abril de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / Cierre de ‘Gigante’: teatro sin concesiones hasta el último minuto

¡Mis queridos palomiteros!

¡Atención todo el mundo porque el Teatro Bellas Artesde cuyas actividades informamos a menudo— echa hoy el resto: ¡es la última función de Gigante! Estamos ante el adiós definitivo a una de las propuestas más valientes de la temporada. Entrar a verla es, desde el primer segundo, sentir que la cosa está que arde en el escenario y que no te va a dejar indiferente. La pureza del texto del autor británico Mark Rosenblatt va directo al grano y se mete sin miedo en líos tan actuales como la libertad de expresión, los linchamientos públicos y esos límites de lo que se puede o no decir.

La obra —basada en hechos reales— nos sitúa en los últimos años de Roald Dahl, cuando una polémica pública pone en cuestión su figura y su legado, obligándole a enfrentarse —sin filtros— a sus propias palabras y a quienes le rodean.

A nuestro protagonista le da vida el maestro de maestros José María Pou, que hace un muy exigente trabajo con tan excelente acabado que no parece de este mundo. Se marca un personaje con muchísimas aristas, clavando ese punto exacto entre el hombre rudo que no se achanta ante nadie y la fragilidad de quien se sabe al final del camino. En su mirada se nota perfectamente esa pelea entre su extraordinaria mente y una cabezonería que le impide pedir perdón, aguantando el pulso de la obra de principio a fin. A Pou le basta con un control total de los silencios para que entiendas perfectamente lo que le pasa por su cabeza.

Por su lado, Josep Maria Mestres, el director, huye de cualquier tipo de adorno y prefiere que sea el choque de ideas quien domine la escena. No hay trucos de director que valgan: aquí lo que importa es la palabra desnuda y que el espectador sienta el peso de cada frase. Colabora al éxito del montaje el reparto, con Victoria Pagès, Pep Planas, Clàudia Benito, Aida Llop y Jep Barceló, que está muy a la altura del reto. Se nota que hay mucho oficio detrás porque logran que sus personajes no se queden a la sombra de Dahl; le dan réplica con una seguridad que hace que el conflicto se sienta equilibrado y real.

Hoy, tras más de dos meses triunfando en Madrid bajo la dirección de Jesús Cimarro, esta producción del Teatre Romea se despide. Gigante no es solo para pasar la tarde; es de esas obras que te lanzan preguntas directas a la cara y que te llevas a casa rumiando. ¡Ha sido una experiencia increíble, teatro de verdad que hoy termina en lo más alto, cerrando con broche de oro una etapa que vamos a recordar durante mucho tiempo!

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