abril de 2026

Homenaje a Mario Vargas Llosa, un año después de su muerte

Mario Vargas Llosa se llama en realidad Jorge Mario Pedro Vargas Llosa y nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa, Perú. Ha sido galardonado con premios muy importantes: el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986) y el Cervantes (1994) y el Premio Nobel de literatura en 2010. Falleció en Lima el 13 de abril de 2025.

En los años sesenta ya nos dejó novelas tan impactantes como La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) y Conversación en La Catedral (1969). Si La ciudad y los perros es una recreación de su experiencia en el Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, donde estuvo el escritor cuando tenía catorce años. La casa verde, sin embargo, recrea un burdel del mismo nombre y cuenta la historia de Bonifacia, una joven que, a punto de recibir los votos de la Iglesia decide adentrarse en el mundo de la prostitución. Y, uno de sus mayores éxitos de ese período, fue Conversación en La Catedral, donde el escritor peruano logró una historia memorable, con una prosa rica, lo que señala una cualidad indudable de su estilo.

En 1977 escribió La tía Julia y el escribidor, basado en experiencias que el mismo autor tuvo con su primera mujer, Julia Urquidi, a quien dedicó la novela.

Hay otros muchos libros y otros muchos premios, pero la concesión del Premio Nobel en 2010 nos hace plantearnos cuáles son las grandes cualidades del autor.

La primera es su sentido de la trama, escribe con transparencia, dando a los personajes la autenticidad que requieren, haciendo del universo de los mismos un espacio digno de atención.

La segunda, es, sin duda, ese estilo que ya le caracteriza, ese mundo rico de imágenes, donde las grandes novelas (verdaderos best-sellers, pero sin el concepto peyorativo que pueden tener frente a la gran literatura) van ofreciendo diferentes perspectivas, al igual que sus adorados escritores franceses: Balzac, Víctor Hugo o Flaubert.

La tercera es la calidad ética del autor, tan denostada por algunos, pero claramente defensora de los valores humanos individuales, un deseo de crear un mundo ordenado, lejos de las ideologías comunistas, donde late el fracaso de un sistema que nunca contó con el ciudadano, como dejaron claro los sistemas dictatoriales donde el comunismo ha imperado, sistemas tan crueles con el ser humano que han dado a la historia grandes injusticias sociales (Stalin, Mao o Castro).

La cuarta y última es el oficio de escritor, como cuenta J. J. Armas Marcelo al decirnos en el artículo que encabeza el ABC del sábado 9 de octubre de 2010 titulado “’Varguitas’, el primero de la clase”, que el escritor peruano es un amante del oficio, un escritor disciplinado que dejó a Carlos Barral, a él mismo y a una bella señorita en la estacada, mientras él cumplía el rito de escribir de cuatro a ocho de la tarde. Esa disciplina es la que nos hace ver en Vargas Llosa un artesano, un obrero de la palabra, que conoce el esfuerzo, movido por el afán de crear el término adecuado, donde el talento se une a la constancia y al oficio.

Todo ello, hace de Vargas Llosa un intelectual que firmemente y, desde muy joven, se ha comprometido con la literatura, sin olvidar al mundo que le rodea (tanto es así que quiso ser presidente, sin éxito, en 1990). Si hoy se le identifica con la derecha, será porque él reconoce su animadversión hacia el progresismo que se publicita en el mundo moderno y que no esconde más que falacias y actitudes hipócritas.

La Fiesta del Chivo: Vargas Llosa y su mirada al poder corrupto.

La mejor forma de expresar que el escritor peruano no ha sido un aprovechado de la sociedad que tuvo la oportunidad fallida de cambiar, es esta novela donde se hace una dura crítica al dictador Trujillo.

En ella, el escritor planea con un lenguaje esmerado y pulcro, la historia de un hombre cuyo perfil nos deja en páginas como ésta:

Se puso de pie ya calzado. Un estadista no se arrepiente de sus decisiones. Él no se había arrepentido jamás de nada. A ese par de obispos los echaría vivos a los tiburones.

