Notas para recordar a mi maestro Caeiro
Álvaro de Campos
Introducción, versión y notas de Luis María Marina
Olifante. Ediciones de Poesía, 2025
Serie Maior
106 páginas
Memoria de Alberto Caeiro o el misterio
de la vida de los heterónimos
En el último tramo de 2025, bajo el prestigioso sello editorial Olifante-Ediciones de Poesía, vieron la luz las Notas para recordar a mi maestro Caeiro, del portugués Álvaro de Campos. Detrás de la edición de esta obra hallamos el buen hacer del poeta, ensayista y traductor Luis María Marina. Por un lado, las Notas es un libro que nos acerca de nuevo a ese casi inagotable manantial literario que es la figura y la obra de Fernando Pessoa. Por otro, nos emplaza ante la indiscutible autoridad que todavía hoy ejerce el autor luso en la creación y empleo de heterónimos, a los que insufló aliento vital y por medio de los cuales él mismo, como en una suerte de realidad aumentada, ensanchó los cauces de su singular existencia, tanto poética como material.
En este sentido, como asevera Luis Marina en las primeras líneas de sus fundamentadas “Explicaciones” que sirven de proemio al libro, para «escribir sobre Fernando Pessoa, no menos que para leerlo, es preciso acostumbrase a lidiar con el misterio a cada paso». En consecuencia, la lectura de mencionadas aclaraciones resulta obligada, para conocer la rigurosa labor de traducción realizada con la finalidad de recuperar estas Notas, la trascendencia de las mismas en la obra de Pessoa y, finalmente, comprender el papel de los heterónimos en el corpus literario del autor lusitano.
Expone Marina en esta introducción, prácticamente un ensayo de breve formato, algunas ideas y claves muy interesantes sobre la producción literaria de Pessoa. Anota que traducir al autor portugués, además de constituir una tarea ineludible es «una de esas obligaciones del ser antes que del deber ser propias de la literatura». También que «a cada nueva generación compete una nueva lectura de los clásicos». Esto último es significativo. Sólo releyendo a los “clásicos” somos capaces de descubrir la vigencia posible que en cada época atesoran autores y autoras cuyas obras, gracias al valor atemporal de su contenido, terminan por otorgar a quienes las crearon referida credencial en el ámbito de las letras.
Igualmente, Luis Marina nos pone al día sobre los dos «paradigmas interpretativos nuevos» que prevalecen sobre Pessoa en la actualidad «entre editores, traductores (y quién sabe si también entre los lectores)». El primero, «afecta a la condición, objetivamente fragmentaria» de la obra de Fernando Pessoa. El segundo, tiene que ver con la «consideración de la heteronimia». De esta forma, «hoy — subraya Marina— la autonomía de lo que el filósofo José Gil ha llamado “vida heteronímica” ha dado pie a profundizar de manera consciente en las vivencias de cada una de sus manifestaciones». En consecuencia, las Notas ocupan un lugar prominente, ya que «son, si cabe, aún más relevantes como testimonio de la complejidad de la “vida heteronímica”» de Pessoa. Autor depositario de un extraordinario caudal literario, tanto en poesía como en prosa, con una riqueza existencial y filosófica que se despliega a través de los numerosos heterónimos que creó. En estas Notas, elaboradas y algunas de ellas publicadas en los años treinta del siglo pasado, hallamos a los más importantes de tan amplio elenco.
En relación con la traducción de las Notas, Luis Marina confiesa aquí que esta tarea ha supuesto entrar en un camino que sabía «cuajado de fallas geológicas y arenas movedizas», procurando «conjurar la tentación, tan poderosa, de poner en boca del clásico aquello que yo querría que hubiese dicho, o de colmar con argumentos propios e innecesarios los agujeros negros (los de su obra como reflejo de los de la existencia) o, por fin, de moderar aquello otro que chirría» en la mentalidad del traductor en el momento presente.
