por Luis Crespo, es sobria pero versátil: los pocos elementos presentes se transforman con eficacia para sugerir campiñas, cuarteles o fronteras interiores. Este planteamiento flexible permite que la acción se desarrolle con claridad, y que los duelos de esgrima mantengan su protagonismo sin que el escenario se sature.

La iluminación a cargo de Pablo Fernández,  por su parte, contribuye a crear atmósferas diversas, subrayando los cambios de tono y acentuando los clímax de cada enfrentamiento. La videoescena ideada por Inés Sánchez González aporta un importante valor dramático añadido que da espacio y contexto al desarrollo de la trama y una muy interesante profundidad de campo, que en ningún momento rompe la unidad dramática de la obra.

Además, el vestuario de Pier Paolo Álvaro recrea con fidelidad los elegantes trajes de los militares de la época napoleónica, combinando detalles históricos, de gran significación y elegancia, con otros de interesante funcionalidad. Esta elección permite que los actores se muevan con libertad durante los duelos y pone en valor la sensación de autenticidad, que honestamente es un precioso ejercicio de arte escénico.

En el fondo, Los Duelistas plantea interrogantes sobre la obstinación humana y la persistencia de la violencia: ¿qué queda del honor cuando el mundo cambia y los hombres insisten en seguir enredados en la misma pelea? La obra no ofrece respuestas fáciles, sino que convierte lo absurdo en una reflexión profunda sobre la utilidad y el sentido de la batalla.

Por todo ello, recordamos que esta primera adaptación teatral de Los Duelistas es fiel al espíritu de Joseph Conrad, contiene  grandes dosis de creatividad en su puesta en escena y montaje, y hace gala de una muy solemne presencia de los oficiales de caballería franceses, así como de un esmerado cuidado por la cuestión estética del conjunto. Un resultado inmejorable que ha logrado, con todo merecimiento, Emilio Gutiérrez Caba, el primero en traer al teatro esta excepcional historia. ¡Muy recomendable! ¡No os la perdáis!

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Archivo Entreletras

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