 La superstición también está presente en Trujillo, uno de los dictadores más sanguinarios de la república dominicana, tanto fue así que fue el responsable del asesinato de miles de haitianos. Vargas Llosa, al crear el personaje, sabe del furor anticomunista del dictador, que mejoró la economía y restauró el orden público, pero a través de la sangre. La crítica mordaz que hace en la novela debería bastar para olvidar la idea de la defensa, por parte del escritor peruano, de ideas radicales y conservadoras, cuando la figura de Trujillo es puesta en la picota por el ilustre peruano.

Esa superstición le lleva al dictador a entrar en su despacho a las cinco en punto, ni antes ni después, porque podría ocurrirle algo malo. El Chivo, ese mote perverso que el dictador tiene, con esa imagen de hombre que vampiriza al pueblo, que lo somete hasta la barbarie.

Los intentos de matar a Trujillo se cuentan en la novela, pero hay una figura que me gusta mucho, Minerva, esa joven que defiende las ideas, clara metáfora del espíritu liberal del escritor que, pese a creer en un mundo ordenado, odia la dictadura que preconiza Trujillo. Vargas Llosa la describe así:

Era, además, bellísima, con esos cabellos y ojos tan negros, esas facciones finas, esa nariz y boca tan bien delineadas y la blanquísima dentadura que contrastaba con lo azulado de su tez.

Hay otros personajes (Salvador, Antonio, Pedro), pero todo planea sobre el dictador. También las acciones nos recuerdan al cine, lo que nos invita a pensar que Vargas Llosa ha sido un gran cinéfilo. Los momentos en que el grupo planea el atentado son portentosas:

Antonio Imbert, aferrado al volante, de manera calmada, con largas chupadas de aire; rápido, de modo acezante, Antonio de la Maza, que no desviaba los ojos de la carretera; y, a su lado, la acompasada y profunda respiración de Amadito, su cara vuelta también hacia Ciudad Trujillo.

Para no extenderme más sobre la novela, cabe decir que el escritor peruano compone un puzle donde se vive la opresión de un país, donde se palpa lo clandestino y donde pervive la violencia, ésa que ha generado tanta injusticia en su amada Hispanoamérica.

Si en el final de la novela, todo es muerte (los asesinatos de Johnny Abbes y de toda su familia), la historia del país es la de un pueblo fuerte herido por la locura de la fiesta de los chivos, ésos que envenenan la América Latina y que aún perviven para vergüenza de un pueblo que merece un destino mejor.

Como bien le contó a J.J. Armas Marcelo el escritor Jorge Edwards, Vargas Llosa o Varguitas, era concienzudo, defendía sus posturas, como si en ellas se le fuese el alma.

Si el escritor peruano soñó un día con ser Flaubert (nos preguntamos cómo hubiera sido en la pluma de Vargas Llosa Madame Bovary, me imagino que una mujer envuelta en el aroma de la tierra americana, con el erotismo en la piel, soñando con la literatura, mientras la Naturaleza le hacía el amor con furor y melancolía a la vez), ahora somos otros los que soñamos con llegar a ese talento, a ese don del lenguaje que la Academia Sueca supo, por fin, reconocer.

Cuando lea a los clásicos, de nuevo, en su casa de Nueva York o en cualquier otra parte, en ese íntimo diálogo con el mundo, Vargas Llosa sabrá que ya es historia y que ha encontrado un lugar al lado de aquellos que le marcaron el camino por la senda de la literatura, la que, él, tan sabiamente, ha sabido transitar.

Hace un año que se fue Varguitas, uno de los grandes de la literatura en lengua castellana. Un escritor sabio que ya es inmortal.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

El cosmos felicitario
El cosmos felicitario

Todo se va en querer, en desear y proyectar, en preferir. Todo se implica en el querer permanente y sostenido…

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico
Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Hace mucho tiempo que me apasiona el periodo helenístico, especialmente «El Tardío». Es mucho más que una fase de transición…

EL ECO Y SU SOMBRA / 5 apuntes sobre la memoria
EL ECO Y SU SOMBRA / 5 apuntes sobre la memoria

1 Hay bonitas melodías que cuentan cosas terribles. Lo leí en una entrevista a Tom Waits, pero lo podía haber…