Así las cosas, lo verdaderamente excepcional del heterónimo no es la invención de una “personalidad” para suscribir tal o cual obra, cuya función puede cumplir un seudónimo, sino la construcción de una figura con identidad distintiva que forma parte de su creador. Aunque, eso sí, posee su particular biografía, es autor o autora «consciente» de sus obras y, por decirlo de alguna manera, mira casi desafiante al público lector desde una realidad que sabemos es un sutil juego de espejos. Por lo demás, la gran pregunta sobre el heterónimo es si su creador es capaz de manejar siempre los hilos que, en teoría, le atan a él o bien el heterónimo deviene en un «ser literario» autónomo, capaz de obrar por sí mismo. Quién sabe.
Como desvela Luis Marina, una «de las piedras de toque de la originalidad heterónima tiene que ver con la manera en que cada una de esas personalidades va, literalmente, tomado cuerpo delante de nuestra mirada». Ahora bien, en su examen del universo de los heterónimos de Pessoa, Marina encuentra una lógica ambivalencia que «en nada afecta a la sensación de realidad que transpiran las Notas…En ellas no se percibe nada exterior; nada parece y (dado que, según las enseñanzas del maestro, no hay otra realidad que la sensación) nada es fingido.»
De este modo, Marina concluye: «Lo que contemplamos es apenas el misterio de la vida de los heterónimos, no sólo vivida en palabras, sino comprendida con esas mismas palabras». De hecho, en el epígrafe “Apoteosis de Caeiro”, Marina aclara que «Campos, por fin, es el más complejo y, probablemente, el más completo de los heterónimos». Monoteísta, pragmático y de pensamiento maleable, son los rasgos que le diferencian de los “otros” componentes de “Los del grupo”, «cofradía» de la que tendrán noticia cuando se adentren en las páginas del libro. En cualquier caso, Álvaro de Campos describe en estas Notas algunas líneas maestras de su percepción más personal e intrínseca: «No creo en nada sino en la existencia de mis sensaciones; […] No veo con los ojos, sino con el alma; no oigo con los oídos, sino con el alma; no palpo con la piel, es con el alma. Y si me preguntan qué es el alma, respondo que soy yo.»
Sin duda, como era de esperar, Fernando Pessoa, está en las Notas, «hay que ir devanándolo con paciencia», pero como asevera Marina, en efecto «está ahí». Se trata de un «hombre tan excesivamente inteligente que es incapaz para la vida (de la inteligencia). Un perfeccionista patológico. Un inadaptado, lleno de fragilidades humanas frente a los atributos de aquellos que nos rodean: semidioses, impávidos Horacios y globe-trotters con monóculo.» Estamos ante un «hombre que nos mira desde los márgenes de sus propias palabras, sabiendo que no es nada, y que por eso contiene todos los sueños.» Más aún, cuando Álvaro de Campos hace referencia en las Notas al fallecimiento de su maestro Caeiro, resulta muy llamativa la alusión a Pessoa: «En todo caso, ha sido una de las angustias de mi vida, […]: que Caeiro murió sin que yo estuviese a su lado. […] Yo estaba en Inglaterra. El propio Ricardo Reis tampoco estaba en Lisboa; había regresado a Brasil. Estaba Fernando Pessoa, pero era como si no estuviese. Fernando Pessoa siente las cosas, pero no se mueve, ni siquiera por dentro.». Revelador.
Por último, en sus “Explicaciones” de las Notas para recordar a mi maestro Caeiro, Luis Marina dilucida la naturaleza de dichas Notas, concluyendo, entre otras cuestiones, que estos escritos «tienen vida propia y son más que una simple explicación de la heteronimia. Una vida quizás más humilde que la de otros conjuntos de poemas o prosas de su autor, pero también, en cierto sentido, más real, más humana, más sincera.». Es imposible estar más de acuerdo con Marina.
Ahora, sólo resta invitar a la lectura de estas Notas. A que, si lo consideran conveniente, hagan suya está discreta pero valiosa joya que nos legó Pessoa. Perdón…, Álvaro de Campos. Por la excelente literatura que encierra, así como por la calidad de la traducción y las aportaciones preliminares de Luis Marina, la lectura de este libro será a buen seguro de su agrado.











